Un capitulo de gran orgullo personal dentro de  mi carrera periodística 

  Por Luis Felipe Marsáns  

    La noche era extremadamente cálida. En pleno verano de Miami, y en los predios del Consulado de España, una muchedumbre de celebridades  que se congre gaba alrededor de Plácido Domingo --vestidos los hombres de saco y corbata; y con elegantes trajes de noche, las damas--; contribuía a que el sudor y algunos mosquitos echaran a perder un poco lo que, de otra manera, era algo sumamente agradable. Pero la ausencia del aire acondicionado –ya que la reunión era en los jardines de la mansión--, acrecentaba más los deseos de marcharse, en lugar de esperar por una entrevista que no parecía llegar.   El gran tenor estaba allí para recibir una condecoración del Rey Juan Carlos –entregada por el Embajador de turno--, y luego decir las  consabidas palabras de agradecimiento, dentro del regocijo de la  celebración por  la Semana de la Herencia Hispánica del Condado de Dade; y atender a los reporteros que irían a hacerle preguntas, especialmente, los de la televisión, que son quienes lo hacen posible más rápidamente en esta era moderna del periodismo, que lleva la imagen a los hogares inmediatamente y a todo color.

Yo, que a  la sazón había entrevistado un montón de veces al gran tenor español, me sentía con toda la confianza de acercarme a él –grabadora en mano— para hacerle unas preguntas. Pero, por lo mismo, Plácido tenía la confianza necesaria para  hacerme esperar en todas las veces que traté de hablarle, particularmente en la última,  que provocó en mí una especie de ira controlada,  que me hizo virarme de espalda y salir caminando hacia la salida, sin siquiera despedirme de nadie.   A la mañana siguiente, cuando ya estaba en el periódico (la gente suele decir en la redacción), me advierten que Placido Domingo, el mismo de la noche anterior, ofrecería una conferencia de prensa “nacional”, en un hotel cuyo nombre no recuerdo, en Miami Beach, a donde me llevó mi automóvil, a toda máquina. Allí, en un gran salón de esos que se usan para ocasiones extraordinaria, había una multitud de  reporteros y camarógrafos, no sólo de los distintos medios de Miami y de las cadenas nacionales de Estados Unidos, sino también del extranjero, de lo cual pude percatarme, cuando se anunciaban  para hacer sus preguntas. Mi mayor sorpresa, sin embargo, comenzó cuando me ubicaron en una de las filas delanteras, junto al pasillo, para que tuviera acceso a un micrófono que llevaba alguien de un lado a otro del salón.

Qué le preguntaría no era algo que me preocupaba, pues siempre he tenido facilidad para crear la interrogación oportuna cuando he entrevistado a alguien de rango; pero sí debo confesar que hasta ese momento, no sabía la atención que iba a recibir del gran tenor, pensando en el incidente de la noche anterior.   Por fin pude saberlo, muy gratamente, cuando Plácido Domingo entró en la escena, rodeado de algunas personas que corroboraban su importancia, y comenzó a recorrer el salón con una mirada acuciosa, como en busca de alguien. Pasaron solamente unos segundos  cuando sus ojos se tropezaron conmigo al tiempo que hacía un gesto de agrado y movía su mano derecha,  mientras que comenzó a decir ante todo el mundo: “venía pensando si usted estaría aquí, pues anoche, cada vez que íbamos a hablar, la gente no nos dejaba, y cuando ya salí a buscarlo, usted se había ido, por lo que le pido disculpas”. 

 Tras un intercambio de palabras entre ambos, lo demás fue el trabajo de rutina del periodista  que interroga, y el de escuchar a los colegas que, por su parte, realizaban igualmente su misión, en el idioma del país del que procedían. Esta grata reflexión que os cuento aquí, borró totalmente mi molestia por lo de la noche anterior, y me hizo sentir nuevamente que el periodismo, practicado en un país libre, rodeado del mayor respeto de parte y parte, es la carrera más enorgullecedora a que un letrado puede entregarse.  Y como demostración de todo lo ocurrido aquella mañana con Plácido Domingo, me remitiré a un comentario del Maestro Alfredo Munar  --sobresaliente director de orquesta, arreglista y compositor nacido en Cuba--,  quien cuando nos despedimos, me dijo: “¡Te robaste el show!”. 

En una ocasión anterior (probablemente a mediados de la década de 1980), fue tomada esta foto, en la que aparecen, junto a Plácido Domingo (izquierda), el periodista Luis Felipe Marsáns, y su señora esposa, Concepción Juan de Marsáns.

 

 Opiniones de Leonard Bernstein en entrevista que le hice  en Miami --poco antes de morir--, cuando el "revival" de west side story

  Por Luis Felipe Marsáns

Uno de los nombres más importantes en la historia de la música clásica de todos los tiempos, como director y compositor, ha sido, sin dudas, el maestro Leonard Bernstein. En el pódium, lo demostró siempre interpretando con elegancia y maestría --además de  impresionante sensibilidad y carisma personal--, cuanta obra condujo, haciendo siempre sonar la orquesta de una manera increíble, tanto como cuando tocaba los conciertos de piano, que era su  instrumento propio como solista.

De las dos experiencias tuve el placentero honor de ser testigo. Y en el pentagrama, Bernstein dejo plasmadas numerosas obras de calibre, que incluían algunas para ensambles de cámara y sinfonías de gran profundidad y manejo de las posibilidades de la orquesta moderna. Sin embargo, en el campo de la composición, sus obras para el teatro, le dieron, como suelen decir “una exposición” mayor como compositor, especialmente la de “On the Town”, y más aún, la de “West Side Story”, una especie de “Romeo y Julieta”, enclavada en el Siglo XX, apelando a ritmos, melodías y piezas de ballet modernos.

El gran director y compositor Leonard Bernstein (izquierda), cuando era entrevistado en Miami por Luis Felipe Marsáns, en ocasión del estreno de una nueva producción de "West Side Story", obra de la que es  su música. No mucho después, el gran músico, que dirigió las principales orquestas del mundo, y estuvo por mucho tiempo al frente de la Filarmónica de Nueva York, falleció.

En 1978, cuando el fausto acontecimiento de estrenar en el “Theater for the Performing Arts”, de Miami Beach, una  nueva serie de presentaciones de “West Side Story” con artistas jóvenes trajo a Miami a Leonard, bajo los auspicios del empresario Zev Buffman;  tuve el privilegio de entrevistar a este  músico excepcional, no fácil de convencer para ello, precisamente por lo mucho que había pasado por esa experiencia. “¡Acabo de ser entrevistado por la C.B.S.!”, me dijo. Pero la palabra mágica de su concesión fue que yo escribía para un periódico periódico (Diario Las Américas)  que leían los cubanos e hispanos en general, lo que luego dio lugar al diálogo, uno a uno, tal como lo reproduzco a continuación en este artículo antológico, a beneficio de las nuevas generaciones, y de mi orgullo propio.  

  De entrada, el maestro afirmó que la actuación general “es fantástica”, aunque admitiendo que el empleo  de jóvenes artistas “tiene ciertas cosas de carácter técnico que deben ser corregidas; pero el trabajo del elenco es de una calidad excelente”. Y Proseguía diciendo: “Ellos son realmente menos profesionales que el elenco original de la obra, formado por artistas mayores en edad, en 1958; pero eso da por resultado que, siendo realmente jóvenes, suenan, lucen y actúan como tales”.

 “Es difícil encontrar el talento adecuado para llenar los papeles de una obra como ésta, porque si aparecen los artistas que están dentro de las edades que deben tener, ellos no tienen el entrenamiento necesario como cantantes o actores profesionales en actuación y canto, entonces son ya personas mayores, a las que hay que hacer lucir jóvenes con el maquillaje, y ésto no es muy convincente”, expresó Leonard Bernstein, al comienzo de aquella entrevista. Bernstein agregó que la cuestión radicó en usar gente que estuvieran en el nivel medio, dentro de  una edad juvenil, pero que, al mismo tiempo, “tuvieran entrenamiento (suficiente) “para cantar una partitura difícil, bailar de la manera que se requiere y realizar una actuación intensa”. Siguiendo su  exposición sobre lo que creía de esta nueva producción de entonces de “West Side Story”, Leonard Bernstein me dijo que “hemos triunfado al encontrar a este grupo de artistas”...(pues)

“La actuación de Jossie De Guzmán, en el  papel de María, es algo así  como un sueño; y de igual manera podría calificarse la de Debbie Allen, como Anita; de Ken Marshall, como Tony y Héctor Jaime Mercado, como Bernardo, así como el resto de los muchachos, ya que todos estuvieron maravillosos”. Leonard Bernstein nació en Lawrence, Massachussets, en 1918. Después de graduarse en la Universidad de Harvard, Bernstein comenzó a estudiar dirección orquestal con Fritz Reiner y Sergei Kouszevitzky, hasta llegar a ser Director Asistente de la “Orquesta Filarmónica de New York”, que conducía entonces el gran director alemán Bruno Walter. 

En 1943, Bernstein subió al pódium de la orquesta neoyorquina para sustituir a Walter, que se había indispuesto para el concierto de ese día. La incidencia que impidió a Walter la citada aparición,  se convirtió en un factor extraordinario en la carrera de Leonard Bernstein: su dinámica dirección orquestal conmovió tanto a la audiencia, que desde entonces, él comenzó a ganar la fama que luego lo colmó de gloria, primero asistiendo a Dimitri Mitropoulos, y más tarde, como director en propiedad  de la Filarmónica de Nueva York, a partir de 1958.

Y sus conciertos grabaciones habrían de multiplicarse a lo largo de muchos años. Entre el resto de las composiciones de Bersntein están varias piezas cantadas  y de cámara; el ballet “Fancy Free”, de 1944; las sinfonías  Jeremiah, La Era de la Ansiedad, y Kaddish, y las partituras de obras de teatro  musical, como son Wonderful Town y Candide, de la que es famosa y muy tocada en conciertos su obertura.

Pero una obra de gran envergadura, escrita en 1971 fue su famosa Misa, pieza teatral en la que intervienen cantantes y un coro. Pero pese a ser autor de composiciones sinfónicas, Leonard Bernstein entendía, cuando fue hecha esta entrevista, que éste es un género que pertenece al pasado: “La gran era del crecimiento y desarrollo de la sinfonía estuvo entre Mozart y Mahler –dijo--, y después se ha ido a una decadencia”, Ampliando este concepto, él afirmó: “Creo que desde que terminó la Segunda Guerra Mundial,  en 1945, la música sinfónica tocó a su fin, porque nadie escribe ya sinfonías, y si lo hace, no son obras muy buenas”.

Cuando le pregunté acerca de su opinión sobre el cubanoamericano Aurelio de la Vega, cuyo “Adios”, para orquesta, había obtenido por esos días un premio del “Kennedy Center”, Bernstein coincidió con otros en el sentido de que “su música es un poco intelectual, pero muy buena”. Ahondando en el tema, Bernstein aclaró que “la música que se escribe en la actualidad no se ajusta al patrón de lo que es una sinfonía, sino más bien son obras vanguardistas o de teatro”.

 Debbie Allen (izquierda) y Jossie De Guzmán, quienes escenificaron en la producción de "West Side Story" a que nos referimos, los papeles de Anita y María, respectivamente, también fueron entrevistadas entonces por Luis Felipe Marsáns, según se observa en esta fotografía.

Sin embargo, el compositor de “West Side  Story” creía que “estábamos cerca de un renacimiento musical en América a través del teatro lírico: “Se trata de algo que ni siquiera existe, pero que será la mayor contribución a lo que queda de siglo (XX)”. Y tras un instante de meditación, expresó enfáticamente: “la ópera americana”.

El recordó seguidamente que  “hace 25 años, “West Side Story fue un primer paso hacia ese propósito”; y agregó: “Mi Misa va todavía más allá en pos de ese logro”. Bernstein  también dijo que la producción lírica de Stephen Sondheim (su compañero de trabajo en West Side Story), “sería un factor importante  para el desarrollo de la ópera americana”. Tras referirse a sus últimos logros como director invitados de las mayores orquestas sinfónicas y filarmónica de todo el mundo, Bernstein dijo entonces durante esta entrevista que “es difícil de precisar cual ha sido el momento de mayor importancia (de toda su vida), “porque siempre recordamos lo más reciente”.

“Me parece que mis experiencias musicales supremas han sido conduciendo óperas y conciertos en Viena, pero ahora vengo a Miami para escuchar y ver esta nueva versión de West Side Story, y de pronto creo también que es mi suprema experiencia musical”. De pronto me sorprendió con una frase en español: “¡Esto es la vida!”.

El ángulo personal de Leonardo Bernstein es tan interesante como el musical. Casado durante casi 30 años con la chilena Felicia Montealegre, Bernstein procreó tres hijos que han sido producto del crisol de dos culturas. El mismo dijo en esta ocasión: “Los tres son maravillosos”. Y cuando le pregunté si hablaba en español con regularidad, Bernstein replicó sin vacilaciones:

“Claro, en mi casa se habla castellano constantemente”. Y su sensibilidad, que se revela en cada uno de sus movimientos y actitudes frente a la orquesta, batuta en mano, pone el más profundo de los patetismos en la frase cuando habla de la muerte de la esposa. Sombrío y triste, Leonard Bernstein musitó: “Fue una verdadera tragedia”. Bernstein, quien visitó Cuba en tres oportunidades “antes de que llegara Castro”, comentó que tiene muchos amigos cubanos en Miami, y, humildemente, mencionó entre ellos a Ramiro, Luis, Ramón y Estrella; los empleados del Hotel Doral, donde se hospedaba.

Y agregó: “Hablando con ellos, he aprendido como eran las cosas en Cuba y como son ahora”, agregó. Pasando al tema específico de la música clásica en esta ciudad, Leonard Berstein me dijo que “Miami llegará a convertirse en un verdadero centro cultural, y el elemento hispano  está siendo un factor importante en ese proceso, pues ellos son gente de mucho talento”. 

Un último tema trae a colación una famosa anécdota de la carrera de Bernstein. La pregunta –habitual en mis entrevistas con directores orquestales— se refiere a quien debe tener la última palabra en un concierto, si el director o el solista. Después de exclamar “esa pregunta es muy difícil de contestar”, Bernstein medita y responde conclusivamente: “Creo que debe haber una colaboración entre uno y otro ... Es decir que si durante la producción de West Side Story –por citar un ejemplo— alguno de nosotros tenemos una discrepancia, discutimos nuestras opiniones de una manera civilizada, hasta llegar a un punto medio que satisfaga a todas las partes... Y en el concierto es igual”.

Pero como que fue Bernstein, precisamente, quien manifestó públicamente su desacuerdo con el renombrado pianista Glenn Gould, durante un concierto que tuvo lugar en Nueva York, alrededor de 1960; una nueva pregunta emerge sobre ese hecho, y he aquí –quien sabe si por primera vez— como se produjo el incidente”.

“Glenn Gould –dijo Bernstein—arribó con una concepción totalmente nueva  del primer concierto de Brahms, en el que cada movimiento era tan lento como un adagio; y aunque yo no estuve nada de acuerdo, llevé la orquesta de la manera que él quería en el ensayo, e hice lo posible por ajustarme a sus ideas... Pero en  el último ensayo, yo no me sentía convencido y creía que todo estaba completamente equivocado”. 

 “Entonces –agregó el gran director— le pregunté a Gould si él aceptaría que yo le dijera a la audiencia antes de la ejecución, que nosotros estábamos en desacuerdo, pero que yo dirigiría de la manera que él deseaba, como una cortesía”. Y prosiguió el relato de Bernstein diciendo casi con euforia: “A Gould le gustó la idea y hasta dijo que era muy excitante , pues la audiencia se interesaría más en escuchar en concierto...”

Pero de la manera que Harold Schoenberg lo publicó en el New York Times, hizo que la gente pensara que yo me había tomado la atribución de hablarle al público que llenaba  la sala, sin el consentimiento de Gould; y el asunto se convirtió en una historia terrible, cuando la realidad fue que no solamente yo tenía la aprobación de Glenn Gould, dijo también su más vigoroso respaldo;  y el hecho hizo de la velada un acontecimiento muy interesante, ya que mientras que algunos espectadores expresaron manifestaciones de desagrado, otros aplaudieron la idea ...

Y el asunto pasó a la historia de los conciertos muy famosos”, terminó diciendo Leonard Bernstein en la entrevista que le hice en Miami. Tras continuar una carrera acelerada en su nativo país, los Estados Unidos de América, y como director invitado de las principales orquestas de todo el mundo (además de hacer grabaciones hasta en DVD, que incluyeron el Réquiem de Verdi, con la Sinfónica de Londres; el Réquiem de Berlios, con la Orquesta de París; la Novena Sinfonía (Coral) de Beethoven; y sus propias sinfonías y Salmos, con la empresa Kultur), Leonar Berstein murió súbitamente el 14 de octubre de 1980, una semana exacta después de que se anunciara su retiro por razones de una salud quebrantada por la constante dedicación a su trabajo. 

  © Luis Felipe Marsáns. (Revisión del 2008- Todos los Derechos Reservados).

 

 Naxos nos trae la música de los Siglos  XX y XXI y la del romanticismo también  

Por Luis Felipe Marsáns  

 “Naxos Of Américas” está logrando con su labor paralela de distribuir junto a sus producciones propias  las nuevas realizaciones  de otras compañías disqueras, un vasto enriquecimiento del mercado de la música grabada, al mismo tiempo que da a conocer la obra de compositores relativamente nuevos que no son muy conocidos, y mantiene la de los clásicos y románticos, interpretados por  solistas y directores que emergen en estas últimas décadas, para el reconocimiento de las grandes obras de los creadores del pentagrama clásico, y el deleite de quienes  nacieron dotados para entender este grandioso arte.  

 En mis más recientes escritos sobre el fenómeno de la música nueva –que ha emergido desde finales del Siglo XX y principios del actual Siglo XXI--, he  tenido la oportunidad de poner a la disposición del público diletante, el encanto de algunas obras como “El Canto de la Tierra y el Cielo” (Chants de Tere et de Ciel), de Olivier Messiaen (fallecido en 1992), en un volumen ATMA Clásico, en el que se destacan por su valor interpretativo la soprano Suzie Leblanc; el tenor Lawrence Wiliford; Laura Andriani, en el violín y el violonchelo (alternativamente); y Roberet Kortgaard, en el piano. 

 

 Así también, un compacto de la  misma  compañía nos trae selecciones de Bélla Bártok, con ejecuciones dignas de todos los elogios, a cargo de Los Violines “Du Roy”, bajo la dirección de Jean-Marie Zertouni, que agrupa el Divertimento 113, “Música para Cuerdas,  Persucion y Celesta”, y  Cinco Danzas Rumanas, orquestadas por Jean-Marie Zeitouno, e interpretadas todas por la Sinfónica de Quebec.

   Pero hoy no puedo sustraerme a comentar un disco "Dellos" que rinde el mayor tributo de virtuosismo interpretativo a tres obras inmortales del Romanticismo, bajo el título de Amantes Trágicos,  con números ejecutatados por la Orquesta Sinfónica de Oregon, bajo la batuta del mestro James De Preist.  El volumen agrupa el Preludio de Muerte de Amor, de Tristan e Isolde, la “Escena de Amor de Romeo y Julieta”, de Berlioz y el inconmensurable “Romeo Julieta”, la Obertura Fantasía, de Pedro Tchiakovsky.  

 Realmente, tenemos aquí un grupo de orquesta tradicionalmente conocidas como las mejores del país (Nueva York, Chicago y Filadelfia, entre otras), pero lo emocionante es descubrir cuántas otras de excelente calidad elevan el  índice musical de la Unión Americana, como tuve la oportunidad de apreciar en mi última visita al Estado de  Washington, donde asistí a dos conciertos de la Sinfónica de Seattle.

Por otra parte, recogiendo las interpretaciones de la “Gala Operistica” (35 Aniversario), "Dellos" lanza un compacto con arias de gustadas óperas y canciones clásicas de Leon Cavallo, Cilea, Rachmaninov, Borodin, Tchaikovsky, Lilla-Lobos, Rimsky-Korsakov, Verdi, Handel, Arensky  y Puccini, interpretadas, con el acompañamiento de orquestas de primer orden, por un número de los mejores solistas de esta época (cuyas efigies ilustran la carátula, que reproducimos), como son Hvorostovsky, Podles, Domashenko, Shtoda, Guyacova, Gleming, Auger, Palvlovskaya, Marc, Grivnov y Gerelo.

 

Cubiertas de los DVD's a que hago referencia, el primero con la Sinfonía No.3 de Mahler; y el otro contentivo de una espléndida interpretación de la ópera "La Traviata", de Verdi".

 El piano ocupa un lugar prominente también en estas últimas realizaciones. En una producción de la firma “Chandos”, de Inglaterra, Jean-Efflam Bavouzet, interpreta deliciosamente un álbum (tercerdo de la serie) con música de Claudio Debussy, incluyendo su “Claro de Luna” y “Reverie”, entre otras 21 piezas excepcionales; y la joven Tonya Lemoh –-una revelación del teclado--  ocupa otro volumen de “Chandos” tocando, de Joseph Marx, “Seis piezas para piano” (de 1916);  Carneval, Canzone y otras más,  con igual maestría.  

  La ópera, por supuesto, no podía quedar fuera de este recuento, mucho menos cuando se trata de “La Traviatta” –que será interpretada próximamente en Miami. En esta producción del Teatro alla Scala, grabada en DVD por ART-HAUS MUSIK; la soprano Angela Gheorghiu, encarna extraordinariamente el papel de Violeta, junto al tenor Ramón Vargas, como Alfredo; secundados por un elenco de primer orden, y la Orquesta y Coro del Teatro  alla Scala, bajo la dirección de Lorin Maazel,  Liliana Gavani, en la escena; y Bruno Cassoni, como Maestro de Coro; dentro de la coreografía de Mich van Hoecke para el  ballet de la compañía. Y valga citar para el público de habla  hispana, que la producción viene equipada con subtítulos en Castellano. 

  El “Festival de Lucerna”, por otra parte, ha sido un marco propicio para grabar por Meddici Art en DVD una interpretación grandiosa, de sonido espectacular (montados ya en el 2007) de la Sinfonía No. 3 de Gustavo Mahler, estando Claudio Abbado en el pódium de la citada orquesta, con la contribución  de la Contralto Anna Larsson, como solista, y el acompañamiento  del Coro de Voces Femeninas  Arnold Schoenberg, del que es  Tolzer Knabenchor, Maestro de Coro.  

 Mejora el sonido en los discos compactos de música clásica 

 Por Luis Felipe Marsáns

A la vuelta de 1980, parecía que el sonido digital de los discos “compactos” de música clásica, represenaban la culminación dentro de la tecnología de reproducción musical; pero el avance de esa misma tecnología ha llegado a un punto incredible en cuanto  a la intensidad y la fidelidad original del enlace entre las voces de los instrumentos, sobre todo cuando ellos se asocian en la consonancia orquestal, haciéndose sonar con  incredible  calidad y perfección  --valga reconocer también--, gracias a la maestría de quienes los interpretan. 

  Durante estos los ultimos más de 25 años, es cierto que he tenido la oportunbidad de   escuchar en equipos de la más refinada tecnología sonora todo esto que estoy comentando, y de ver y oir como la alta definicion de la imagen y las grabaciones de 5.1 en el sonido nuevo –proveniente de seis puntos distintos— puede situarlo a uno con un poco de imaginacion,  dentro del ambito de una sala de conciertos, con la contribución de una pantalla, en la que se observa la orquesta sinfónica con su director y solistas.

Pero todavía cuando quiero oír música solamente, sin tener que sentarme frente por frente a estos equipos modernos, como ellos requieren;--, sigo haciéndolo en mi “Pioner” japones (tanto el tocador del CD como el amplificados solamente estereo de dos salidas), me doy cuenta que en estos mismos  años transcuridos, la fidelidad de sonido y separación de los instrumentos, es lo que ha realmente engrandecido este proceso revolucionario, como en el caso –por citar un ejemplo solamente-- de la Sinfonia  del Nuevo Mundo, de Dvorack, lanzado unos hace unos días por la etiqueta naive. 

Probablemente la obra cumbre del compositor bohemio, Antronin Dvorak, escrita tras su visita al “Nuevo Mundo” (valga decir América), que le da nombre a la obra, la pieza suena aquí espectacularmente no ya como, uno suele decir, por su sonio grande, sino por la sensibidlidad, belleza  o perfeccion en las voces instrumentales, especialmente de la madera, a cargo de “La Chambre Philharmoniqee”, bajo la batuta e Emmanuel Krivine, quien utilizó --en beneficio de lo anteriormente expuesto-- los instrumentos originales de la época --muy sensible en el Largo del tercer movimiento--; y exuberante expresivo en el Allegro con fuoco, del final.

 La grabación incluye también una emotive pieza de Robert Schumann,  que es poco escuchada, al menos en las salas de concierto: Konzertstuck, con la melancolía propia de su música --tierna y melódica--, pero igualmente rimbombante en pasajes que evocan a unande sus sinfonías más emocionantes. (La matrícula del álbum es V5132)    La etiqueta “naíve” es una de las que distribuye en Estados Unidos y Canadá la firma “Naxos of America”, que, por su parte, nos presenta otras muchas realizaciones en su propia etiqueta, a citar el Concierto No. 2, la Sinfonia No.63, “Loon Lake” y  “Fanfare for the New Atlantis”, de Ala Hovhaness –uno de los compositors mas prolíferos del SigloXX--, bajo la interpretación de Javier Calderón, en la guitarra solista, y la “Royal Scottish National Orchestra”, dirigida por Stewart Robertson.(8.559336 ).

Asimismo Naxos les trae a los amantes del gran copositor norteamericano Aaron  Copland, su Concierto para piano, ejecutado por Benjamin Pasternack,  como solista; la Suite de Tierra Tierna y el segundo volumen de Canciones Americanas, con St Charles Singers y la “Elgin Symphony Ochestra”, bajo la batuta de Robert Ha

 Maravillosos conciertos de la Orquesta Sinfónica de Seattle, en el Estado de Washington 

   Por Luis Felipe Marsáns 

  En esta fecha del año, la nueva temporada de la Sinfónica de Seattle  debe estar en pleno curso;  pero en el mes de  junio, cuando estuve de vacaciones en esa espléndida ciudad del noroeste estadounidense, en el Estado de Washington; tuve la gran oportunidad de asistir a dos de sus presentaciones, tan magistrales como emotivas, tanto por su repertorio, como por la calidad excepcional en las  ejecuciones, en el rango de los mejores ensamble de conciertos de nuestro país y de Europa.  

  Tocando en su propia sala de conciertos –Benaroya Hall--, y bajo la batuta del   maestro Gerard Schwarz, la Sinfónica de Seattle  ofreció una sensible velada a la que asistí, estando como solista el joven maestro Josué Roman, quien interpretó el “Schelomo” (“Rapsodia hebrea para violonchelo y Orquesta”), de Ernest Bloch, compositor de refinado estilo y profundidad de sentimientos, nacido en Ginebra, Suiza; y fallecido en 1959, en Pórtland, Estado estadounidense de Oregón.

  

El autor, Luis Felipe Marsáns, junto a su esposa, Concepción Marsáns, en la entrada del Benaroya Hall, de Seattle, Estado de Washington.

 Roman, que hasta esa temporada había sido el primer violonchelista de la orquesta, se entregará en lo sucesivo al mundo de la música clásica como solista de conciertos, impulsado por su deseo de hacer una carrera de este tipo y avalado por un extraordinario talento, rayano en el virtuosismo, a pesar de su juventud. La noche de este concierto, que fue el primero de cuatro con similar repertorio, Joshua Roman hizo gala de su gran sensibilidad, dominio instrumental en la afinación y, sobre todo, una singular suavidad en la entonación de los emotivos pasajes melódicos.

      Pero eso no fue todo lo emocionante –conmovedor— de la ejecución del Schelomo que nos ofreció esta noche la Sinfónica de Seattle: el acompañamiento del maestro Schwarz,  al frente de semejante orquesta fue algo más que especial  --grandioso-- en la entonación del tema principal de la obra, capaz de traer lágrimas a los ojos de los integrantes de la audiencia, quienes al final, supieron tributarle, al igual que al solista, una grande y  merecida ovación.

   El programa, que comenzó con el “Concierto para música de cuerdas y metales”, del alemán Paul Hindemith” --resonante en una sala de conciertos de extrema belleza arquitectónica y  extraordinaria acústica--, tuvo un glorioso final con la “Sinfonía en Re menor”, de César Franck,  compositor nacido en Bélgica, para luego convertirse en uno de los grandes de Francia, en cuya capital, París, murió en 1890.  

 La otra interpretación a que me refiero de la Seattle Symphony, en el Benaroya Hall, fue la de la partitura de Sergey Prokofiev (en forma de cantata), que acompaña   la película silente Alexander Nevsky, de Sergey Elsenstein, concebida en 1938. La presentación estuvo vinculada al “Festival del Cine de Seattle”, que tenía lugar allí por esos días.

 La película fue proyectada en una pantalla gigante, colocada en la parte alta del escenario, y la orquesta fue conducida en este caso por la profesora Xian Zhang (María Larionoff fue la concertina); con la colaboración de la mezo-soprano Kathryn Weld,  y de la propia “Coral de la Seattle Symphony”, bajo la producción general de John Goberman, altamente conocido por haber sido el creador de la serie “Live from the Lincoln Center”. 

  Xian Zhang, quien nació en Pekín, China, y ha sido Directora Asociada de la Sinfónica de Seattle, se lució mucho en su actuación al frente de la orquesta, por la forma en que hizo sonar sus diferentes secciones, y, particularmente, por su perfecta sincronización de la música con las situaciones en las escenas de la película.

Edificio del Benaroya Hall, hogar de la Orquesta Sinfónica de Seattle, en el Estado de Washington.

 

   Aluvión de nuevas realizaciones en la   etiqueta "Naxos" y sus afiliadas en Estados Unidos y fuera del país

Por Luis Felipe Marsáns

  Un aluvión de nuevas realizaciones en discos compactos y DVDs viene a llenar de alegría a los aficionados y coleccionistas de música clásica, lo mismo de una época que de otra; además de presentarles el inmenso talento de intérpretes de todas partes, que emergen con la maestría y sensibilidad que requiere el grandioso arte de la música culta, sean como solistas, directores o dentro de los integrante de un grupo de cámara u orquestal. 

 Me encanta iniciar este recuento con la directora de orquesta  Marin Alsop, quien tiene a su cargo, en propiedad, el pódium de la “Orquesta Sinfónica de Baltimore”, porque a ella la conocemos por sus actuaciones en Miami (lugar de dóndo escribo), como artista invitada de la antigua Florida Philharmonic, en cuyas apariciones demostró siempre su gran talento y suprema sensibilidad para asimilar el mensaje de los sinfonistas románticos.

 Alsop, quien inició hace algún tiempo un contrato exclusivo para grabar con “Naxos of America”, y que  ha sido objeto anteriormente del reconocimiento de todos por sus magistrales interpretaciones de las cuatro sinfonías de Brahms, entre otros compositores; nos muestra otra vez su enorme talento para  el romanticismo, al interpretar la “Sinfonía del Nuevo Mundo” (número 9) de Antonin Dvorak, imponiéndole una gran pasión a sus pasajes, que resuena admirablemente en la orquesta. (El disco –Naxos 8570714— añade a la obra principal, las Variaciones Sinfónicas, del mismo compositor). 

 “Estoy emocionada de ser parte de esta colaboración entre la Sinfónica de Baltimore y    Naxos of America, debido a que, de esta forma, el trabajo de esta brillante orquesta quedará para siempre en sus discos como un legado, según puede apreciarse en esta realización que recoge la obra más reconocida de Antonin Dvorak”, dijo la directora Alsop. 

 “Naxos of America” también nutre el catálogo de los conciertos de violín al lanzar el disco compacto número 8.578833, contentivos de los números 1 y 2 de Dohnányi, piezas que aún perteneciendo a otra escuela diferente a la de los altamente conocidos del romanticismo, encierran  un placer muy elevado por el uso virtuoso del violín, instrumento soprano de la orquesta, capaz de expresar como solista toda la gama de sentimientos, entre acordes, pizzicatos y bellas melodías.

  En esta grabación intervienen Michael Luwig, en el instrumento solista, acompañado por la “Royal Scotish National Orchestra”, bajo la batuta de JoAnn Falleta. Asimimo, Naxos nos ofrece, en el volumen 8.570529, la Sinfonía de Albert Roussel, además de Pour une féte de printems (1921); y la Suite en Fa, escrita en 1926 por el mismo compositor, e interpretadas en esta ocasión también por la  Royal Scottish Orchestra, conducida por Stéphane Denéve.

  Dos de las obras orquestales más deliciosas del compositor danés Carl Nielsen cobran vida en la reciente realización de Naxos of Americas --con el número de catálogo 8.570737--, dirigidas por el maestro Michael Schonwandt, al frente de la “Danish National Symphony Orchestra”. Se trata de la No. 1, y la número 6,  ésta conocida por el apelativo de  Sinfonía Simple, por sus propias características. 

Vale mencionar, igualmente, tres lanzamientos recientes de la etiqueta “Chandos”  --de manufactura inglesa, pero distribuida en Estados  Unidos por Naxos--, de tres volúmenes de grato contenido y magistral interpretación. El primero de ellos, contentivo de la monumental Sinfonía No. 1 de Rachmaninoff , y el Poema Sinfónico La Isla de la Muerte (acompañada en el disco por la breve Sinfonía de la Juventud), ocupa un lugar prominente en la citada selección, a cargo de la “Orquesta de la BBC Philharminbic”, dirigida por el maestro Gianandrea Nocedal.

 El número de catálogo es CHAN 10475. La ejecución de la primera, es un verdadero logro, sobre todo, en la fanfarria del último movimiento, que suena espectacularmente.  El segundo volumen a que me refiero es el CHAN 10467, que, de otro lado, es el tercero con la música completa de Claudio Debussy para piano, bellamente tocada por Jean-Efflam Bavouzet; y el tercero, con el número CHAN 40461,  nos trae, de Leighton, su grabación premier del “Concierto para Organo y Orquesta”; su “Concierto para Orquesta de Cuerdas”, y la “Sinfonía para Cuerdas”, todas dirigidas por Richard Hickox al frente de la “Orquesta Nacional de la BBC de Gales”. 

 Y como que estábamos hablando antes sobre los conciertos de violín de Dohnányi, me parece oportuno que nos refiramos a un disco compacto doble, donde se recoge, conducidos por el maestro uruguayo José Serebrier --al frente de la “Royal Philharmonic Orchestra”--, los escritos por Franz Clement (en su premier en disco, aunque él murió en 1842—; y el siempre conmovedor de Ludwid van Beethoven. 

 La solista, una joven y  bella artista (cualidades a las que hace honor en su forma de tocar), es Rachel Barton Pine, quien además le impone a las dos piezas sus propias cadenzas. La matrícula del disco es “Cedille CDR 90000 106”.    Por otra parte, y en referencia al principio de este artículo crítico, citaremos entre las grabaciones con imágenes (DVD), la de una película del virtuoso pianista de Estamburgo Fácil Say, titulado “A la Turca”, que es una verdadera joya en la que él muestra, con extraordinaria sensibilidad y talento creativo, su propia música, cuya composición cobró vida a través de la improvisación --cuando era niño--, y la de un innovador coterráneo suyo; así como la talentosa exploración por los predios de Juan Sebastián Bach, y de Ludwid van Beethoven, en su “Sonata Apasionada”. 

 También ofrece el DVD, a manera de bono, la impresión del pianista y compositor sobre la obra de Paganini, tocando una de sus piezas en arreglo propio; tanto como la de Juan Sebastián Bach, que sobresale en una transcripción de Busoni  de su Chacona, para violín sin acompañamiento.

 Esta realización tiene el número de catálogo, 101 443, con una duración de 73 minutos, dentro del concepto del documental.  Asimismo, quien fuera gran compositor y director estadounidense, Leonard Bernstein  --ya fallecido--,  aparece en otro DVD de “Unitel Clásica” conduciendo la Orquesta Sinfónica de Boston, en las Sinfonías Nos. 2 y 4 de Johannes Brahms (2072138). El DVD ha sido  lanzado juntamente por “Naxos” en su propia etiqueta con “La Vedova scaltra”, comedia lírica musical, de gran calidad operística, de Wolf-Ferrari (en tres actos),  que mencionamos más extensamente en el artículo de arriba. Esa grabación fue completada durante el pasado año 2007, por lo que aúna los adelantos más recientes de la técnica de la grabación digital.

No quiero terminar sin dejar constancia de otras de las grabaciones importantes de Unitel, distribuida por "Naxos", en América y Canadá, en un DVD que recoge admirablemente, en imagen y sonido la ejecución de los Cuartetos Nos. 1, 4 y 7 de Beethoven, interpretados bellamente, en su forma más clásica por el "Juilliar String Quartet", integrado por Robert Mann, en el primer violín; Earl Caryss, en el segundo, Samuel Rhodes, en la viola y Joel Krosnick, en el violonchelo.  

 

Recopilación más reciente de los datos biográficos  de Luis Felipe Marsáns

   Luis Felipe Marsáns, Periodista Profesional egresado de la “Escuela Profesional de Periodismo Manuel Márquez Sterling”, de La Habana Cuba”, fue Decano del "Colegio Nacional de Periodistas de Cuba en el Exilio", con sede en Miami, Florida, durante diez años, desde 1997, en que lo eligieron por primera vez, y reelecto  posteriormente en cuatro ocasiones, para fungir hasta el 2007. Al dejar su cargo, en una elección donde no quiso postularse más, por voluntad propia, Marsáns recibió del nuevo Decano --electo en junio del 2007--, Vicente P. Rodríguez, una placa que lo acredita como Decano Advitam, cargo honorífico permanente, dentro de la Junta de Gobierno del Colegio. Anteriormente ocupó los cargos de Diputado, Vicesecretario, Secretario y Vice-Decano, durante un lapso de más de 20 años como miembro de la Junta de Gobierno de esa institución, que agrupa a los periodistas cubanos que dejaron la Isla, tras la revolución comunista de 1959, que segó la libertad de expresion, particularmente en la prensa.    En Estados Unidos, ha sido miembro también de la "Asociación de Críticos de Música Clásica de Norteamérica", con sede en Westfield, New Jersey, en su condición de tal, lo que lo ha situado en tres ocasiones como miembro del Tribunal Calificador de la "Competencia Invitacional de Piano Miami-OEA", celebrada indistintamente en la "Universidad de Miami" y el "Centro Comunitario Manuel Artime”, de la misma ciudad.

En otras actividades similares, fue miembro del jurado de varios Festivales de la O.T.I. en Miami; presidente de las competencias literarias para el premio José Martí, del Colegio de Periodistas; y Presidente en numerosas ocasiones del Tribunal de Artes Plásticas  de la Feria de los Municipios de Cuba en el Exilio, que adjudicaba los premios a artistas exiliados que sometían sus obras originales.   Todo ello, avalado por sus estudios de música con profesores privados, entre los que estuvo la eminente  violinista Emilita Estivill; y de pintura y escultura en la “Escuela Anexa de San Alejandro”, en La Habana; y la Academia Villate, de Artes Plásticas, en la Víbora, Cuba.
 En  la Escuela Profesional de Periodismo “Manuel Márquez Sterling", Marsáns cursó cuatro años de estudios en la carrera de “Periodista Profesional”, que comprendía  las asignaturas de Redacción y Reportaje (cuatro cursos en cada una), Historia del Arte, Español, Literatura Universal e Hispanoamericana; Tipografía y Estética, "Historia antigua, media y contemporánea", Geografía Universal, Teoría General del Estado, Economía, y Radioperiodismo. (1957 -1962).

Periodista especializado en reportajes y entrevistas, Luis Felipe Marsáns ha sido Jefe de Redacción de la revista mensual "Crítica", en La Habana, Cuba, 1957-61; y Subdirector y editorialista de la revista mensual "Índice", de la misma capital cubana (1957-59). Además, entrevistador político, y de artes y drama, y crítico de arte y música clasíca. Redactor de los noticieros de radio y televisión de C. M. Q., y de Radio Reloj, en La Habana, Cuba. (1960-62); y, en la RHC Cadena Azul, de Miami (1982).

En “Diario Las Américas”, de Miami, Marsáns trabajó durante 30 años (1975-2005), como redactor, reportero, editor y columnista , así como crítico de arte y de música clásica, en la sección "Arte, Música y Cultura". También fue redactor de temas generales, con especial dedicación a la entrevista. Participó en importantes conferencias de prensa con figuras de la política nacional, estatal y local, incluyendo a presidentes de Estados Unidos y otras naciones --como Colombia y Ecuador--;  y fue redactor y reportero especializado del éxodo cubano del Mariel, en 1980, que cubrió íntegramente, desde sus inicios en Cayo Hueso; hasta sus  entrevistas y reportajes en campamentos de Fort Walton Beach y áreas aledañas al centro de Miami, incluyendo el Centro de Krome, el Orange Bowl Stadium (convertido por un tiempo en lugar de refugio), y el campamento improvisado bajo el Puente de la I-95, que sirvió igualmente de albergue para los refugiados cubanos que llegaron por la vía marítima, a un monto de más de 120 mil. Sobre ese acontecimiento, también entrevistó a miembros del "staff" de la Casa Blanca, en conferencias de prensa celebradas en Miami.
 Entre los años de 1994-95, Marsáns fue "Escritor Principal" de la revista médica "Salud y Vigor", editada por el "Cedars Medical Center", de Miami, para lectores hispanos, y distribuida en varios países latinoamericanos, en la que se divulgaba las facilidades médicas y servicios especializados del centro de salud en cuestión.

También fue redactor y reportero del diario “Miami Extra”, y de varias revistas del bloque de "Vanidades Continental", incluyendo "Almanaque Mundial" (en español); y "Coordinador de Prensa" de la Oficina de Asuntos Culturales, de la Ciudad de Miami; tanto como entrevistador de televisión en programas como "Cultura Cubana", que se transmitía en vivo a mediados de la década de 1970, por el Canal 23, bajo la dirección de la doctora Ofelia Tabares. Más tarde formó parte por corto tiempo del equipo de entrevistadores que moderaba Rafael Díaz Balart, en el programa de television “Sin Censuras”, los domingos, en un canal de Miami, no existente ya.

Fue también Editor del boletín mensual bilingüe "Municipal Newsletter", de la Ciudad de Miami, para la divulgación de las actividades de los departamentos municipales de la ciudad (1976-1980); y  Editor Asociado de “Orígenes”, revista mensual publicada por Mario Zayas Bazán, en Miami durante la misma época; así como Jefe de Redacción de "El Panamericano" (1968), periódico semanal editado en español, en Nuevo Orleans. Trabajó  temporalmente como miembro del Buró de Prensa Hispana de la Associate Press, en la ciudad de Miami, entre los años de1980 y 1981.

Entre las diversas distinciones que Marsáns ha recibido están la Orden Martiana de Mérito Ciudadano, del "Liceo Cubano", de Miami, en l976; una Mención de Honor de la "Organización de Rotarios Cubanos Exiliados", en Miami (1978), por un artículo presentado al "Concurso Periodístico Sergio Carbó", y que le fue entregada por su entonces Presidente, Luis Casero Guillén;  Medalla de Oro y Diploma del "Premio Nacional de Periodismo", otorgado por el mismo "Colegio Nacional de Periodistas de Cuba en el Exilio” (1988); y un diploma de la "Universidad de Miami", entregado por su entonces presidente, Robert King Stanford, en reconocimiento a su trabajo dentro del equipo organizador del Festival "Reencuentro Cubano 1976".
  Muy especialmente, se destaca Marsáns por haber recibido un "Diploma de Honor" de la Organización de Estados Americanos (OEA), en Washington D.C., en abril de 1982, por la labor desplegada como Crítico de Música Clásica, y la divulgación de los autores y compositores hispanoamericanos, que le fue entregado por Alejandro Orfila, Secretario General entonces de ese organismo. Asimismo, en 1998, Marsáns recibe un Diploma de Mérito de la Unesco, mediante el delegado de esa institución en Puerto Rico, por su dedicación a la crítica músical, la ópera y la zarzuela.
 Al hacerle la entrega del "DIPLOMA DE HONOR", Alejandro Orfila dijo, en el curso de la ceremonia, celebrada en Washingto D.C.: 

 "Luis Felipe Marsáns viene realizando por muchos años una notable acción de difusión, mediante artículos que han contribuido al conocimiento y divulgación de la labor de innumerables artistas de las Américas; en particular, de músicos, intérpretes y compositores de nuestros países. Así como el ejecutante realiza una obra fundamental al convertir la creación artística en realidad sonora, el crítico contribuye no sólo a la comprensión de la creación, sino también a su mayor gozo, al ofrecer elementos que permiten identificar los valores perdurables que existen en toda obra artística. Por lo tanto, al entregar esta distinción, estamos honrando la honestidad intelectual y la seriedad profesional de un crítico, quien ha sabido a través del tiempo, facilitar la difusión de la belleza, la comprensión de la realidar musical de nuestro tiempo y posibilitar la toma de conciencia de los valores contemporáneos del quehacer artístico, donde creadores, ejecutantes, investigadores, educadores y críticos constituyen un grupo humano que permite dar identidad a los pueblos y las épocas. (Alejandro Orfila, Secretario General de la Organización de Estados Americanos O.E.A.- Abril, 1982).

En abril de 1998, Luis Felipe Marsáns recibió un Diploma de la “Universidad Autónoma del Caribe”, en Barranquilla, Colombia, por haber participado en su “Seminario Internacional de Periodismo-Imagen de los Países en la Noticia", en el que, durante sus tres días de duración, él dictó la conferencia "Cuba en la Prensa Internacional". El evento fue patrocinado, además de por la citada Alma Mater, por la Fundación Konrad Adenauer por la Democracia, y por la Organización de Asociaciones de Periodistas Iberoamericanos (OAPI).  Tras ser reelecto como Decano del C.N.P (e) para el segundo período (1999) –entre los cinco que ha venido desempeñando-- , Marsáns es premiado con una placa de la Junta de Gobierno de esa organización periodística por toda su labor hasta ese momento, que incluyó la fabricación del Panteón del Colegio Nacional de Periodistas de Cuba en el Exilio, en Miami, con capacidad para 18 fallecidos y una lápida monumental en la que, además de la enseña cristiana y el emblema de la institución, reza el pensamiento martiano, "No hay monarca como un periodista honrado". Ese mismo año, Marsáns organiza una cuestación entre los miembros de la Junta, que hace posible que el emblema del Colegio (C.N.P.)  aparezca, en forma de vitral, en el nuevo templo de la iglesia parroquial de San Juan Bosco, a cargo  del sacerdote-párroco, Reverendo  Emilio Vallina.

En los últimos años, Marsáns ha sido objeto de la entrega de dos placas que reconocen su labor en el campo de las artes visuales, como informador y crítico. Una, de la "Fundación Ecuatoriana de Arte y Cultura" (1999), y la otra, de la "Power International Art Gallery", de Coral Gables.

Pero además, Marsáns ha recibido Proclamaciones por su labor comunitaria y ejecutiva al frente del Colegio de Periodistas, de los alcaldes, Raúl Martínez, de Hialeah; Joe Carollo, de Miami y Alex Penelas, del Condado Miami Dade; y de los Comisionados Willy Gort, y Jimmy Morales, de Miami.   Más aún, Marsáns fue honrado en el año 2003 por el pleno de la Comisión Municipal de Miami, a propuesta de su entonces Chairman --Comisionado y también periodista de largo historial, Tomás Regalado--, con un prestigioso diploma de "Commendation" en la "Semana de la Hispanidad", por su labor representativa, no sólo como Decano del Colegio Nacional de Periodistas de Cuba en el Exilio, sino, particularmente, como Crítico de Música Clásica y periodista de larga ejecutoria. El documento en cuestión venía firmado por el alcalde Manuel  A.  Díaz, el Presidente de la Comisión, Thomas Regalado, y los Comisionados, Johnny Winston, Angel González, Joe Sánchez y Arthur E. Teele Jr., ya fallecido.   Actualmente, Marsáns es Editor y escritor de esta página del Internet, subtitulada "Arte, Música y Cultura" (y otros temas), a la que se tiene acceso por la dirección o dominio, www.luisfelipemarsans.com --en múltiples secciones dedicadas a la crítica, la opera, el ballet y las grabaciones en discos compactos y de DVD con música clásica y operística; además de  temas de interés general y noticioso. 

En ella, también aparecen sus discursos y conferencias como Decano del Colegio del Periodistas,  tras haber dirigido “Papel Periódico”, el boletín oficial del Colegio Nacional de Periodistas de Cuba en el Exilio; que fue sustituído temporalmente por la Página Web de la misma entidad, una de las más serias, constructivas, profesionales y de información política nacional e internacional entre todas las existentes; dirigida y confeccionada por él, hasta principios del 2009.  Luis Felipe Marsáns nació en La Habana, Cuba, de madre cubana y padre barcelonés --motivo por el cual fue condecorado con la Orden Internacional de la Barretina, de Cataluña, España--; y reside junto a su esposa, Concepción Juan de Marsáns, sus hijos y nieetos, desde junio de 1962 en Miami-Dade County, Florida, Estados Unidos de América, país del que es ciudadano por naturalización, desde 1973.

(En otra página de las 34 de que consta este Web Site, aparece una traducción al inglés --si fuera necesaria--, aunque no es muy precisa por haber sido el producto de una computadora).    

(Enero, 2009)

 

HOME