DE LA HISTORIA DE LA FLORIDA

“Exhibición del Vaticano” , traída en el  2004 al Museo de Arte de Fort  Lauderdale

Por Luis Felipe Marsáns

La más extensa colección del Vaticano que haya visitado los Estados Unidos de América estuvo en una impresionante exhibición del "Museo de Arte", de Fort Lauderdale, en el 2004,  trayendo a esa ciudad  el impacto histórico mundial de la Iglesia Católica y sus diferentes Papas; y, particularmente, su influencia en la Civilización Occidental.

Millones de turistas que visitan usualmente el Vaticano para observar los artefactos religiosos que colman sus museos, tuvieron la oportunidad de verlos en el sur de la Florida, en lo que quedó entre los feligreses católicos de la región como uno de los momentos culminantes de su fe religiosa.

            TIARA DEL PAPA PIO VII,  EXPUESTA EN LA EXHIBICION

"San Pedro y el Vaticano: El legado de los Papas", como se llamaba la exhibición, fue conceptuada como la muestra  más grande e importante de los objetos religiosos de la Santa Sede que ha visitado Estados Unidos, lo cual fue el mejor aval de su trascendencia histórica y religiosa.

     EFIGIE EN BRONCE DEL PAPA JUAN PABLO II, EN LA MUESTRA 

Más de 300 obras de arte y objetos de significación histórica que recrean los dos mil años de liderazgo  de la Iglesia Católica, desde San Pedro hasta el entonces Papa, Juan Pablo II, conformaron la selección, de una manera  que "nunca antes había salido del Vaticano".

Prestados por los museos del mismo Vaticano, los archivos de la Congregación para propagar la Fe, y la Capilla Sistina --incluyendo objetos  de su  pertenencia--; iglesias e instituciones romanas y de Florencia, la exposición tuvo una importancia incomparable en Estados Unidos.

Entre los atractivos más sobresalientes de la muestra, se observaban las obras en oro y plata del Vaticano, además de esculturas en mármol de destacados artistas; bordaduras en seda, anillos y joyas pontificias.

                          EFIGIE DE SAN PEDRO REALIZADA CON MOSAICOS

Pero tal vez,  la reproducción  de la Tumba de San Pedro, el Mandytioon de Edessa --una imagen que data del Siglo II, considerada como la reproducción más antigua del rostro de Jesús--,  y dibujos de Miguel Angel , que incluían sus estudios de figuras para los frescos de la Capilla Sistina, fueron los elementos más atrayentes de la exhibición; además de  la tierra papal de Pío IX, y el Báculo Pastoral de los Papa Pablo VI y Juan Pablo II, que se les sumaban en rango.

”Estamos muy complacidos por el hecho de que se haya escogido al Museo de Arte de Fort Lauderdale como uno de los cuatro museos de Estados Unidos que albergarán  esta exhibición a nivel mundial;  además de sentirnos honrados  de ofrecer a los residentes  de la Florida y a los visitantes en general, esta importante experiencia histórica, artística y cultural", dijo Louis Dill, Presidente de la Junta Directiva del Museo de Arte de Fort  Lauderdale, en ese momento.

Con un carácter itinerante, la exposición provenía de Houston, Texas, y fue llevada luego a diferentes Museos de la Unión Americana, como los de Cincinnati y San Diego.

  En mi opinión, lo tradicional siempre se impondrá a lo nuevo en el ballet

Por Luis Felipe Marsáns

En la música, como en el ballet y la ópera --al igual que en la literatura y otros tipos de manifestaciones en que interviene  la creatividad artística de los individuos--, lo nuevo, en materia de composición, partituras inusuales y aportaciones nunca antes vistas, sirven para enriquecer los diferentes repertorios y el concepto de lo visual, cuando se trata de pintura o la arquitectura. Pero no siempre es así.

 Aparte de haber sido un clasicista durante toda mi vida en lo que al arte –y particularmente, la música—se refiere, a través de los años, el estudio y la intensidad que han ido  cobrando los diferentes aspectos de la vida en el último siglo, he aprendido a valorar y hasta a amar manifestaciones modernas (hoy en día no son tan modernas ya, por cierto), pero  siempre teniendo como preferidas a aquellas  que del siglo XIX hacia atrás, han conmovido mi sensibilidad artística, por sus profundos valores conceptuales y las formas en que ellos fueron desarrollados en su momento.

 

Y el ballet, por supuesto, no ha quedado fuera de este fenómeno. Así lo comprobé no hace mucho disfrutando de una producción de “Coppelia”, con música de Leo Delibes –revisada y montada la coreografía por una excelente primera bailarina de nuestros días--, en el Teatro Jackie Gleason, de Miami Beach, y bailada por el enco del “Miami City Ballet”.

 

 

                     BAILARINA SOLISTA DEL MIAMI CITY BALLET

 

La obra --especialmente atractiva para audiencias infantiles y de jóvenes, por girar alrededor del tema de una muñeca que, supuestamente, se convierte en bailarina--, no sólo es muy bella, como lo fue   en esta  ejecución a que me refiero por  el trabajo del cuerpo de baile y la perfección histriónica de los solistas y otros integrantes de la  citada compañía; sino además, por la calidad de su partitura, que aún siendo ligera, complace felizmente todas las expectativas con sus melodías y pasajes dramáticos. 

 

“Coppelia”, pues –al igual que “El lago de los Cisnes”, “La bella durmiente del bosque”, “Cascanueces” y “Giselle”, entre otras--, seguirán siendo lo más representativo y delicioso del ballet en puntas, por su música, coreografía y, sobre todo, carácter temático, sin tener que someterse  a   horas  de bailes a veces incoherentes, que no responden a una historia, a veces tan acrobáticos, que cuesta trabajo aceptar que entre en el contexto de lo que hemos conocido por ballet clásico.

 

Finalmente, en su montaje y ejecución de este ejemplo, el “Miami City Ballet”, hizo posible una noche  esplendorosa que satisfizo a la audiencia,  a despecho de otras producciones en las que los caprichosos movimientos y la falta de orientación sobre lo que uno está viendo, han hecho largas y tediosas las intervenciones de los bailarines; hecho, pues, que debe servir de pauta para el futuro de todas las compañías que se desenvuelven en Miami,  o que puedan surgir en el futuro, para revivir el espíritu de un arte tan refinado.

 

Un ballet netamente cubano: "Cecilia Valdés", con música de Roig, dirigida por Urbay y coreografía de "Charín"

 

Por Luis Felipe Marsáns

 

Cecilia Valdés, el ballet estrenado en el el Dade County Auditorium, de Miami, con una coreografïa original de Rosario  Suárez "Charín",  sobre la música de la zarzuela del mismo  nombre, escrita por Gonzalo Roig --y presentada en un formidable arreglo sinfónico del maestro José Ramón Urbay--, tuvo muchos momentos luminosos; pero, tal vez, lo más trascendental de todo fue que adentró  en al arte del ballet en puntas (como algunos suelen decir), una obra auténticamente cubana, como hay pocas.

 

Siempre hemos visto con orgullo la aportación hecha por los bailarines y coreógrafos cubanos a este tipo de manifestación --lo mismo en el repertorio del siglo XIX, que en el neoclasicismo, el de la danza moderna,  o en el de la estampa de carácter folklórico--, pero en el ámbito de las creaciones enteramente dedicadas a la literatura cubana llevada al baile, es poco lo que puede decirse.

 

 

              ROSARIO SUARES (CHARIN)

En este caso "Charín", como coreógrafa y, más que nada, como primera bailarina, ha  podido revivir  la trama de una historia costumbrista de la Cuba colonial, perteneciente al escritor Cirilo Villaverde, de una manera original y fina, partiendo de la partitura de Gonzalo Roig, que sirve de base a la zarzuela por la que todos  la conocen.

 

Rosario Suárez, como bailarina de primer orden, estuvo estupenda en su propia producción del ballet, ejecutando sus partes con virtuosismo y donaire,  lo mismo en el desarrollo técnico que le dio a la obra --para ella y para los demás bailarines--,  que en la singular gracia, sensualidad  y elegancia que ella le imprimió a los momentos cumbres de la trama, como, por ejemplo, la "Salida de Cecilia" y su dueto con Leonardo, personificado por Ernesto Quenedit, según rezaba en el programa impreso.

 

Sin embargo, su trabajo conceptual respetó los elementos folklóricos que han hecho famosa a  la zarzuela, como el "sandungueo" de Dolores Santacruz, y las danzas afrocubanas, de las que fue  impresionante la que abrió el segundo acto, en un despliegue escenográfico. En la participación de  Dolores Santa Cruz, a cargo de Maité Portela, la coreógrafa de "Charín" se valió de elementos técnicos del baile que representaban fielmente su carácter.

 

Y en el final, los momentos más trágicos fueron manejados por "Charín" de forma económica, logrando que la muerte de Leonardo a manos de  Pimienta --el esclavo enamorado de Cecilia, que interpretó Ariel Cisneros-- se produjera sin dilaciones, mientras que ella, en su role, ponía broche de oro a la trama, creando una especie de pirámide humana, que se alzaba ayudada por un grupo de los miembros del cuerpo de baile, que la  empinaban durante su plegaria al cielo.

 

Dos de las cosas que más me atrajeron, empero, fueron la manera en que José Ramón Urbay jugó con la partitura concediéndole, como decía anteriormente, un aire más intelectualmente sinfónico; y la forma dúctil en que su hija, la directora Marlene Urbay, la supo conducir al frente de su propia orquesta, Florida Chamber Orchestra  con brillante sonoridad en los románticos pasajes de la sección de cuerdas, moderada contención en los instrumentos de viento y grandiosidad expresiva en la percusión, que estuvo a tono con los matices afrocubanos de la obra.

 

Y no quiero dejar de mencionar un momento muy feliz del arreglo y la interpretación orquestal, cuando Marlene Urbay alzó su batuta para dirigir la  Contradanza  una de las piezas más representativas de la música cubana de calibre, entonada aquí con la misma elegancia y grandiosidad rítmica que le impusieron los bailarines.

 

Claro que un ballet no es tan descriptivo como la zarzuela o  una ópera, porque se trata de presentar una trama con movimientos y pasos de baile, cuando no por mímicas, pero salvadas esas diferencias y engrandeciendo aún más la obra de Gonzalo Roig, este "Ballet de Cecilia Valdés” deja para la historia del arte escénico cubano una tradición muy alta --gracias al patrocinio de la Escuela de la Universidad de Miami--, que Dios quiera que no se interrumpa nunca.

 

La ironía de cómo dejó de existir la "Filarmónica de la Florida"

 

 

La "Orquesta Filarmónica de la Florida" iniciaría su temporada de 2002-03 en el Gusman Center for the Performing Arts, del downtown de Miami, el martes, quince de octubre, a las ocho de la noche (como escribí escribí entonces), con un programa dirigido por el maestro invitado Christopher Wilkins y el Coro de Mujeres de la Florida. El repertorio agruparía  la sinfonía No. 3 de Johannes Brahms y Los Planetas,de Gustav Holts.

 

Fundada en 1985 mediante la fusión de la otrora Sinfónica de Fort Lauderdale --que dirigiera Emerson Buckey; y de  la Sinfónica de Boca Raton, que estuviera bajo la batuta de James Brooks--; la orquesta regional estuvo durante más de diez años bajo la batuta del director británico James Judd, quien la engrandeció y le dio personalidad propia a través de un amplio repertorio, pero hacía ya dos temporadas que sus relaciones fueron separándose por problemas económicos, que obligaron al primero a  renunciar a su salario en una ocasión, para salvar la temporada.

 

En sus últimos momentos, la Florida Philharmonic estaba bajo la dirección interina de Joseph Silverstein, quien condujo algunos conciertos de su bienio final, asistido en el pódium por numerosos directores invitados, procedentes de Estados Unidos y Latinoamérica.

 

Lamentablemente, no tardó mucho en llegar la crisis financiera  final de la Florida  Philharmonic, que la llevó a una bancarrota sin arreglos ni soluciones, dejando solamente atrás la tristeza de una subasta para obtener algunos fondos para pagar a sus  acreedores; de la que fueron testigos  los instrumentos grandes que pertenecen al equipo de  cualquier ensamble --como el bombo-- que ese día,  en lugar de sonar, fueron desfilando uno a uno, llevados por manos extrañas, calladamente.