Compendio de los discursos más sobresalientes de Luis Felipe Marsáns durante sus diez años como Decano del “Colegio Nacional de Periodistas Cubanoamericanos”

 

Ahondando sobre qué es el Colegio de Periodistas Cubanos del Exilio

 En la celebración del  Día del Periodista Cubano, 1997.


 

Señoras y señores:

Mi nombre es Luis Felipe Marsáns, y quiero darles a todos la más cordial bienvenida en nombre de la Junta de Gobierno del Colegio Nacional de Periodistas de la República de Cuba en el Exilio, de la cual tengo el honor de ser su Decano.

Nos reunimos esta tarde bajo el cielo brillante de Miami para conmemorar una vez más --como hemos venido haciéndolo durante treinta y cinco años-- el día del Periodista Cubano del Exilio, siendo este sábado 25, el más cercano a la fecha real de esa efemérides, establecida el 24 de octubre.

¿Por qué el 24 de octubre?, se preguntarán la mayoría. La respuesta es tan simple como ésto: fue un 24 de octubre, de 1790, cuando se publicó en la Cuba colonial, el primer boletín informativo, bajo el nombre de "Papel Periódico", tal como se llama nuestro medio informativo.

Así, llena de simbolismos, es la historia de nuestra profesión --que más de una vez ha sido calificada de sacerdotal--, como cuando en 1902, coincidente con la instauración de la República de Cuba, se creó la Asociación de Reporters, a cuyos esfuerzos de entonces debieron los periodistas cubanos sus primeros reconocimientos oficiales como una clase pujante, que impulsaba los destinos del país, convirtiéndose en modelo para muchas naciones hispanas del hemisferio.

Pero la constitución del Colegio Nacional de Periodistas de Cuba (CNP), ocurrida el 23 de noviembre de 1943, ante el Ministro del Trabajo, José Suarez Rivas; y la subsecuente creación de la Escuela Profesional de Periodismo Manuel Márquez Sterling, vinieron a consagrar todavía más la profesión como tal, a la par de otros colegios profesionales, como el de los Médicos y el de los Abogados.

Por tanto, para continuar con nuestros simbolismos, creo que debemos mencionar en esta celebración histórica, los nombres de quienes integraban la primera Junta de Gobierno electa del CNP, que trazaron los derroteros a seguir: Lisandro Otero Masdeu, como Decano; David Aizcorbe --quien era director de la Escuela de Periodismo cuando yo estudiaba--, Vicedecano; Isidro A. Medero, Secretario; Alberto E. Riera Gómez, Vicesecretario; Ángel Gutiérrez Cordoví, Tesorero; y Ramón Cotta Benítez, Vicetesorero.

Junto a ellos, estaban los Diputados Guillermo Pérez Lavielle, César Rodríguez Espósito, Santiago Villazón, Joaquín de la Cruz, Eduardo Héctor Alonso --mi admirado profesor de Español, Literatura Española y Crítica Teatral--; Celso Tejeiro Montenegro, y Osvaldo Valdés de la Paz, Exministro de Agricultura y padre de Osvaldo Valdés Fernández, un gran compañero mío en el periodismo radial, pionero y veterano de los noticieros en las principales emisoras hispanas de Miami.

Como salta claramente a la vista, el colegio Nacional de Periodistas de Cuba tiene una larga tradición profesional en la República que perdimos cuando el comunismo nos invadió arteramente conculcando la libertad de prensa y persiguiendo a todos aquellos que siguieron clamando por el derecho a decir la verdad democráticamente.

Por eso, en 1962, surge en Miami el Colegio Nacional de Periodistas de Cuba en el Exilio, fundado por Mario Barrera y un grupo de colegas, para recoger el legado de una noble clase, que escribe la historia de cada día del mundo moderno, en periódicos, o la transmite a través de las ondas radiales y las imágenes televisadas.

El Colegio de Periodistas Cubanos del Exilio ha empuñado la antorcha de sus antepasados, y ha seguido desarrollando su programa de actividades en el exilio, sobre todo, divulgando ante los pueblos hispanos de América la verdad acerca de la dictadura castrista, y el peligro de que sus pueblos cayeran bajo ese yugo, como estuvo a punto de ocurrir en varios países, que lograron librase del peligro --como Nicaragua--, gracias al ejemplo de Cuba y a la labor doctrinal de los periodistas que divulgaran la realidad, escribiendo magníficas columnas y reportajes, como fue el caso --por citar aunque sea uno entre muchos-- del consagrado Guillermo Martínez Marquez.

En el día de hoy, queremos renovar, pues, nuestro compromiso con la libertad de Cuba --patria que vive en nuestros corazones, con sus hermosas palmeras, sus preciosas mujeres y sus fenomenales playas--, y rendirle un tributo de recordación a aquellos que han quedado en el camino, como ocurrió, repentinamente, hace sólo unas semanas, con nuestro Primer Vicedecano, Luis Fernández Caubí, cuyo mensaje en las páginas de opiniones de DIARIO LAS AMÉRICAS era siempre fuente de reflexión lógica y aprendizaje.

Y recordando a los que ocuparon antes que yo este puesto de Decano --lo mismo en la etapa republicana que, particularmente, en la del exilio--, renovemos nuestros votos por que el Colegio Nacional de Periodistas de la República de Cuba siga llenando el rol para el que fue creado, como representativo de una clase de trabajadores intelectuales, que recoge la noticia del día --que será un capítulo de la historia del mañana--, marcando la dinámica del progreso.

Con el orgullo de clase que debe haber en cada uno de nosotros, y el respeto individual entre todos... ¡Gloria a la clase y al Colegio de Periodistas cubanos!, para que cuando nosotros pasemos, como ha de ocurrir cualquier día, la institución se mantenga como tal, símbolo de una Cuba Libre, a la que volverá a pertenecer, cuando su territorio sea realmente libre.

Señoras y señores, volveré a hablarles, más brevemente, en el curso de la entrega de diplomas, pero ahora quiero terminar este mensaje de apertura, pidiéndoles que todos nos pongamos de pie para ofrecerles un minuto de silencio, en homenaje de recordación, a quienes han ocupado este cargo anteriormente, y hoy no pertenecen ya a este mundo, porque están muertos: Fausto Lavilla, Ramiro Boza, Roberto Pérez Fernández y Laurentino Rodríguez... Que descansen en paz...

En nombre de todos los miembros de la Junta de Gobierno, especialmente, de nuestro Secretario Ejecutivo, Willy del Pino --un hombre que a los 90 años sigue totalmente dedicado al Colegio de Periodistas--, y en el mío propio, gracias a todos por venir a compartir con nosotros este día tan  especial.

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LUIS F. MARSANS

En el Día del Periodista Cubano Libre

( Discurso del Decano del Colegio Nacional de Periodistas de la República de Cuba en el Exilio, Luis Felipe Marsáns, en la celebración del Día del Periodista, el 24 de octubre de 1998, en Miami, Florida )


 

Distinguidos dignatarios (llamarlos por sus nombres).

Señoras y Señores que nos honran con su presencia:

Por segunda vez, me dirijo a ustedes como Decano del "Colegio Nacional de Periodistas de Cuba en el Exilio" en ocasión de celebrarse, justamente hoy, 24 de octubre, el "Día del Periodista Cubano", coincidiendo con la fecha de fundación, en 1790, de "Papel Periódico", la primera publicación cubana, que marcó en la historia de nuestro país de origen, una efemérides que nosotros hemos observado, religiosa y fielmente, a través de los años de este largo exilio.

Al hacerlo, créanme que me invade una indescriptible satisfacción íntima, no sólo porque esta velada representa la culminación de mi período de dos años como Decano --aunque espero ser digno de la reelección, en los próximos comicios--; sino también porque este momento me ofrece la oportunidad de reflexionar y compartir con ustedes, todos los éxitos que hemos alcanzado durante el tiempo transcurrido desde mi instalación en el cargo, para mi orgullo propio, y para gloria de esta institución, que rijo junto a los distinguidos colegas que conforman su Junta de Gobierno.

Y al mencionar a la "Junta de Gobierno", yo quiero darle un crédito especial a su Secretario Ejecutivo, Don Arturo "Willy" del Pino, quien ha trabajado incesantemente, contra viento y marea, a despecho de sus 93 años de edad y de sus limitaciones de salud, por lograr que el "Colegio Nacional de Periodistas de Cuba en el Exilio" prevalezca en todas sus iniciativas, porque éste ha sido y es la razón de su vida.

Willy del Pino ha llegado a convertirse en una institución dentro de otra, por eso, y en atención a su trabajo meritorio de tantos años --primero en la Delegación de New York y New Jersey, y luego en Miami--, le concedimos el título de "Decano de Honor", hace menos de un año, en acuerdo unánime de la Junta de Gobierno, que todos secundaron sin vacilaciones, en lo que, tal vez haya sido el galardón más alto que se confiere a persona alguna; luego de haber hecho al Dr. Horacio Aguirre, Director de "Diario Las Américas", nuestro Presidente de Honor, hace varios años.

La entrega de la distinción honorífica concedida a Willy del Pino, fue en sí uno de los momentos más importantes del bienio gubernamental a que me refería antes, porque tuvo lugar en el marco de la Peña del Dr. Teobaldo Rosell, correspondiendo a una invitación de que fuimos objeto al comienzo de este período de gobierno, como la primera aparición oficial pública, a nombre del Colegio.

Pero en este período de tiempo han ocurrido también otras cosas de un carácter muy especial para todos, como cuando fuimos honrados por los "Rotarios Cubanos Exiliados", y su presidente, Laureano Fernández, en un acto que, además, sirvió para que se premiara la labor de algunos colegas de Diario las Américas, el periódico donde trabajo profesionalmente.

Además, tuvimos igualmente la trascendental iniciativa de estar entre los primeros en reconocer, mediante una contundente declaración pública, a los patriotas que, dentro de la Isla , fueron capaces de redactar y publicar, en un hecho sin precedentes en la historia de este proceso, el documento " La Patria es de todos", donde se desenmascaraba la maniobra del Quinto Congreso del Partido Comunista Cubano, para mantenerse en el poder ilegítimamente, a despecho del hastío de un pueblo que clama por su redención; y de solidarizarnos, en más de una ocasión, con las denuncias de la Sociedad Interamericana de Prensa a la censura que sufren los periodistas independientes cubanos, y los corresponsales extranjeros.

Más aún, elevamos esa denuncia al Seminario Internacional de Periodismo de la Organización de Asociaciones de Periodistas Iberoamericanos (OAPI), celebrado en abril último en la ciudad de Barranquilla, Colombia, bajo el patrocinio conjunto de la Fundación Konrad Adenauer por la Democracia , y la Universidad Autónoma del Caribe --que fue su sede--, y que nos trató y protegió a cuerpo de rey.

Allí, en esa importante Alma Mater donde fluyen a cada momento los valores culturales y educacionales de nuestra herencia latina, no solamente expusimos la realidad de Cuba y la mentira del régimen totalitario de Fidel Castro, durante una prolongada conferencia; sino que instruimos, a través de una candente sesión de preguntas y respuestas, acerca de la represión que sufren los cubanos por parte del régimen que los oprime, sobre la que yacen con fundidos muchos jóvenes estudiantes de toda la América Latina , bajo la influencia de la millonaria maquinaria propagandística de La Habana.

Es la misma propaganda que quiere hacer que el mundo acepte el supuesto pacifismo actual de Fidel Castro, mientras que sus espías son descubiertos por el Buró Federal de Investigaciones (FBI), infiltrados en las instituciones del exilio, y, más aún, en los organismos de seguridad de los Estados Unidos de América, como se publicó recientemente.

Y cuán efectiva debió ser esta exposición mía en semejante evento internacional --de carácter educacional para los alumnos de la Facultad de Periodismo; y de orientación política para el pueblo colombiano y los representantes de varias otras naciones y la prensa local--, que el Consejo Directivo de la Universidad Autónoma del Caribe, en su acuerdo unánime, número 653-01, del 31 de agosto último, proclamó, y ahora cito del comunicado en cuestión recibido en Miami, "felicitar al distinguido periodista Don Luis Felipe Marsáns, Decano del Colegio Nacional de Periodistas de la República de Cuba en el exilio, por su brillante distinción sobre "Cuba en la Prensa Internacional ", y por la relevante participación que tuvo durante el Seminario Internacional de Periodismo "Imagen de los países en la noticia", llevado a cabo en el recinto de esta Universidad", termina la cita del documento, firmado por el Rector Mario Ceballos Araújo y por el Secretario de la institución, Tamid Turbay-Echeverría.

Todo ello, sin dudas, ha repercutido en el orden interno de nuestra organización de manera tal, que nuestro Colegio Nacional de Periodistas de Cuba en el Exilio emerge hoy en día más pujante que nunca, con la renovación de sus programas de trabajo --con las excelentes adiciones de la Dra. Rosa Leonor Whitmarsh, como Diputada; y del Dr. Fernando Palma, como Secretario de Actas; y la reincorporación de compañeros que estuvieron alejados--; tanto como con la redefinición de su programa doctrinal, que sigue velando por los intereses de la patria, pero que pone especial énfasis en el profesionalismo y la ética de nuestras tres ramas: la impresa, la radial y la televisada.

Así hoy nos reunimos aquí para festejar por todo lo alto el "Día del Periodista", reconociendo la labor de los nuestros. Y lo hacemos con el espíritu muy en alto, otorgándoles diplomas de constancia a los miembros de la actual Junta de Gobierno, y a los periodistas más antiguos que nos han acompañado en esta labor de mantener el Colegio de Periodistas de Cuba a la cabeza de las instituciones del exilio, desde que fue fundado.

Con igual importancia, reconocemos a todos aquellos que, miembros o no del Colegio, nos han secundado con su solidaridad y apoyo en diferentes momentos, especialmente, en los más difíciles; y a quienes cumplen 25 años o más de ejercicio profesional, y 50 de haberse graduado, en La Habana , de la Escuela Profesional de Periodismo Manuel Márquez Sterling, cuyo nombre reverenciamos en cada una de estas ocasiones, porque perteneció a uno de nuestros intelectuales más preclaros.

En nuestra celebración anterior agoté, hasta donde mi memoria pudo, la mención por nombre de quienes fueron forjadores de esta profesión desde el comienzo de la República , en homenaje póstumo a su memoria, y como ejemplo del profesionalismo y la pujanza del periodismo cubano de antaño.

Hoy no quiero repetirme, porque sé que todos ellos están en el recuerdo de la mayoría de ustedes; o en la referencia que nos ofrecen siempre los libros de historia. Pero sí quiero evocar la memoria de Guillermo Martínez Márquez, porque él, que hizo un sacerdocio de la divulgación de la causa cubana en todos los países del continente, compartió con nosotros muchos momentos como éste.

Decía siempre Martínez Márquez en sus discursos --el último de los cuales tuvo lugar en una celebración como la de hoy--, "dígase periodista, y con ello quedó dicho todo", porque esta profesión era su mayor orgullo, aunque él también fue abogado.

Hoy, sin embargo, el Colegio Nacional de Periodistas de Cuba en el Exilio tiene una nueva legión de triunfadores, en la profesión propiamente, y en la defensa de los ideales de la democracia, la libre expresión del pensamiento, y la causa de la liberación cubana. Tomás Regalado y Demetrio Pérez Jr. --a quienes ofrecemos hoy nuestro tributo principal--, no son premiados aquí con un Diploma de Honor, porque ocupen cargos públicos.

Son premiados porque, desde sus posiciones, como Comisionado Municipal de Miami y Vicepresidente de la Junta Escolar del Colando Miami-Dade, respectivamente, ellos dos sirven los intereses de la comunidad hispana honrando a la vez su profesión de periodistas, el uno en la radio; y el otro, mediante la edición del periódico "Libre", cuyo solo nombre es una inspiración para todos nosotros.

Ellos son, sin dudas, dos ejemplos del periodismo cubano del exilio, y la Junta de Gobierno, y yo, como Decano, los saludamos y los condecoramos, para que sigan haciéndolo bien, como hasta ahora, con dignidad, decoro y honradez, porque en ello va igualmente la honra de los hispanoamericanos en general, y de los cubanoamericanos en particular.

También reconocemos con el Premio Nacional de Periodismo 1998 a Carmen María Aguirre de Dagen, quien implementó la idea de incluir en el "Diario Las Américas" de los viernes, una publicación suplementaria titulada " La Revista ", que ha constituido una nueva fuente de información para la juventud, el arte y el entretenimiento. Joven y llena de ideas, Carmen María Aguirre de Dagen ha sentado un ejemplo y ha conquistado un éxito que no pueden pasar por alto a la Junta de Gobierno.

Por otra parte, el "Colegio Nacional de Periodistas de Cuba en el Exilio" se siente satisfecho de honrar la labor inmensa del personal periodístico de Radio y TV Martí, emisoras que representan las fuentes consistentes de información y orientación al cubano que yace cautivo en su propio país, entregando sendos diplomas a Roberto Rodríguez Tejera, Gilberto Rosal, William Valdés, Armando Gómez-Boix, José Lacayo, Agustín Alles Soberón, Humberto Medrano y otros más.

Reconocemos hoy también la labor de la mujer en el periodismo, entregando diplomas a Chichi Aloy, Sonia Frías, Magda González, Aleida Leal, Lourdes Montaner, Ana Remos, Vivian Crucet, Leticia Callava, Helga Silva, y María Elena Saavedra, entre otras. Pero muy especialmente la de María Montoya, quien supo increpar al dictador cubano con ejemplar valentía, durante su reciente aparición en República Dominicana, en el cumplimiento de sus deberes reporteriles, pero demostrando igualmente el inquebrantable amor por su patria.

Con igual justeza, entregamos hoy algunos premios especiales, al Director de Diario Las Américas, Dr. Horacio Aguirre --paladín de la Democracia y de la causa cubana--, al veterano George Wehby, de cuya experiencia en el "Havana Post", en Cuba aprendí mucho en mi época de estudiante de la Escuela Manuel Márques Sterling; al Dr. Enrique Huertas, Presidente del Colegio Médico Libre, y gran paladín de la causa cubana; y a José Ignacio Rivero, director que fuera del Diario de la Marina --el Decano de la prensa cubana--, hoy convertido en presidente de la "Asociación Cívica del Exilio", por sus desvelos por ver a una Cuba libre y democrática.

De otro lado, se premia en este acto la labor de muchos periodistas "tecnicográficos" --como les llamábamos en Cuba--, quienes hacen posible que las informaciones tengan el insustituible ingrediente de la imagen del suceso; y el trabajo de los diaristas especializados en distintas ramas, lo mismo en la prensa escrita que en la televisión y el radio; tanto como a aquellos pioneros de diferentes medios: Manolo Reyes y Eliseo Riera Gómez, entre otros cuyos nombres se escucharán cuando sean llamados a recibir sus diplomas.

En este empeño, no queremos proliferarnos, sino consolidarnos como institución; desconocer, sino reconocer; desagradar, sino aplaudir; y, sobre todo, inyectarle vida a todos aquellos que hoy conforman la profesión periodística hispana en el sur de la Florida y especialmente en Miami; porque en su ejercicio está garantizada la comunicación objetiva y la orientación debida de aquellos que no hablan inglés, haciendo uso de un derecho que nos proporciona la democracia, para que el nuevo milenio sea todavía más esplendoroso, en un mundo enriquecido por la alta tecnología de las comunicaciones.

Pero hay algo muy especial también en esta celebración del Día del Periodista cubano que no queremos pasar por alto, y que se define con la palabra disidencia. Hoy, mientras que nos encontramos aquí celebrando nuestro día, como clase pujante de la sociedad; allá en Cuba, los periodistas independientes sufren la más absoluta censura y persecución, el encarcelamiento y los vejámenes más bochornosos, en su gestión por divulgar las noticias tal cuales ocurren, y de crear las bases para una sociedad nueva, democrática y con garantías constitucionales, que de al traste con una férrea dictadura que ha desmembrado los cimientos de la nación cubana, y ha separado a la familia.

Para todos esos soldados de la noticia que han comprometido sus vidas para que prevalezca la información libre y para que la democracia retorne, el Colegio Nacional de Periodistas de Cuba en el Exilio --que no puede premiar su trabajo con un diploma, como a ustedes--, les envía el testimonio solidario, profesional y democrático, bajo esta bandera y este estandarte que hemos salvaguardado, aquí en el destierro, para que un día retorne a su lugar de origen.

Porque, señores --y con ésto termino--, el Colegio Nacional de Periodistas de Cuba en el Exilio, ciertamente volverá un día a su lugar de procedencia; y quienes lo hemos conservado aquí, en el exilio, como algo sagrado, tendremos que unirnos y acoger a los compañeros disidentes de allá, que revivieron las ideas democráticas, proclamando la libertad de expresión y el derecho a condenar el totalitarismo político engendrado por la cúpula del partido comunista, para destruirnos como nación.

La libertad volverá a imponerse en la República que forjaron Martí y Maceo, y la bandera de la estrella solitaria ondeará con toda su dignidad, en un día no muy lejano, sobre la cabeza de todos.

Y será entonces cuando los periodistas cubanos de un lado y del otro del Estrecho de la Florida , volverán a abrazarse como hermanos, para continuar sembrando, a través de sus artículos doctrinales y de la información cabal y libre de influencias foráneas, los ideales cristianos, la libertad, la igualdad y la fraternidad; y, por arriba de todo, la defensa de los intereses patrios, sin odios ni resentimiento, y con la meta común de restablecer la república tronchada, con todos y para el bien de todos, dentro del sagrado postulado de la democracia representativa, del pueblo, por el pueblo y para el pueblo..... Muchas Gracias.

En el Día del Periodista Cubano Libre

 ( Discurso del Decano del Colegio Nacional de Periodistas de la República de Cuba en el Exilio, Luis Felipe Marsáns, en la celebración del Día del Periodista, el 24 de octubre de 1999 ).


 

Distinguidas personalidades que nos honran con su presencia; señoras y señores:

Estamos aquí hoy para celebrar el Día del Periodista Cubano, en una efemérides que el calendario y la historia disponen para el 24 de Octubre --que sería mañana--, pero para mañana habíamos planeado originalmente la consagración del panteón que hemos construido, en el cementerio "Miami Memorial Park", en la 77 Avenida, hecho que adelantamos para el pasado día 14.

Y se hizo así, con semejante antelación, porque pensamos que debíamos completar primeramente esa etapa de carácter lúgubre; para luego venir a celebrar hoy, como lo hacemos cada año en esta fecha, con las bendiciones de nuestro querido Monseñor, Emilio Vallina, quien igualmente ha hecho la invocación de este acto, tanto como bendijo nuestra propiedad en el Campo Santo.

Me parece oportuno, pues, que les pida a todos que se pongan de pie, para rendirles conmigo un minuto de recordación, en silencio, a los compañeros de la Junta de Gobierno que han perecido este año, para demostrar que siguen vigentes en nuestros corazones. (Pausa)

Son ellos, muy recientemente, la Dra. Olimpia Rosado y el Dr. Rolando Millás; y, unos meses atrás, muestro Secretario Ejecutivo, y Decano Honorario, Arturo del Pino... La falta de "Willy", como lo llamaban todos, especialmente los que gozábamos de su amistad y afecto, representa, tal vez, un punto de tristeza en esta celebración, dentro de un año que, por otra parte, ha sido tan fecundo como éste; porque es la primera vez que no lo vemos aquí, sentado en la presidencia.

Y en honor a su memoria, entregaré, por primera vez hoy, a todos los miembros de la Junta de Gobierno, el Premio "Willy" del Pino al Trabajo, reconociendo también el apoyo de cada uno de ellos, y perpetuando el nombre de aquel hombre que murió laborando por el Colegio hasta los 94 años de edad, como inspiración para que las futuras generaciones de periodistas sepan de su dedicación, y la imiten.

A la sombra de la muerte inexorable, que nos asecha a todos, yo quise hacer el punto central de mi plataforma de gobierno en este segundo período para el que fui reelecto a principios de año, la construcción del panteón del "Colegio Nacional de Periodistas de Cuba en el Exilio" --que hoy es una realidad--, para que, por lo menos, 18 miembros de esta institución, tengan asegurada su cristiana sepultura, si es que fallecen sin recursos para que sus familiares lo hagan.

Y así se hizo (he aquí las fotos del panteón), por lo que reconozco y agradezco al mismo tiempo el respaldo abrumador que tuvo la idea por parte de la Junta de Gobierno, para acometer esta piadosa obra que, además, deja en su lápida monumental el recuerdo de nuestra presencia aquí como exiliados de la causa del anticomunismo.

Felices y orgullosos ante este logro, nos entregamos ahora a conmemorar nuestro día, el Día del Periodista Cubano en el Exilio, sin más dilaciones, tras haber cumplido también con Dios, antes de ayer, en la misa anual, oficiada por el mismo Monseñor Vallina; y de haber honrado al Apóstol, al depositar un ramo de rosas blancas --como en sus versos sencillos-- ante su busto del parque Martí, en la Cuarta Calle y la Cuatro Avenida, de Miami.

En años anteriores hemos entregado un sinfín de diplomas, aparte del Premio Nacional de Periodismo, a personas destacadas dentro de la profesión, a miembros del Colegio que han cumplido 25, 30 y hasta 50 años en el ejercicio de sus carreras --lo mismo aquí que en la Cuba Republicana, o combinadamente--; y hemos hecho llegar diplomas especiales a personas que, aún no siendo periodistas o no teniendo que ver con el periodismo, contribuyen anualmente a que esta celebración sea posible, acudiendo a reunirse con nosotros.

Este año, creímos que se había saturado un poco ese capítulo, y que, prácticamente, no hay nadie que no haya sido reconocido en su trabajo reporteril, incluyendo a los reporteros gráficos, y, muy especialmente, a la mujer periodista, que cada día sienta mayores pautas en esta profesión, con su completa entrega, como requiere una férrea vocación y el arduo trabajo diario a deshoras.

Sin embargo, ocurrió que un día en que meditaba sobre ese particular, me di cuenta de que Luis Botifoll no había sido objeto de esos honores, tal vez porque el exilio lo ha conocido más como banquero que como periodista; y, entonces, me dije a mi mismo: "Luis Botifoll será el próximo Premio Nacional de Periodismo". Premio que han recibido personas muy honrosas en el periodismo nacional de Cuba en el Exilio --tocando a veces a quienes no habiendo nacido en la Isla, sienten igualmente por ella--; y que hasta yo hice llegar a algunos directores de periódicos colombianos y al Rector de la Universidad Autónoma del Caribe, en Barranquilla, cuando fui invitado a un Seminario Internacional de Periodismo, para que dictara una conferencia sobre el caso de Cuba en la prensa de Estados Unidos.

Hoy, repito, será Botifoll el galardonado, con su Diploma y Medalla de Oro, con el Premio Nacional de Periodismo 1999, por su magnifica labor de los años 50, como director del periódico "El Mundo", de La Habana, órgano de prestigio, buen formato y absoluta seriedad informativa; que, además, fue el único de la época republicana que reconoció el Congreso, en sesión especial de la Cámara de Representantes, durante el gobierno de Carlos Prío Socarrás.

No quiero extenderme, pero me parece indicado que se diga aquí --para que sirva de inspiración a otros--, que la enseñanza educacional e histórica sobre los valores cubanos, a través de conferencias y publicaciones, va siendo cada vez más urgente, pues veo que muchos jóvenes que han venido en esta última ola de refugiados cubanos, desconocen muchos temas sobresalientes de la República, cuando le preguntamos sobre las instituciones de nuestro pasado, ya que nunca conocieron de ellos. Instituciones como es este mismo Colegio de Periodistas, el Colegio Médico y el de los abogados.

Y el por qué de este fenómeno es fácil de explicar. Si la República fue fundada en 1902, y cayó en manos del comunismo en 1959, quedando con ello destruidos sus valores democráticos para establecer un sistema totalitario desinformado, que varía la historia y niega los hechos importantes que le antecedieron; tras los 40 años de la dictadura castrista, nos encontramos que las generaciones que forjaron la Cuba de ayer han ido pereciendo, mientras que las nuevas, crecen en el desconocimiento, por la vía de la censura y de la mentira.

Es preciso, pues, que nuestra generación, que ha seguido en turno --o sea los que vinimos con 20 años y hoy contamos 60--, recoja ese legado y lo siga divulgando, porque el cubano que nació o se crió bajo la historia cambiada y mentirosa que cuenta el régimen de Castro, nunca se ha enterado de los verdaderos hechos que precedieron a la formación cubana, y mucho menos, de cuales eran sus instituciones democráticas y profesionales, sino que cuando uno se las menciona --y esto es lo más triste--, se da cuenta de que, con muy pocas excepciones, ni sienten por ellas ni les ven la significación y el orgullo que para el cubano libre de otra época tuvieron.

En este Día del Periodista Cubano Libre, pues, hagámonos el propósito de esgrimir la pluma, no solamente para seguir defendiendo la libertad de nuestra patria de origen, sino también para mantener vigentes nuestras costumbres, nuestra forma de vida de antaño y nuestro legado histórico, patriótico y cultural como ciertamente fueron; de manera que esta juventud que viene y la que se queda allá, salgan de la ignorancia en que las han sumido; y un día, cuando regrese el alba de la libertad, ellos, también, sepan respetar y amar a Cuba, como la Cuba que fue y volverá a serlo. Muchas gracias.

En el Día del Periodista Cubano Libre

 ( Discurso del Decano del Colegio Nacional de Periodistas de Cuba en el Exilio, Luis Felipe Marsáns, en la celebración del Día del Periodista, año2000 ).


 

Señoras y Señores:

Como cada año, los periodistas cubanos que escapamos del nefasto régimen impuesto en Cuba hace más de cuatro décadas por la internacional comunista, nos reunimos para celebrar libremente, bajo nuestra bandera y la de este gran país que nos aceptó como sus nuevos ciudadanos, "el Día del Periodismo Cubano del Exilio", con el objeto de compartir nuestras penas y nuestras alegrías, también al amparo de otra bandera, que es la de nuestra institución.

Y cuando me expreso de esta manera, lo hago pensando en las tristezas de nuestras frustraciones, de un lado; y del otro, valorando los grandes logros obtenidos bajo mis dos períodos de gobierno --con el apoyo de esta magnífica Junta de Gobierno que me ha secundado--, desde que fui a exponer en el extranjero la realidad cubana, en conferencias dictadas ante pueblos que todavía viven bailando al son de Fidel Castro, hasta la construcción del panteón del Colegio Nacional de Periodistas, donde yace durmiendo el sueño eterno, nuestro amigo, gran profesional y Ex-vicedecano de esta institución, Fernando Carrandi.

También podemos listar entre nuestros logros --y cuando digo nuestros es porque pertenecen a todos-- la revisión y actualización de los estatutos, en lo que le hemos dado en llamar "Reglamento 2000"; y la participación individual o colectiva en actos patrióticos y en cuestiones de beneficios comunitarios, que han afectado la vida de todos los que compartimos esta sociedad multiétnica, desde el anglosajón nativo y el cubano exiliado, hasta nuestros hermanos nicaragüenses y latinoamericanos de distintas procedencias.

La muerte, sin embargo, es lo que más ha empañado la trayectoria institucional del Colegio, arrancándonos a valiosos periodistas, que cumplieron su misión desde la trinchera de la información, de la formación de una opinión pública, o en el ramo del entretenimiento, en los campos de las artes y el deporte; o de aquéllos que, con el mismo propósito y responsabilidad, utilizan los noticieros radiales, o producen las emisiones de noticias que entran con la imagen viva mediante una cámara de televisión, vía satélite.

Así como murió hace dos años nuestro querido Willy del Pino --a quien aprovecho la oportunidad para recordarlo con todo cariño y devoción por su labor de mantener abiertas las oficinas del Colegio y de manejar sus operaciones durante más de diez años junto al cordial Decano Roberto Pérez -Fernández (que gobernó hasta el último día de su vida truncada por el cáncer, electo en tres períodos); y otros que ocuparon este Decanato con devoción, entre los que se destacaron Fausto Lavilla, durante doce años--, es preciso que se recuerde, de forma especial a Mario Barrera, por haber pasado a la historia como el fundador de esta institución, que recogió el sentimiento y el legado del C.N.P. original de la República de Cuba.

Recientemente enterramos también a quien fuera nuestro intachable Vicetesorero y luego Tesorero, José Ignacio Beamud. A él va igualmente nuestro recuerdo imperecedero. Y en los meses por venir, tendremos que afrontar pérdidas similares, que se vislumbran a la sobra de la edad o la salud quebrantada.

Por eso es tan importante que vengamos hoy, en el Día del Periodista Cubano del Exilio, a reafirmar nuestro compromiso, en el Colegio y en el mundo de la noticia, con las energías que aún nos quedan, y con el concurso valioso de los periodistas que nacen y surgen aquí, y que aman igualmente, recuerdan y esperan por la liberación, de la tierra de sus padres, o en muchos casos, en la que nacieron y tuvieron que abandonar muy pequeños.

Cumplida esta piadosa misión de recordar a quienes ya no están con nosotros, debemos hablar de nuestros logros y proyectos. Yo no podría predecir que el año que viene --de elecciones--, todavía estaré aquí, hablándoles como Decano; pero si el deseo de la mayoría de nuestros miembros lo decidiera así, seguiré alimentando con mi prédica, el sacerdocio de nuestra profesión, y ejecutando, con la ayuda de Dios, y una plataforma de gobierno --al igual que cumplí con mis dos anteriores--, que incluirá una serie de proyectos dedicados a mantener y mejorar nuestro profesionalismo; especialmente, el que para mí representa un gran sueño, que es la celebración en Miami de un "Congreso de Periodistas Hispanoamericanos", en el que se expongan realidades que afectan a todo el Continente, y se fortifique la posición del periodista hispano, dedicado, con dignidad y decoro, a servir a la sociedad en que se desarrolla. Y, claro, como no habría de decirlo, ayudando a que mi querida Cuba retorne a la familia de naciones libres y democráticas, a través de las ideas, que es la mejor arma, en manos de un periodista.

Esa misma prioridad profesional y patriótica es la que nos lleva hoy a premiar a un número de colegas, de Miami y de otros puntos del país --periódicos, periodistas y directores--, con un especial énfasis en los semanarios conocidos como tabloides, a propuesta de nuestro Vicedecano, Vicente Rodríguez; y, por supuesto, a los dos rotativos diarios con que contamos.

Con el mismo sentido, hemos seleccionado a dos pioneros del periodismo televisivo, que hicieron historia emitiendo noticias y comentarios por televisión en español, cuando eso parecía un sueño en el Miami de 1960.

El Dr. Manolo Reyes, quien sacó al aire el primer noticiero de televisión de media hora, totalmente hablado en español dos veces al día; y el colega Orlando Naranjo, quien llevó hacia adelante su programa "Comentarios", con entrevistas a dirigentes comunitarios, recibirán hoy el "Premio Nacional de Periodismo 2000" (nuestra más alta distinción), elegidos por mí con el respaldo unánime de la Junta de Gobierno.

Y ya en la cumbre de estos reconocimientos --que algunos llaman "premios"--, le entregaremos al Dr. Horacio Aguirre una placa de honor que reza "A nuestro Presidente de Honor, Dr. Horacio Aguirre, por el 47 Aniversario de Diario Las Américas".

Cuarentisiete años en la dirección de un periódico, no sólo es un logro de grandes proporciones. Representa, además, el carácter visionario de un hombre que llegó a un país que habla otro idioma, y pudo fundar y desarrollar triunfalmente, la existencia ininterrumpida de un medio de comunicación que ha servido a los intereses de una colonia hispana que se agigantaba desde entonces.

Más aún, la dedicación de Horacio Aguirre a combatir sin tregua la nefasta doctrina comunista; y a ayudar, sin declinar en ese empeño ni un sólo día, a la causa de la liberación de Cuba, en su periódico --en sus editoriales y en sus constantes comparecencias a favor de la libertad de prensa, denunciando las atrocidades del castrismo en la Sociedad Interamericana de Prensa (S.I.P.), cuya Comisión de Libertad de Prensa ha presidido, además de haber ocupado otros cargos--, merecen de por sí una recompensa histórica que él se ha ganado.

El Colegio Nacional de Periodistas de Cuba en el Exilio, que me honro en presidir como su noveno Decano, quiere hacer patente también en esta entrega, de forma muy especial y significativa, su eterno agradecimiento al Dr. Horacio Aguirre y su familia, porque su apoyo constante a nuestras actividades, publicándolas en las páginas de DIARIO LAS AMÉRICAS, en una medida en que ningún otro periódico diario lo ha hecho, ni antes ni ahora, ha contribuido a nuestra subsistencia y mejores logros. Por eso esperamos que un día, DIARIO LAS AMÉRICAS circule en una Cuba libre.

Por todo ello, esta placa que le entregaremos al Dr. Aguirre tal vez no sea capaz de llenar al máximo su cometido, por sus limitaciones en tamaño, pero yo si estoy seguro que el aplauso de ustedes a semejante caballero de la palabra escrita y hablada, y de la más depurada devoción cristiana y moral, nos ayudarán a que así sea. Muchas Gracias. # (Octubre 28, 2000).

En el Día del Periodista Cubano Libre

 ( Discurso del Decano del Colegio Nacional de Periodistas de la República de Cuba en el Exilio, Luis Felipe Marsáns, en la celebración del Día del Periodista, 2001 ).


 

Señoras y señores, estimados amigos y fieles patrocinadores:

Me dirijo a ustedes por quinta vez consecutiva desde el cargo de Decano del "Colegio Nacional de Periodistas de la República de Cuba en el Exilio --para el que he sido electo en tres ocasiones por períodos de dos años--"; y que agrupa a los periodistas cubanos desterrados, tanto a los formados en la otrora República, que a los pinos nuevos que crecen en el exilio, bajo las doctrinas ideológicas de la democracia representativa y la libre empresa, egresados de instituciones donde se forjaron profesionalmente, con elmismo reconocimiento de los que han aprendido la profesión en la práctica diaria, trabajando en periódicos impresos o aéreos y en los noticieros de televisión.

En este nuevo "Día del Periodista Cubano del Exilio" --cuya efemérides fue realmente el pasado día 24 de octubre, pero que celebramos hoy por ser el sábado más cercano-- nos complace, primero que todo, honrar a las víctimas del horrendo atentado terrorista contra nuestra nación americana, a quienes dedicamos este acto --según ahondaremos después-- y saludar a todos los miembros de la clase, como ha venido haciendo el Colegio desde que fue constituido en Miami, en 1962; pero particularmente distinguimos a colegas que han sobresalido en el ejercicio de la profesión, desde un cargo o desde otro, porque igual de importante es la labor de dirigir, que la de escribir o hasta de revisar una prueba.

Desde muchacho que tenía inclinaciones periodísticas, me admiraba más que todo, en los tiempos de la Segunda Guerra Mundial, el trabajo de los corresponsales de guerra, que jugaban sus vidas por obtener la noticia en el campo de batalla, desafiando todos los riesgos. Pero nunca pensé que el terrorismo llegara a convertirse en algo tan peligrosos para los trabajadores de la prensa.

Es decir que el periodista de hoy, a pesar de todos los recursos tecnológicos, se han convertido en blanco de los ataques del terrorismo organizado, como hemos visto en las últimas semanas con la oleada de atentados a través de recursos bioquímicos que producen el ántrax, --mortífero si no se descubre a tiempo--, y que ha llegado en sobres a varias figuras prominentes de las tres cadenas nacionales de televisión de Estados Unidos.

Ante estos hechos, me parece oportuno traer a colación nuevamente la tremenda labor social del periodista en el mundo moderno, pero no solamente por la capacidad de llevar la noticia instantáneamente a través de cámaras de televisión vía satélite; y de orientar a través de buenos articulistas, y entretener e instruir, en las columnas de quienes cubren las artes, la música clásica y el deporte, en todas sus ramas; sino además, como blanco de los ataques inexorables de malhechores terroristas, arteros e inaceptables, como los que hicieron volar las dos torres gemelas del World Trade Center, en Nueva York --símbolos de la grandeza del sistema capitalista--, en actos barbáricos donde murieron millares de inocentes ciudadanos.

Hemos llegado a un momento de la Humanidad que, por culpa de estos elementos, ocurren hechos que dan al traste con la civilización milenaria de que gozamos, desde el Imperio Romano de Occidente, que fue la base nuestras estructuras de gobierno y delderecho, hasta el tercer milenio de la Era Cristiana.

Estos hechos plantean una gran preocupación por la estabilidad del mundo, el mismo mundo que le sale al frente lidereado por los Estados Unidos de Norteamérica --nuestro país de adopción-- y la mancomunidad británica, que liderea políticamente el Primer Ministro, Tony Blair, para arremeter contra sectas fanáticas que quieren destruir los mejores logros de la humanidad.

Hoy yo quiero aprovechar una oportunidad de meditar sobre estos hechos, y que tengamos todos un pensamiento y una oración para aquellos que perecieron en la masacre del día once de septiembre, en Nueva York, en Pennsylvania y en el Pentágono; y con ello, nos solidarizarnos con todo el pueblo americano, compartiendo el mismo dolor que hemos compartido en otras ocasiones. ...."¡Septiembre negro, el once; once de septiembre negro, como aquella película que se llamó domingo negro, y que se filmó en el Orange Bowl de Miami...! Sólo que en esta ocasión no ha sido una película, sino una triste y catastrofica realidad en la que los malos salieron triunfantes, y los buenos muertos por centenares... Pero así la están pagando... De ahí que le dediquemos este día del periodista 2001, a los que perecieron en el artero ataque, a sus familiares y al pueblo americano.

Desde la trinchera del periodismo, mediante informaciones y editoriales, seguiremos al lado de Estados Unidos, luchando hombro con hombro y dispuestos al sacrificio; al igual que continuaremos luchando por la libertad de Cuba, como venimos haciéndolo desde hace más de 40 años.

Al condenar los hechos del 11 de septiembre, debemos comprometernos a ser vigilantes para que ellos no se repitan, poniéndonos al lado de nuestro gobierno norteamericano, y elevando una plegaria al cielo del Gran Señor de las Alturas, Arquitecto del Universo, que es Dios, contribuyendo a sanear esta sociedad de todo lo malo, en que vivimos, mediante la oración, siguiendo en nuestra labor de peregrinaje por la libertad de Cuba, por la libertad de América y por la libertad del mundo.

Como decía, al principio, nuestro Colegio de Periodistas reconoce cada año la labor de profesionales de la prensa, y a veces, hasta la de quienes son nada más que colaboradores, como los anunciantes y los que altruistamente, hacen obras en favor de la ciudadanía.

Esta vez escogimos a varios valores de la profesión, que la prestigian, y que son cada uno en su categoría, ejemplos de profesionalismo y dedicación... Así recibirán el "Premio Nacional de Periodismo 2001", del Colegio, Carlos Castañeda, quien ha sido un modelo de periodistas, desde sus años en la Revista Bohemia, de La Habana, hasta su actual posición como director de "El Nuevo Herald", --el hermano hisapano de The Miaimi Herald--; al doctor Salvador Lew, abogado y prominente figura de la radiodifusión hispana del exilio, quien ha merecido por su fecunda trayectoria, el haber sido nombrado por la actual administración de Estados Unidos, para el cargo de Director de Transmisiones a Cuba, en el proyecto más conocido como Radio Martí, que lleva a los hogares cubanos en la Isla la realidad de lo que acontece en el mundo, para destruir la propaganda mentirosa del régimen comunista de Fidel Castro.

Premiados también con éste, el más alto galardón que otorga el Colegio, aparecen la reportera, redactora de investigaciones y, al mismo tiempo, crítica cinematográfica, Vivian Crucet de Martínez, del Diario Las Américas; el magnífico articulista de temas políticos y de interés general, doctor Hector Morales George; de "Diario Las Américas", también; Juan Manuel Cao, reportero estrella de la estación televisiva, Canal 51, que transmite en español por la Cadena Telemundo; cuyos reportajes sobre el tema cubano han sido siempre de primer orden, porque él sabe presentarlos con objetividad y cubanía a la vez; y al periódico "El Nuevo Patria", que edita nuestro colega de la Junta de Gobierno, Eladio José Armesto.

Entendemos también que son acreedores de nuestros respetos y consideración por la labor que realizan, el periodista Humberto Castelló, de "El Nuevo Herald"; el colega Luis David Rodríguez, cronista social del "Diario Las Américas"; y Miguel Piñeiro, quien realiza una labor informativa swegéneris por excelencia, desde su anuario informativo o guía institucional y de negocios, "Miami en sus Mansos".

Asimismo, otorgamos diplomas de Mérito a Vicente Rodríguez, director del semanario "Noticias de La Calle"; al doctor Roberto Ridríguez de Aragón, prominente figura del exilio cubano desde la Presidencia de la "Junta Patriótica Cubana"; y a nuestro cordial amigo Laureano Fernández, Presidente del Club Rotario, única institución en dedicarle anual y sistemáticamente una de sus sesiones-almuerzos al "Día del Periodista Cubano".

Dicho todo esto, bajo el cielo libre de este país, agradecemos vuestra atención --y la colaboración de nuestros patrocinadores habituales--, antes de pasar a la entrega de los galardones mencionados.

Pero no sin antes contraer nosotros mismos el compromiso de recordar, no un día, sino todos los días de nuestra existencia; y de mantenerlo también vigente en los libros de historia, el artero ataque del 11 de septiembre, y de prepararnos para que no se repita, así como pedirle al cielo la gloria para aquéllos que perecieron en el barbárico ataque, hombres, mujeres y niños del pueblo.

Sigamos, pues, nosotros, en el "Colegio de Periodistas de la República de Cuba en el Exilio", nuestro peregrinaje por la libertad de Cuba, por la Libertad de los Estados Unidos de América, y por la libertad del mundo. ¡Dios bendiga a América¡. He dicho.

En el Día del Periodista Cubano Libre

 ( Discurso del Decano del Colegio Nacional de Periodistas de Cuba en el Exilio, Luis Felipe Marsáns, en el Banquete del año 2002, por el "Día del Periodista Cubano en el Exilio" ).


 

(Miami, Octubre 26, 2002)

Cada año, desde que fui electo como Decano de esta institución, en 1997, el Colegio Nacional de Periodistas de Cuba en el Exilio ha venido haciendo entrega de diferentes pergaminos, placas de reconocimiento y medallas de Premio Nacional a aquellos de sus miembros que se destacaron por muchos años de labor profesional, particularmente los que, editorialmente, mostraron siempre al mundo la peligrosidad del comunismo internacional, como régimen totalitario, y la realidad de la tragedia cubana, tergiversada por la propaganda de Castro.

Asimismo, el Colegio y su Junta de Gobierno han reconocido a personalidades e instituciones que, no teniendo precisamente caracteres periodísticos, han ayudado y apoyado la causa de la libertad de Cuba, y el reconocimiento al sacerdocio que representa tener una prensa libre, en la que se es capaz de confiar, informativamente y orientadoramente, mediante su aporte moral, acompañándonos en una ocasión como esta de hoy en que celebramos el Día del Periodista Cubano en el Exilio.

Esta vez, sin embargo, hacemos un alto en el capítulo de estas concesiones, porque creemos que hoy, en que celebramos el cuadragésimo aniversario de la fundación de esta entidad, es, precisamente, el Colegio quien debe recibir el premio de todos nosotros.

Premio que se materializa con la presencia de un vasto número de instituciones que están aquí presentes, como son Bacardi U.S.A., los Productos Goya, el Diario Las Américas, El Nuevo Herald, Remedios Díaz Oliver y su "All American Containers", las escuelas Lincoln Martí, la Junta Patriótica Cubana, el Hospital Mercy, la BellSouth, el Museo Cubano, el Ocean Bank, El Dorado Furniture, y la guía hispana de teléfonos "Miami en sus Manos", que hasta nos ha donado los servicios de una orquesta.

Y, en todo caso, en este recuento de los 40 años, dediquemos un pensamiento a la memoria de quienes fundaron el 11 de octubre de 1962, según reza en el acta de Tallahassee; este "Colegio Nacional de Periodistas de la República de Cuba en el Exilio", que ha cumplido cabalmente los postulados para los que fue creado.

Ellos, Mario Barrera (el priemer Decano), Salvador Díaz-Verson, Vicente M. Martínez, Manuel A. Piña, Alberto Rodríguez y Carlos Tamayo, podrían ser los premiados de hoy, pero la muerte se los ha llevado, con la excepción de Armando García Sifredo, que está fuera de la ciudad.

Por eso es prudente que tengamos un pensamiento a su memoria, extensivo a quienes han caído desde mi primera administración, como ocurrió con de Luis Fernández Caubí, Máximo Sorondo, OlimpiaRosado, Willy del Pino, José Beamud, José Elías Bello, Luis Osvaldo Escobar, Giraldo Casanova, y, más recientemente, Mauricio Hernández, José Marín Collazo, y Pompilio Ramos.

En un día como hoy, también recordamos a otros que, habiendo pertenecido a generaciones anteriores, prestaron al Colegio sus servicios desde distintos cargos, como los Exdecanos Carlos Romero (fallecido recientemente), Fausto Lavilla, Decano por 12años; Laurentino Rodríguez, Roberto Pérez-Fernández, y Ramiro Boza, los tres Decanos por más de un término; y los que ocuparon otros cargos, o fueron prominentes soldados de fila, como Juan Morenza, Antonio Perdice, José Antonio Fernández Porta, Isa Caraballo --Senadora de la República--, Guillermo Martínez Márquez, Evaristo Savón, Silvio Fontanillas, Joaquín de Posada, Fernando Carrandi, Euripides Riera y Manuel Mariña, entre otros que puedan escapar a mi memoria.

Y al hablar de periodistas muertos, debemos mencionar a uno que, aunque no militaba en las filas del Colegio en el Exilio, fue merecedor el año pasado del Premio Nacional de Periodismo que otorga nuestra institución a los profesionales más notables, y que él, Carlos Castañeda, lo recibió aquí mismo, de mis manos, como tributo a su fecunda labor de varias décadas, en el Nuevo Herald y en muchas otras instituciones de prensa, particularmente la Revista Bohemia, de La Habana, en tiempos de Miguel Ángel Quevedo.

Aprovecho igualmente esta oportunidad para señalar la gran crisis por la que está pasando el Colegio con todas estas muertes; porque mientras que los años pasan, son menos los periodistas que iniciaron esta noble gestión de mantener a la clase unida en el destierro, con profesionalismo y cubanía; y van siendo menos los que se sacrifican para hacer realidad esos ideales.

Una labor de proselitismo ha dado buenos frutos en el último año, pero ésta debe incrementarse aún más, para que el Colegio pueda continuar sus derroteros, con sangre nueva incorporada a sus filas, y el aporte financiero por concepto de cuotas, que cada vez se minimiza más, mientras que los gastos de alquiler y de edición de nuestro "Papel Periódico" y de franqueo postal, aumentan.

Pero es bueno que, en este, mi sexto año de gobierno --que pudiera ser el último--, hagamos también un recuento de algunos logros importantes que hemos alcanzado durante estos tres períodos de elecciones continuas.

Con mi mejor iniciativa y deseos de trabajar por la clase, fui al Seminario internacional "Imagen de los países en la Noticia", de la Universidad de Barranquilla, Colombia, invitado por la OAPI (Organización de Asociaciones Periodísticas Iberoamericanas) a dictar una conferencia sobre el caso Cuba, que allí ni se mienta, sumido el país en sus propios problemas.

Asistí también a cuantas comparecencias de televisión se me invitó, como cuando denunciamos el atropello a los restos de compañeros enterrados en el panteón de la Asociación de Reporters, en la Habana, según un juego de fotos que nos entregaron.

Nos solidarizamos en una declaración de principios (publicada en DIARIO LAS AMÉRICAS), con los autores del histórico documento "La Patria es de Todo", así como con hechos similares; y, en lo que constituye el más grande de nuestros logros en toda la historia del exilio, hicimos construir con fondos extraordinarios del Colegio --y el apoyo de los miembros de la Junta de Gobierno--, el panteón del Colegio Nacional de Periodistas de Cuba en el Exilio, en el Cementerio Miami Memoria, donde hoy hay ya tres bóvedas, de las 18 existentes, ocupadas por los colegas, Fernando Carrandi, Adela Jaume y Pompilio Ramos.

Al agradecerles vuestra presencia aquí, sólo quiero recordarle a los miembros activos del Colegio, y, particularmente, a aquellos que conmigo conforman su Junta de Gobierno, que el destino de esta institución está en sus manos. Que mantenerla viva y a flor es una cuestión moral, para que nunca desaparezca del panorama de la vida americana, sino que siga siendo el símbolo de la libertad de prensa y del periodismo cubano, que un día segó en la Isla el régimen de Fidel Castro.

Pero también para que nuestros sucesores puedan ir un día a la Cuba republicana, que inevitablemente llegará otra vez, para amparar el ejercicio de esta noble profesión, con la colegiación masiva de todos los profesionales, y el mantenimiento de la libertad de prensa.

La Democracia es el sistema del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, y su primera conquista radica en la libertad individual de expresión, que se plasma en la libertad de prensa para los medios impresos y de difusión radial y televisiva.

Pero la libertad de prensa, por importante y formadora de estados de opinión, debe ser algo sacrosanto, en manos de profesionales que sepan manejarla con responsabilidad y decoro, porque su abuso, la convierte en libelo, que más que orientar, corrompe la noble misión para la que fue creada.

Cuidando a nuestro Colegio de Periodistas y a nuestras instituciones de prensa, y dejando a un lado los intereses privados, estaremos contribuyendo a tener un periodismo mejor, orientado y bien informado; por lo que veo que esa es la misión más importante del Colegio del mañana, en una Cuba Libre y soberana, para todos y por el bien de todos. Gracias.

(Los discursos continúan en las dos siguientes secciones, desde el 2003 al 2006, ademas de los de una sesión especial por el 20 de Mayo y un recibimiento a Editores de Periódicos Hispanos).