La Olga Guillot que perdimos representó lo mejor del bolero pero también fue la imagen impactante de la mujer cubana

(Ilustro este trabajo con trozos de una entrevista que le hice en enero de 1995, entre muchas otras que fueron  publicadas en distintas fechas)

Por Luis Felipe Marsáns

Viviendo en  mi nativa Cuba –a mediados de la década de 1950--,  yo era un  joven lleno de ilusiones, que se alimentaban con los boleros  románticos (aparte de la intelectualidad de la música clásica), cuando surgió en el panorama del arte popular de la Isla, la figura incomparable de Olga Guillót; quien luego fuera la reina de los escenarios melódicos por doquier,  convertida ya en la figura  internacional artística por excelencia, que apelaba al buen gusto de todos con su   emotiva ejecución de un repertorio que en ella cobraba una vida distinta,   avalado por su sutil hermosura de la joven mujer cubana de entonces,  que hacía  vibrar  con su mensaje poético, cantándole al amor que renuncia a todo en aras de su grandeza misma, como ella  lo  expresó siempre en “Miénteme”, su himno de presentación.

Olga era entonces una atracción inevitable que arrastraba a los jóvenes  y a los que no lo eran tanto, porque siempre supo aunar a sus dotes de artista de primer orden lo apasionante del bolero cubano que enaltecía al amor en sus mayores dimensiones, con el carácter y el dramatismo de la artista genuina, que va más allá de la simple canción para llevar su mensaje al paroxismo de la relación sentimental de una pareja, encerrado en el bolero, que traspasaba todas las fronteras.

Cuando la revolución comunista transformó el destino de la  Isla, ella se convirtió en algo todavía más representativo ante el mundo, que la artista por excelencia para su género musical más admirado y refinado dentro de la música popular. Al marchase para siempre para no doblegarse a la doctrina totalitaria, fue desde entonces la embajadora artística que subía a los escenarios de todos los países que la acogían,  fundamentalmente de México, donde desarrolló aún más su carrera y vivió durante muchos años, antes de radicarse en Miami “para estar al lado de los míos”. Y en Miami murió en el mes de julio del año 2010,  rodeada del cariño de todos sus compatriotas, pero sin poder lograr su sueño de “volver a cantar en una Cuba libre”, como siempre decía.

La primera vez que vi cantar a Olga Guillot en el exilio, fue en el ya inexistente Teatro Hialeah (del que era copropietario Charles Siegler, fotógrafo periodístico de los artistas en la Cuba Republicana); en lo que constituyó, todavía en la década de 1960, un espectáculo sin precedentes, artístico y patriótico, que culminó con la vibrante  ejecución de “Mi Habana”, pieza que levantó al público de sus asientos, tal como  cuando, al final de la misa que le ofreció el Arzobispo de Miami, en la Iglesia de St. Michael (San Miguel, El Alcángel), se escuchó en una grabación, que arrancaba las lágrimas de los asistentes que no la esperaban. Fue como un  Réquiem de  Olga Guillot para Olga Guillot.

Lo que más conmocionó la muerte de Olga Guillot, a los 80 años, no tenía sólo que ver con  su trayectoria artística, cuyo legado perdurará siempre en sus grabaciones de discos, videos y películas: fue la desaparición física de la cubana típica que hacía honor a su origen, compartiendo con la gente de todos los niveles; y  que a la par que recibía la admiración y el respeto de todos los que tuvieron la oportunidad de tratarla; ella los reciprocaba a raudales, con una sencillez asombrosa de la  persona que había conquistado  artísticamente al mundo, a través de la canción y otros géneros musicales, en sus ejecuciones sin par, particularmente, del bolero.

En una entrevista que le hice a Olga Guillot, en  enero de 1995, ella me dijo, respondiendo a una pregunta  sobre su inmortalidad en el gusto popular, que “como que mi género es el bolero, que siempre lo he mantenido como algo fundamental de mi trabajo cuando canto; he dejado una huella en todos, como para que la gente me tenga presente siempre”.

“Claro, que otro factor es el estilo, que fue lo que más impresionó al público desde que era jovencita; y por ello me siento muy satisfecha, ya que he sido una escuela para muchos, dejando una maestría”, agregaba entonces.

 “Mimada por el público cubano desde sus inicios en el canto –por su musicalidad, linda voz, subyugante personalidad y grandilocuencia expresiva en sus interpretaciones--, Olga Guillot era ya en los años de 1950 una artista que se empinaba al estrellato internacional, en presentaciones en vivo y mediante una producción de discos que sus admiradores tocaban continuamente en sus hogares, cuando no los escuchaban a través  de la radio.

En la entrevista a que me refiero, la cuestión  del repertorio fue un factor importante cuando hablamos sobre la carrera de Olga, en una época en que el romanticismo más acendrado se tendía por los cielos de Cuba y la América Latina, particularmente en Chile, donde Lucho Gatica, entre los cantantes masculinos, emergía con un estilo diferente, que cautivó a los cubanos.

“Tuve la suerte de que todos los compositores que he interpretado, me han dado éxitos –y yo les vivo agradecida a todos ellos--, de manera que hablar de preferencias es un poco difícil; pero está, por otro lado, la historia de Miénteme, que, como un himno, fue la canción que me internacionalizo, y que, por consiguiente, yo canto donde quiera que voy”, y puntualizo la Guillot.

 “Fue mi primer disco, mi primer bolero, y el que comenzó a darme vigencia pública y me sacó fuera de Cuba a seguir cantando; así que Miénteme siempre va conmigo, porque es como si tu le quisieras decir a Frank Sinatra que no cantara mas My Way, o esperar que Liza Minelli dejara fuera  de repertorio su clásico New York, New York,” enfatizó Olguita.

En ese mismo nivel de importancia, Olga Guillot mencionó Tú Me Acostumbraste, de Frank Dominguez,  “que no me abrió Cuba, pero sí me abrió otros países, incluyendo a Mexico, donde me adoran y admiran, al extremo que me llaman la maestra”.

En otro punto de esta entrevista, la Guillot dijo que en una presentación que ella ofreció junto a Lucho Gatica y a Los Diamantes, en el cabaret miamense La Scala, del hotel Los Cuatro Embajadores –como un homenaje al bolero--, “fue también la manera de darnos el gusto nosotros mismos, ya que vemos como esta generación nueva está arrullándose y los cantantes de ahora, como Luis Miguel, están triunfando con el bolero y las cosas que hicimos nosotros hace cuarenta años”.

“¡Qué bueno que estamos nosotros vivos —Marco Antonio Muñiz, Lucho Gatica y yo, entre otros—para ver este renacimiento!”.

Recordó Olga Guillot, cómo muchachos que contaban en ese momento 15 años de edad solamente, “siguen admirando la memoria y las interpretaciones en discos de Elvis Presley, como el Rey”; y dijo que si algo ambicionaba de veras para el futuro, “es que cuando yo falte, las nuevas generaciones de cubanos y de latinoamericanos sigan admirando mi memoria…No quiero morirme por muchos años más, pero cómo que eso es inevitable cuando nos llegue el día, sería maravilloso que me recordaran así”, preciso.

OLGA GUILLOT Y LUIS FELIPE MARSANS

Pero hubo algo excepcional que dio carácter a la vida de Olga Guillot: su cubanٌa.  Gracias a que la fama internacional no opacó nunca sus sentimientos de cubana y su amor por la libertad de su pueblo, la causa de la liberación de Cuba, y su anticomunismo, estuvieron  siempre presentes en todas sus actuaciones.

Cuando hablamos durante esta entrevista (1995) de sus presentaciones llenas de patriotismo en el Teatro Hialeah, Olga me dijo: “En esa época yo tenía ya  la puerta grande en México, y, sin embargo, venía a Miami a esos espectáculos para ayudar a todos mis amigos cubanos que tenían sus negocios de teatro, porque aunque yo estaba ganando cualquier cantidad de dinero, sabía que en Miami no había espectáculos, y que con mi presencia contribuía a alentar a los exiliados”.

“En México cantan hasta las piedras, y, sin embargo, allí aceptaron mi estilo y me dejaron desarrollar mi carrera artística y ser respetada y admirada por todos; pero cuando venía a cantar aquí, en Miami, me divertía mucho porque también me hacía falta estar entre mis raíces y mi gente, en ese calorcito cubano, donde llorábamos juntos cantándole a La Habana, en un minuto donde estábamos todos muy sensibles y heridos”, añadió.

Olga se refirió también a las críticas que generó en algunos sectores  su respaldo incondicional a la causa de la libertad de Cuba, “cuando llegaron a decirme que dejara eso a un lado porque yo era una artista”. Y continuó diciendo: “Chica, vas a echar a perder tu carrera, tú no eres política, me dijo uno; y yo le respondí: la desgracia de mi país no es política, y no se equivoque, porque eso es patriotismo, y la patria es una sola donde uno nació”. De ahí que todos los cubano exiliados le concedieron a Olga Guillot el apelativo de ¡Olga de Cuba!.

Y con el mismo tema cubano, Olga Guillot llegó al final de esta entrevista de 1995 diciendo: “Salí de Cuba hace 35 años, que no es cualquier cosa, y lo único que le pido a Dios es no perder el color en el exilio, sino seguir manteniendo mi lucha en todos los escenarios que me necesiten, y los que yo voy espontáneamente, como cubana, para poder ver si algún día, Dios se apiada de nosotros y nos permite volver a nuestra patria”.

Ante el féretro de Olga, en la misa de cuerpo presente que se le tributó en la Iglesia de St. Michael, de Miami, recordar estas palabras producía en nosotros una profunda conmoción, porque Olga Guillot, no podría ya volver con vida a su nativa Cuba, la tierra de la que durante medio siglo fue una exiliada por excelencia y un símbolo de la lucha de los cubanos por lograr su libertad. Descansa en la paz de Dios, mi querida Olguita, gran artista y amiga y, sobre todo, gran cubana.

Luis Felipe Marsáns, Miami, julio del 2010.  ©

 

Fuera del contacto humano  obras de Miguel Angel, para evitar agresiones

Obras de las principales realizadas por el gran escultor renacentista Miguel Angel  (Michelangelo Buonarroti) yacen en Florencia, Roma y el Vaticano, sólo a distancia  de los ojos de miles de seres humanos que acuden cada año  a visitar “el viejo mundo”, con el objeto de frenar la posible intención  destructora de alguien que quiera  aproximárseles para agredirlas, como ocurrió con la figura excepcional de La Piedad –que como el Moisés y el David--, alcanzan una perfección  sin paralelo en la historia del arte universal, desde la antigüedad hasta nuestros días. Lea esta pincelada que escribí  en el 2009, sobre Florencia, Pisa, Verona, Venecia, Roma y El Vaticano, con fotos exclusivas, en la página 22 de este Web Page, yendo a la guía "Final en C.N.P." En "Lo tradicional" (Página 6), podrá leer acerca de una exposición que trajo El Vaticano a Fort Lauderdale, hace algunos años. También en esta misma página, más abajo, "El reto de la crítica a los artistas plásticos", en exposición y concurso del que fui jurado).

 

Recordando el ayer sinfónico y cultural de Miami

Un programa dirigido por Lorin Maazel en el “Jackie Gleason de Miami Beach”  hizo historia por su virtuosismo interpretativo de Beethoven

Por Luis Felipe Marsáns

Lorin Maazel, uno de los directores más importantes de todos los tiempos, se lució hace unos cuantos años, en febrero del 2003, en el pódium de la Filarmónica de Nueva York, que vino a abrir su gira anual alrededor de la nación, en el  Jackie Gleason Theater of the Performing Arts, de Miami Beach, en programa auspiciado por la "Asociación de Conciertos de la Florida", más  conocida entonces  como  "la serie de Judy Drucker".

El programa comenzó fraccionadamente, yo creo en parte que para darle la oportunidad al gran público que asistió, que fuera acomodándose en los asientos, entre una pieza y otra,  ya que al   tratarse de piezas de la música incidental de  Sueño de una Noche de Verano, de Félix Mendelssohn, quedaban suficientes eespacios entre una y la otra. Pero también hubo poca suerte en eso, pues la Marcha Nupcial , que para mí, y creo que para  cualquier otro amante de la música es lo más trascendente de la obra, fue suprimida.  Por otra parte, es significativo notar que Mendelssohn comenzó a escribir esta obra   cuando tenía solamente 17 años de edad; y, cuando se dispuso  a terminarla, 17 años más tarde,  mantuvo la misma frescura del comienzo.

Vale mencionar, antes de adentrarnos en la crítica  que escribí propiamente, que tanto el director como la orquesta interpretaron, tocando de pie, una vibrante versión del Himno Nacional de Estados Unidos  --a  la que el público se le sumó cantando la letra--, seguramente para honrar la memoria  de los siete astronautas del "Transbordador Columbia",  que perecieron  unos días antes, o, tal vez, como es usual hacerlo en tiempo de guerra, a la sombra de los últimos acontecimiento en las Naciones Unidas.  

EL MAESTRO LORIN MAAZEL EN EL PODIUM DE LA FILARMONICA DE N.Y.

Tras la obertura de  "Sueño de una Noche de Verano”,  a cuyo final, el maestro se retiró del escenario, como si fuera un intermedio,  gran parte de los asistentes comenzaron a aplaudir, como si se tratara de una obra completa, y pienso yo que, con la mismo intención, se escucharon aplausos después de sus dos  piezas restantes  Nocturno  y  Scherzo ; pero según continuaba la velada, comprendí que quienes hacían eso --probablemente miembros de un público nuevo--, no sabían que no se aplaude entre un movimiento y otro, porque durante la ejecución de las sinfonía, persistió el error.

Realmente, tanto las piezas de Mendelssohn, en su gran música incidental shakespeareana, como en la sinfonía llamada "Praga" (No. 38), de Mozart, el ensamble sonó muy bien, pero sin mucha diferencia a como podría hacerlo cualquier orquesta regular, incluyendo, si se quiere, a la entonces Florida Philharmonic,  ya que el número de músicos empleados por Mozart, y la suave dinámica de Mendelssohn, no creaban una gran diferencia.

Sin embargo, después del intermedio, todo cambió, en la"Quinta Sinfónica de Beethoven", donde Maazel hizo sonar con gran volumen y brillantez una composición escrita para orquesta gigante, como es la  "Filarmónica de Nueva York”, que le añade a sus dimensiones,  la precisión de llevar tocando más de150 años, siempre con músicos superdotados y bien escogidos; y la contribución de directores virtuosos, como  fueron Bruno Walter, Leonard Bernstein, Zubin Mehta y, el mismo Maazel, por mencionar algunos de ellos.

Al  trabajo de Maazel en el pódium hay que agregarle el hecho de que él lo realiza con extraordinaria espontaneidad, control de la dinámica y los tiempos, fineza en el estilo y una marcada emoción en cada una de sus partes; además, dirigiendo de memoria  partituras que son extremadamente largas y complicadas en la disección de su arquitectura musical. Por todo ello, la interpretación de esta  Quinta Sinfonïa de Beethoven  tuvo un carácter excepcional  en cada una de las secciones  --con especial énfasis en la madera--, y en la ínter relación  de todos los miembros de la orquesta.

Cuando Maazel llegó  a los últimos compases que cerraron esta gran sinfonía  del hombre que hizo  pasar la escuela puramente clásica hacia el romanticismo, como un eslabón unificador en la historia de la música, el público asistente le ofreció una estruendosa  ovación, que parece haberlo emocionado tanto como para que él dijera, humildemente: "Bueno, ya que he visto que les gustó nuestro Beethoven, vamos a tocarles la  Obertura de Egmont”.

En ese momento, las filarmónica crujió nuevamente, primero en la exposición de los acordes del destino, en los registros bajos de las cuerdas; y luego en su desarrollo orquestal del  Andante con moto,  antes de llegar a un final glorioso  Allegro-Presto,  que bajo la batuta de Maazel, colmó la ejecución llenando las mayores expectativas, que pusieron en alto nuevamente la sensacional calidad de la  Philharmonic Orchestra of New York,  tanto como de su  director , Lorin Maazel. 

Y  para terminar –aunque se trate de otro  tema— me gusta  recordar (aunque sin entrar en detalles), que   Mazeel ha sido para mí uno de los directores más virtuosos en toda la historia (también como violinista impecable de los conciertos de Año Nuevo de Viena, emulando al mismo Strauss); y que, particularmente,  se creció también a lo máximo, en otro concierto que dirigió “explosivamente” al frente de la “Orquesta Sinfónica Nacional de Francia”, tocando  Cuadros de una exposición, de Mousorsky-Ravel, en los predios del mismo Jacquie Gleason Theater, de Miami Beach, centro que era entonces  de la cultura musical en esa  región, antes del populismo que luego alcanzó “South Beach”, como Meca de la juventud estadounidense y de otras latitudes.

Brillantes, la pianista y Tilson Thomas, en concierto de la "New World Symphony"

 

Por Luis Felipe Marsáns

 

En la inauguración de su temporada de conciertos correspondiente al bienio del 2004-2005i, el sábado, día nueve de octubre la “New World Symphony” logró ensamblar un excelente programa, en su hogar propio del Lincoln Theatre, de  Miami Beach,  con la singular  ejecución de obras pertenecientes al repertorio ruso, que no sólo estuvieron bajo la magistral batuta de Michael Tilson Thomas, sino que, además (temporalmente, conforme a uno de los programas educacionales de la orquesta), del joven director invitado Benjamín Shwartz –graduado del Instituto de Música de  Curtis, en  Filadelfia; y Director Asistente de la Sinfónica de Deleware--, quien condujo la obertura de Russlan y Ludmilla, de Glinka.

 

Tilson Thomas, quien siempre sobresale por su fina personalidad, sentido didáctico y una absoluta erudición en las explicaciones sobre lo que va a tocar, constituyó de por sí un capítulo extraordinario  de la velada, dirigiendo  la Sinfonía Númro 9 de Dmitri Shostakovich, en la que transmitió a los músicos (35 de ellos, sustituidos esa temporada, de acuerdo al carácter académico de la orquesta),  el espíritu inquieto de semejante partitura, pero más aún el expresionismo orquestal que caracterizó a Shostakovich, como uno de los compositores más virtuosos del siglo pasado.

 

 EL MAESTRO MICHAEL TILSON THOMAS CONDUCIENDO LA "NEW WORLD SYMPHONY"

 

Compuesta en cinco movimientos, la sección de metales logró momentos de estupenda grandiosidad, con un aire   marcadamente marcial y, como la enunciación de los metales  en el primer tiempo,  que luego recoge la orquesta en sus diferentes secciones, durante la extensiva temática de la obra. Pero en una composición así, hay muchas otras cosas que resaltar, como el trabajo preciso y convincente de la madera en el Presto y en el Largo, así como el emocionante aporte de los instrumentos de percusión, particularmente del bombo.

 

Pero tal vez el momento más sorprendente  de la noche haya llegado en la ejecución del Concierto No. 1 de Pedro Tchaikovsky, concedido en su parte solista a Daria Rabotkina (muy joven entonces), quien se desenvolvió a lo largo de la obra con un dominio sensacional de los tiempos y la dinámica, manifiestos a lo largo de semejante partitura  con una soltura que a veces escasea hasta en el aporte de los más grandes  maestros  del instrumento.

 

Para mí, particularmente, el primer movimiento de la obra fue el mayor logro de la pianista, que deslizó sus manos sobre el teclado con resuelta soltura, precisión y limpieza, además de impregnarle una emotividad artística que revelaba su  singular sensibilidad artística,  acoplándose bien al maestro en los pasajes concertantes; en igual brillantez que la de su interpretación propia de las cadenazas.

 

De otro lado, el Alegro non tropo y el molto maestoso del segundo tiempo fueron momentos de la ejecución por la Rabotkina de gran inspiración y manejo de la técnica  pianística, que en ese instante de la obra, requieren el empleo de una rápida digitación, dispuestas para ambas manos, en igual exigencia.

 

Gracioso con creces, el Andantino del tercer tiempo –-que arranca con un golpe de tímpano y una fuerte frase en las cuerdas--, fue otra oportunidad de lucirse de la ejecutante,  quien tras notársele una brevísima incertidumbre,  que superó en el acto, llegó  al Alegro con foco del final con la misma  seguridad de  los tiempos anteriores,  emocionante en los crescendos, en elevada comunión con la orquesta y su director, que dio lugar a un cierre de grandes y gloriosas sonoridades, que levantó al público de sus asientos.

 

Daria Rabotkina, nacida en Kazan, sorprende también por cómo es capaz de juguetear con el teclado siendo una intérprete tan joven en el momento; pero eso podría tener su explicación en el hecho de que nació en el seno de una familia de músicos, que enseguida la orientaron hacia esta maravillosa carrera; por lo que, a la edad de cinco años, ella estaba ya ofreciendo  su primer concierto en público. Daria ha sido ganadora de competencias importantes de piano en  diversos países de Europa Oriental; además de haberse presenado en festivales de Finlandia, Moscú, Francia, Alemania y Estados Unidos.

 

Pero  una noche dedicada a la música de Rusia, Michael Tilson Thomas no quiso terminarla con la aparición  de Daria. Como encoré, el maestro dirigió  su orquesta en la  resonante y casi acrobática Danza de los Marinos Rusos, de Gliere, en una ocasión que, de por sí, era trascendental, especialmente por el hecho de que allí habría  la décimo séptima temporada en existencia de la orquesta, que representaba la misma cantidad de nuevas orquestas en una misma, debido a los cambios anuales que siempre se producían en ella, como dije anteriormente, a causa de su carácter académico.

 

 Más aún, manteniendo desde el principio, la calidad sin par de un ensamble formado por graduados de las mejores universidades y conservatorios de Estadios Unidos, que vienen a Miami a estudiar repertorio, y salir luego a incorporarse en otras orquestas proesionales, con un sentido permanente.

 

Funciones de Cecilia Valdés han confirmado  la   contribución cultural hispana de “Grateli”

Por Luis Felipe Marsáns

La importancia que ha tenido la Sociedad Pro Arte Grateli en sus  años de existencia fue destacada por sus   principales fundadoras y Directoras, Pili de la Rosa y Marta Pérez  (esta última, ya fallecida) , en el curso de una entrevista que les hice, en ocasión de su trigésimo segundo aniversario.

“Cuando Miguel de Grandy me dijo que había en Miami un matrimonio (Pili de la Rosa y Demetrio Menéndez) con los que se  podía contar para crear una asociación artística que impulsara el arte musical cubano y español, ayudando a la vez  a formar nuevos valores, no vacilé en cancelar una gira que estaba haciendo por Europa, para venir a Miami a acometer esta empresa; y  después de muchos años, veo todo lo que hemos hecho", dijo Marta Pérez, en tal ocasión.

La "Diva de Cuba", que gozaba entonces de perfecta salud,  también me expresó que no le ha pesado ni un instante el hecho de sacrificar su carrera personal para dedicarse a  la creación de  una compañïa lïrica para preservar el arte musical autóctono cubano, "particularmente la zarzuela", y, de ellas, Cecilia Valdés, que fue presentado un número de veces siendo ella la figura principal; y luego otras tantas, con artistas invitadas, como Virginia Alonso, por citar una.

También se ha presentado por parte de Grateli, durante este tiempo, María la O, El Cafetal, Rosa, la China, y muchas otras  obras del repertorio; además de las principales zarzuelas españolas,  montadas con artistas de renombre; así como muchos de ellos han actuado independientemente, en funciones de gala, como son los casos de  Amparo Revelles, Nati Mistral, Jorge y Alberto Belet, Alfredo Krauss y Rocïo Jurado.

Una de las presentaciones de Cecilia Valdés  de la Sociedad Pro Arte Grateli, fue en la que el papel estelar estuvo a cargo de  la  joven soprano Eglis Guitérrez,  cuyo excepcional talento la ha llevado a presentaciones operísticas de grandes rangos, incluyendo la “Opera de Miami”, no sólo por su  magnïfica voz, sino por sus posibilidades artísticas.

EGLIS GUTIERREZ DURANTE UNA ACTUACION

"Eglis Gutiérrez va a ser siempre una gran Cecilia, por su maravillosa voz, y las facilidades que tiene para la actuación, en un papel que me hizo dar la vuelta al mundo, y que yo le prometí a Gonzalo Roig, que mientras que yo tuviera vida, ella la tendrïa también", sostuvo Marta Pérez, en la entrevista a que hago referencia. El legado de Marta, pues, se ha hecho realidad en la señorita Gutiérrez.

Por su parte, Pili de la Rosa expresó que tanto ella como Demetrio están muy complacidos de haber fundado la compañïa  Grateli (abreviatura que responde a "Gran Teatro Lïrico") junto a Miguel De Grandy y a Marta Pérez, "sobre todo porque hemos logrado  mantener vigente el repertorio de las zarzuelas cubanas y españolas, además de haber  presentado a  artistas de gran envergadura; pero principalmente porque Grateli se ha convertido en la compañía que ha descubierto y forjado a los grandes valores de la música lírica cubana de hoy y del mañana".

Pili ensalzó también la labor del maestro Alfredo Munar, cuyo talento  hizo posible que,  de un disco, surgieran las nuevas partituras que se ejecutan hoy, ya que todo ese material quedó encautado por  el régimen  comunista de los Castro; y denotó especialmente el caso de la "Marcha Habana", que faltaba completamente, y que sólo se pudo reincorporar a la obra, gracias a que Gustavo Roig (hijo del compositor Gonzalo Roig), se la tarareó al maestro Munar  por teléfono, para que él pudiera hacerle el arreglo.

En la grabación original de Cecilia Valdés,  data de los años de 1950 –precisamente con Marta Pérez en el papel estelar femenino--; pero su primera presentación en vivo fuera de Cuba, tuvo lugar en el Carnegie Hall, de Nueva York, en 1962, también con Marta Pérez en la actuación principal, dirigida por Alfredo Munar siguiendo sus propios arreglos, según su propio relato, en una mini entrevista aparte.

 

  ¡Beethoven vive allá arriba!

 Por Luis Felipe Marsáns

La afición por la música clásica no es algo que pueda transmitirse fácilmente si no hay en una persona dada los elementos propios de sensibilidad y gusto por una manifestación de carácter culto como es ésta, y una persistente disciplina por estudiarla, sea como intérprete de un instrumento, o como un simple diletante. Sin embargo, creo con certeza que una de las fuentes de acercamiento al campo musical clásico, está en los niños, dirigiendo sus inclinaciones desde sus primeros años, al igual que a veces se hace con la pelota y fútbol.

Para ello contamos hoy en día con numerosos recursos educaciones, que pueden recrear  el ambiente musical de la antiguedad, en que el interés  primaba lo mismo en las Cortes y en la Iglesia, como entre los menos afortunados socialmente hablando, que compensaban la falta de recursos con la riqueza incomparable de una partitura musical, escuchada en vivo, dada la ausencia de los discos,  mucho antes de que estos fueran inventados.  

 

OLEO DE BEETHOVEN DEL FALLECIDO PINTOR CUBANO ALFREDO MAS

Beethoven vive allá arriba, en discos de DVD, con imagen y el sonido más auténtico a que podamos aspirar, es uno de esos instrumentos a que me refiero, capaz de proporcionarle al niño una perspectiva eficaz de lo que fue la vida y música del gran compositor alemán, dentro de una serie creada al efecto --“Classical Kids, historias sinfónicas para todas las edades”--, que inclina al muchacho a interesarse  por este arte, abriéndole su admiración por los actores del teatro musical sinfónico de varias épocas, como Bach, Mozart y Tchaikovsky: sus vidas, la lucha por la subsistencia y la entrega a la creación musical.

La serie en cuestión, que tienen como productora a Susan Hammond, está siendo distribuida en Estados Unidos por  "Naxos of América  y sus volúmenes pueden adquirirse llamando al número de teléfono 1-800-7578372, ó en la dirección cibernética www.childrensgroup.com

Beethoven vive allá arriba" (Beethoven Lives Upstairs)  expone elocuentemente la tragedia personal de este gran genio de la música, que compuso muchas de sus grandes obras oyéndolas en su imaginación, por cuenta de estar sordo; condición que alcanza su más alto dramatismo en la "Sinfonïa Número Nueve (Coral)", en cuya primera audición, la orquesta terminó antes que él (había realmente un director que llevaba la música en un ángulo aparte de la orquesta), en un episodio doloroso, que le hizo pensar por un momento que el estreno estaba fallido. El DVD está editado de forma que los diálogos pueden escogerse en tres idioma, a selección propia: español, inglés y francés.

  El reto de la crítica a los artistas plásticos visto desde el aspecto competitivo

Por Luis Felipe Marsáns

Siempre he creído en el valor de las competencias artísticas --particularmente en música--como medio de identificar a los mejores intérpretes mediante la capacidad de cada quien para expresar sus  facultades propias, y exponer su sensibilidad, creatividad y fuerza expresiva para transmitir un mensaje,  pictórico o escultórico,  figurativo o abstracto. Sin embargo, la competencia puede ser un arma de doble filo tanto para los artistas como para el jurado por igual.

O sea que ¿cómo habríamos de poder medir con justeza en un mismo concurso a un número de ejecutantes si ellos se presentan tocando, pintando o esculpiendo piezas de diferentes géneros, escuelas o épocas;  o, incluso --en el campo de la música--, saliéndose de lo que es puramente lo instrumental para adentrarse en el campo de la ópera, entonando arias escritas para tal o cual tesitura?

A lo largo de mis años de asociación profesional con el arte, he tenido la oportunidad de ser jurado, en muchas ocasiones, en competencias de  canto, piano,  composición, obras  con orquesta, pintura, y --no se sorprenda--, belleza femenina, en lo que se ha dado a llamar, a través de la historia, "Miss" o Señorita tal o cual; y sobre esa experiencia, no pocas veces  he quedado insatisfecho con la vaga percepción  del público sobre  este trabajo, al darse a conocer el resultado final.

Pero cuando llegamos al terreno de la pintura propiamente, la cosa se pone todavía más complicadal. Un día del mes de  julio de 1999 (todavía en el Siglo XX), tuve una experiencia de este tipo  --junto al legendario escultor cubano Tony López, y al pintor Gilberto Marino--, como  miembro del Jurado Calificador del "II Salón de Julio" de la Fundación de Arte y Cultura Ecuatoriana de Miami, presidida entonces por el señor Patricio Ordoñes, que tuvo efecto en el edificio de  "Ecuatoriana  de Aviación" (Calle de Flagler y la Avenida 40, de Miami), en  su condición de auspiciadora de este acontecimiento,  junto al Pacific National Bank.

 De nuevo aquí se planteó la disyuntiva de cuál, o cuales cuadros debían ser los premiados entre una  numerosa muestra que, en general, apelaba al buen gusto y demostraba la creatividad de los participantes, pero que no siempre lograba el consenso general de los miembros del jurado, debido a su carácter heterogéneo.

El artista contemporáneo siente el deseo de hacer algo nuevo, pero esa inquietud, no siempre lo conduce a crear una obra convincente; y en este II Salón,  hasta se dio el caso de que uno de los expositores --Leonardo Hidalgo--, exhibía, fuera de la competencia, el rostro de una bella mujer, en tamaño monumental, que a mi manera de ver, hubiera estado más competitiva que la obra incluida por él en el concurso, y que, independientemente de lo que pudieran pensar mis colegas, para mi, hubiera merecido un  premio.

 Integrado el  Jurado por el presidente Ordoñes;  la secretaria  Elena Nicola;  y su fundadora y Vicepresidenta, Elba Bozano, los premios fueron adjudicados a tres artistas: "La Obra C", de Antonio de la Torre, que representaba la imagen de un campesino curtido por el trabajo, que expresa su fe sosteniendo sobre su pecho un crucifijo; "Internal", de Patricio Bermeo, de  explosivo carácter colorista en su abstracción; y "Mujer Preñada", representado por un desnudo muy original, que mostraba en  su vientre --integrando elementos abstractos dentro lo figurativo--, una especie de boca y nariz de lobo, vagamente perceptible, pero impresionante, en el tema y en el tratamiento general de la figura humana.

Por otra parte, cómo que los miembros del jurados éramos tres --un pintor, un escultor y quien escribe, en mi condición de crítico de arte--, ellos estimaron que debería ser yo quien hablara a nombre de todos,  porque, como que soy fundamentalmente “un periodista que  manejas mejor las palabras"; me ponían en la no  fácil misión de improvisar ante un nutrido público, una explicación sobre el procedimiento utilizado en la selección, que yo  quiero compartirlo hoy con ustedes, mis  lectores.

En primer término, decía yo que todos los participantes podían sentirse ganadores, porque la calidad general de la muestra era buena, y porque en ella había creatividad y el deseo de imprimirle a II Salón de Julio  una temática diferente o un modo personal de ver las cosas, y  de plantear nuevos derroteros en el arte.

Expliqué también que, el carácter heterogéneo de la exposición había hecho difícil la selección por parte del jurado, debido a diferentes cuestiones,  siendo lo más importante la diversidad temática y la variedad  técnica de cada uno de los cuadros: "Si nos sentáramos a escuchar una obra musical de la época barroca o el clasicismo, interpretada por diferentes artistas,  sería mucho más fácil el llegar a un consenso crítico sobre algo que se escribió hace 200  ó 300 años, y que hemos escuchado, por lo menos igual número de veces, tocadas por diferentes intérpretes", precisé.

Igual pasaría con la pintura de los grandes maestros del ayer, que hemos apreciado a través de una vida entera en los museos,  y  estudiado en las escuelas. Pero cuando llegamos a la obra moderna, en la que cada artista quiere dejar su huella individual, y satisfacer al observador, entonces la cosa no es nada fácil. Porque así como el escultor buscar la perfección en todas las dimensiones de las formas, y el pintor se deja llevar por la composición y el colorido, el crítico va más allá en su calificación,  mediante la búsqueda  de un  mensaje, que en mi expectativa propia  debe ser  lógico y compensado dentro de una imagen, abstracta o figurativa, en la que predomine la belleza o la emoción, como objetivos máximos.

 Creo, sinceramente, que para medir la obra de un artista, es preciso que se le conceda al concurso una cierta uniformidad temática, técnica y hasta dimensional, para hacer más comprensible y justo el trabajo de cualquier jurado del mundo; porque, de lo contrario,  seguirá persistiendo la peligrosidad de que un cuadro premiado no responda en realidad a la trayectoria y calidad del creador (o viceversa), que ha puesto su obra, sin saberlo,  en contraposición a factores como son la belleza del desnudo y el recogimiento espiritual de lo religioso, que siempre encontrarán, de entrada, la simpatía de quienes tienen que decidir sobre ellos.

De cualquier manera, e independientemente de lo anteriormente expresado, el "II Salón de Julio" de la Sociedad Cultural Ecuatoriana",   fue una contribución muy importante a las artes plásticas del Miami de entonces, por parte de una colonia que,  todavía  pequeña  en comparación a otras,  se preocupaba ya por impulsar  el desarrollo artístico,  mediante el estímulo que constituye  una competencia  así.

La voz de Celia Cruz seguirá vigente más allá de su muerte 

  Desde que era muy joven, admiré el arte de Celia Cruz, en mi nativa Cuba. Sus boleros, sones, guarachas  y piezas bailables de carácter afrocubano, le dieron a la carrera de esta artista una singularidad y un valor extraordinario, que nunca pudo igualar nadie. Su repertorio era siempre tan rico y  bien interpretado, que poco a poco fue alcanzando una estatura universal, como lo prueban los videos de sus conciertos por doquier. Sin embargo, nunca dejó de sentir su cubanía en lo más profundo de su corazón, y su presencia al lado de la causa del anticomunismo, jamás flaqueó.

  Hubo también en ella una condición humana que no podría medirse, cooperando con la "Liga contra el cáncer", de Miami,  en sus telemaratones anuales junto a Lourdes Aguila, al lado de la cual estuvo siempre buscando los recursos para que aquellos menos afortunados, tuvieran las  posibilidades de curarse. Irónicamente, una y otra perecieron a causa del mismo mal.

CELIA CRUZ, EN UNA FOTO DE ARCHIVO, EN SUS ULTIMOS AÑOS

Hoy se recuerda sus excepcionales dotes para la música, con un genio nato, que la hacía crear, junto al conjunto musical que la acompañara, obras de primera magnitud, ante públicos diversos, incluyendo el más culto que asistía a los "Conciertos Pops" de la ya inexistente  Florida Philharmonic.

  Fue en uno de esos programas --auspiciado por la casa Bacardí--, donde  lo clásico se mezcló con lo popular ante la presencia de Celia Cruz como artista invitada. Allí, en el "Performing Arts de Miami Beach"  (Jacquie Gleason Theatre), ella se agigantó ante la   vehemente reacción del público asistente, que la premió  con  aplausos atronadores, en una ovación de pie, que conmovía a unos y a otros.

  Unos días antes de ese  concieerto, Celia me dijo,  en una entrevista, que se sentía feliz de haber llevado por tantos años la alegría de su música al público cubano y al latinoamericano de todos los rincones; pero que el hecho de presentarse en concierto con una orquesta filarmónica, venía a colmar aún más sus satisfacciones y honores,  aúmentando el éxito de su carrera

  Hoy quiero recordar esas palabras, para que ellas queden también cifradas en la historia de esta artista sin par, que en esa aparición única,  elevó su género al más alto de los rangos. Celia Cruz, pues, vivirá siempre en nuestros recuerdos y en nuestros corazones.

  Uno de los mejores momentos del maestro uruguayo José  Serebrier, al revivir el poema sinfónico "Fatum" , de  Pedro Ilich Tchaikovsky

  El poema sinfónico "Fatum", que es una de las obras orquestales más dramáticas de Pedro Tchaikovsky, escrito en 1868, pero olvidado en el repertorio de los conciertos sinfónicos y grabaciones  en discos de las últimas décadas; fue revivido por el director uruguayo José Serebrier, en una realización de la compañía BIS, de Suecia, en la que también aparece la "Elegía"  --obra que data del 1884--, y que no es muy escuchada tampoco. Su ejecución, por atinada, constituyó uno de los mejores momentos de su vasta carrera de director.

  En el mismo volumen, donde Serebrier conduce la  "Orquesta Sinfónica de  Banberg", Alemania, aparecen la "Marcha eslava" , y el famoso "Andante cantabile", en  arreglo del mismo director; así como el  "Capricho italiano"  y la "Obertura 1812", compuesta en 1880 para conmemorar la derrota  de Napoleón. Esta obra, de profundo arraigo entre los amantes de la música clásica,  es tradicionalmente ejecutada en los conciertos conmemorativos de la Independencia de Estados Unidos, cada día  4 de julio, en los jardines del Capitolio Nacional,  de Washington. DC., con la participación de cañones de Armada americana.

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      JOSE SEREBRIER

  En los últimos años,  Serebrier también ha estado grabando, en sesiones con la "Orquesta Sinfónica de Barcelona" y la "Nacional de Cataluña" un disco que incluye obras de Astor Piazzolla, Gerardo Matos  Rodríguez,  Igor Stravinsky, Samuel Barber, y de Erik Satie, que es más que apropiado, con miras a las composiciones del Siglo XXI. Y Entre otras composiciones, un set de discos editado no hace mucho por Naxos of America, agrupa las piezas propias de él, en su faceta de compositor.

  En lo que respecta al repertorio de Tchaikovsky, Serebrier ha dicho que está considerando la inclusión de la Sinfonía Manfredo, compuesta por aquél inspirándose en el poema de Lord Byron, que es una de las partituras más importantes de su repertorio, dejada a un lado por mucho tiempo por directores de conciertos, tal vez porque, aparte de ser difícil de interpretar y larga, requiere la presencia en escena de un órgano.

  Obras de Georges Bizet, como las suites de "La arlesiana" y de  "Carmen" --esta última llevada al rango de sinfonía por Serebrier, siguiendo la partitura original de la ópera--, fueron grabadas ya por el director uruguayo con las orquestas catalanas que mencioné anteriormente.

                                                                       Indice

Entre las decenas de temas que se contemplan en las páginas de este sitio cibernético, incluyendo  fotos exclusivas, están las “Críticas”, propiamente, de programas sinfónicos, operísticos y de ballet presentados en diferentes épocas de Miami, a partir de 1975; como, por citar un ejemplo, “Lo que significó el Marine Stadium”, en los conciertos Pops y del “4 de Julio”; la música de Ernesto Lecuona, el cuento literario  “El diálogo de los espectros”, escrito por  el mismo  Marsáns; un original reportaje sobre un viaje turístico a Italia, desde Milán hasta Roma y El Vaticano, pasando por Pisa, Verona, Venecia, Florencia y otros sitios del país, en la página 22 (marcada por error técnico con la banda dorada que dice FIinal en CNP);  "la obra y trayectoria artística del gran escultor cubano, Tony López", “Blanquita Amaro (la vedette cubana y artista del cine hispano) en una entrevista hecha en Cuba hace más de 50 años”; “Producciones de discos sonoros y de DVDs, de videos de música clásica,  óperas y ballets de diversas  compañías y grandes orquestas”, incluyendo los de la nueva tenología de Alta Definición (Blu-ray- HD); El grandioso homenaje al Bicentenario de Mozart, en un concierto en Miami con su Misa de Réquiem (véase Críticas); “Una entrevista con el gran director y compositor sinfónico (autor de la música de "West Side Story"), Leonard Bernstein”, realizada en Miami poco antes de su muerte; entrevistas y crónicas de conciertos con Plácido Domingo, Luciano Pavarotty y José Carreras ("Los Tres Tenores"), en sus actuaciones de Miami, juntos e individualmente; así como las de otros grandes artístas de la música clásica y lírica; y dos Reviews de “La Orquesta Sinfónica de Seattle” tocando en su propio teatro "Benaroya Hall". En otro ángulo, una conferencia sobre el caso de "Cuba en la prensa internacional", dictada por  Luis Felipe Marsáns, como Decano del CNP (e) en la “Universidad Autónoma del Caribe”, de Barranquilla, Colombia;  y sus discursos anuales en la celebración del Día del Periodista, en Miami, como Decano durante 10 años (1997-2007), que  pueden encontrarse  reproducidos todos en distintas secciones de esta Página Web; tanto como, especialmente, aparece  en la página 20 --"La verdadera historia del Colegio de Periodistas de Cuba en el Exilio"  con la guía, (Periodismo y el CNP)--, y en la 23, guíándose por (Brahms en CD), MI PAGINA, con un resumen gráfico de la historia del Colegio y, particulamente, de sus diez años de gobierno, en recopilación propia y montaje tipográfico del propio Marsáns. También, entrevistas con los compositores y directores, Aurelio de La Vega,Julián Orbón y Eduardo Mata; la “Historia del Orange Bowl” (ya inexistente, derribado para fabricar en el terreno donde estaba, un Stadium para Los Marlins);  con relación a los exiliados cubanos y el éxodo del Mariel, de 1980; incluyendo una visita del fallecido Presidente John F. Kennedy; y “La Navidad en el Mundo”. Lea también  muchos documentos  sobre la trayectoria de Marsáns como Decano durante 10 años continuos del Colegio de Periodistas de Cuba en el Exilio, en que realizó una labor encomiable a favor de la libertad de Cuba, incluyendo la fabricación de un panteón para los miembros del CNP (e); y otros temas relacionados, además de la política internacional y su militancia anticomunista, y sus trabajos relacionados con las artes, la música y la cultura en general, que fue su especialización, independientemente de la práctica del periodismo en general, durante 30 años de ejercicio profesional en Diario Las Américas, de Miami, y otros muchos en periódicos y estaciones de radio y T.V. de Cuba y el exilio, en Miami, hasta que se jubiló, en el 2006; motivo por el cual esta Página Cibernética recibe el nombre de "Arte, Música y Cultura", como se titulaba su columna en el citado Diario, aunque su acceso aquí se logra por la dirección www. luisfelipemarsans.com.

Para convertirse en patrocinador de esta página cibernética "Arte, Música y Cultura, y Otros Temas", por una razonable cuota anual y un comercial como el que aparece abajo; se puede  llamar a los  teléfonos (305) 642-01-27;  y (305) 310-0l85; o escribir a las direcciones de correo electrónico  (e-mail)  marsanslf@bellsouth.net y marsanslf@aol.com

                       Datos biográficos  de Luis Felipe Marsáns

  Luis Felipe Marsáns, Periodista Profesional egresado de la “Escuela Profesional de Periodismo Manuel Márquez Sterling”, de La Habana Cuba”, ha sido Decano del "Colegio Nacional de Periodistas de Cuba en el Exilio", con sede en Miami, Florida, desde el año de 1997, en que fue electo por primera vez, y reelecto  posteriormente en cuatro ocasiones, para fungir hasta el 2007. Al dejar su cargo en una elección donde no quiso postularse más, por voluntad propia, Marsáns recibió del nuevo Decano --electo en junio del 2007--, Vicente P. Rodríguez, una placa que lo acredita como Decano Advitam, cargo honorífico permanente, dentro de la Junta de Gobierno del Colegio.

  Anteriormente ocupó los cargos de Diputado, Vicesecretario, Secretario y Vice-Decano, durante un lapso de más de 20 años como miembro de la Junta de Gobierno de esa institución, que agrupa a los periodistas cubanos que dejaron la Isla, tras la revolución comunista de 1959, que segó la libertad de expresion, particularmente en la prensa.

  En Estados Unidos ha sido miembro también de la "Asociación de Críticos de Música Clásica de Norteamérica", con sede en Westfield, New Jersey, en su condición de tal, lo que lo ha situado en tres ocasiones como miembro del Tribunal Calificador de la "Competencia Invitacional de Piano Miami-OEA", celebrada indistintamente en la "Universidad de Miami" y el "Centro Comunitario Manuel Artime”, de la misma ciudad.


"Diploma de Honor" concedido a Luis Felipe Marsáns por el Consejo Interamericano de Música de la Organización de Estados Americanos, OEA, en Washington D.C., en ceremonia celebrada en 1982, y presidida por Alejandro Orfila, su Secretario General,  entonces.

En otras actividades similares, fue miembro del jurado de varios Festivales de la O.T.I. en Miami; presidente de las competencias literarias para el premio José Martí, del Colegio de Periodistas; y Presidente en numerosas ocasiones del Tribunal de Artes Plásticas  de la Feria de los Municipios de Cuba en el Exilio, que adjudicaba los premios a artistas exiliados (pintores y escultores) que sometían sus obras originales.

  Todo ello, avalado por sus estudios de música con profesores privados, entre los que estuvo la eminente profesora y violinista Emilita Estivill; y de pintura y escultura en la “Escuela Anexa de San Alejandro”, en La Habana; y la Academia Villate, de Artes Plásticas, en la Víbora, Cuba.

En  la "Escuela Profesional de Periodismo “Manuel Márquez Sterling", Marsáns cursó cuatro años de estudios en la carrera de “Periodista Profesional”, que comprendía  las asignaturas de Redacción y Reportaje (cuatro cursos en cada una), Historia del Arte, Español, Literatura Universal e Hispanoamericana; Tipografía y Estética, "Historia antigua, media y contemporánea", Geografía Universal, Teoría General del Estado, Economía, y Radioperiodismo. (1957 -1962).

Periodista especializado en reportajes y entrevistas, Luis Felipe Marsáns ha sido Jefe de Redacción de la revista mensual "Crítica", en La Habana, Cuba, 1957-61; y Subdirector y editorialista de la revista mensual "Índice", de la misma capital cubana (1957-59). Además, entrevistador político, y de artes y drama, y crítico de arte y música clasíca. Redactor de los noticieros de radio y televisión de C. M. Q., y de Radio Reloj, en La Habana, Cuba. (1960-62); y, en la RHC Cadena Azul, de Miami (1982).

En “Diario Las Américas”, de Miami, Marsáns trabajó durante 30 años (1975-2005), como redactor, reportero, editor y columnista , así como crítico de arte y de música clásica, en la sección "Arte, Música y Cultura". También fue redactor de temas generales, con especial dedicación a la entrevista. Participó en importantes conferencias de prensa con figuras de la política nacional, estatal y local, incluyendo a presidentes de Estados Unidos y otras naciones;  y fue redactor y reportero especializado del éxodo cubano del Mariel, en 1980, que cubrió íntegramente, desde sus inicios en Cayo Hueso, hasta sus  entrevistas y reportajes en campamentos de Fort Walton Beach y áreas aledañas al centro de Miami, incluyendo el Centro de Krome, el entonces Orange Bowl Stadium (convertido por un tiempo en lugar de refugio), y el campamento improvisado bajo el Puente de la I-95, que sirvió igualmente de albergue para los refugiados cubanos que llegaron por la vía marítima, a un monto de más de 120 mil.

Entre los años de 1994-95, Marsáns fue "Escritor Principal" de la revista médica "Salud y Vigor", editada por el entonces "Cedars Medical Center", de Miami, para lectores hispanos, y distribuida en varios países latinoamericanos, en la que se divulgaba las facilidades y servicios especializados del centro de salud en cuestión, con especial énfasis en las entrevistas con galenos  especialistas en diferentes ramas de la medicina.

Asimismo, fue redactor y reportero del diario “Miami Extra”, y de varias revistas del bloque de "Vanidades Continental", incluyendo "Almanaque Mundial" (en español); y "Coordinador de Prensa" de la Oficina de Asuntos Culturales, de la Ciudad de Miami; tanto como fue entrevistador de televisión en programas como "Cultura Cubana", que se transmitía en vivo a mediados de la década de 1970, por el Canal 23, bajo la dirección de la doctora Ofelia Tabares; y, más tarde, formó parte por corto tiempo del equipo de entrevistadores que moderaba Rafael Díaz Balart, en el programa de television “Sin Censuras”, los domingos, en un canal local, que ya no existe.

Fue también Editor del boletín mensual bilingüe "Municipal Newsletter", de la Ciudad de Miami, para la divulgación de las actividades de los departamentos municipales de la ciudad (1976-1980); y  Editor Asociado de “Orígenes”, revista mensual publicada por Mario Zayas Bazán, en Miami durante la misma época; así como Jefe de Redacción de "El Panamericano" (1968), periódico semanal editado en español, en Nuevo Orleans. Trabajó  temporalmente como miembro del Buró de Prensa Hispana de la Associate Press, en la ciudad de Miami, entre los años de1980 y 1981.

El embajador Alejandro Orfila felicita a Luis Felipe Marsáns tras la entrega del "Diploma de Honor", cuyo facsimile aparece más arriba en este documento.

Entre las diversas distinciones que Marsáns ha recibido están la Orden Martiana de Mérito Ciudadano, del "Liceo Cubano", de Miami, en l976; una Mención de Honor de la organización  "Rotarios Cubanos Exiliados", en Miami (1978), por un artículo presentado al "Concurso Periodístico Sergio Carbó", y que le fue entregada por su entonces Presidente, Luis Casero Guillén. Obtuvo igualmente la  Medalla de Oro y Diploma del "Premio Nacional de Periodismo", otorgado por el mismo "Colegio Nacional de Periodistas de Cuba en el Exilio” (1988); y un diploma de la "Universidad de Miami", entregado por su entonces presidente, Robert King Stanford, en reconocimiento a su trabajo dentro del equipo organizador del Festival "Reencuentro Cubano 1976".

Muy especialmente, se destaca Marsáns por haber recibido un "Diploma de Honor" de la Organización de Estados Americanos (OEA), en Washington D.C., en abril de 1982, por la labor desplegada como Crítico de Música Clásica, y la divulgación de los autores y compositores hispanoamericanos, que le fue entregado por Alejandro Orfila, Secretario General entonces de ese organismo. Asimismo, en 1998, Marsáns recibe un Diploma de Mérito de la Unesco, mediante el delegado de esa institución en Puerto Rico, por su dedicación a la crítica músical, la ópera y la zarzuela.

  Al hacerle la hacerle la entrega del DIPLOMA DE HONOR, Alejandro Orfila dijo, en el curso de la ceremonia:  "Luis Felipe Marsáns viene realizando por muchos años una notable acción de difusión, mediante artículos que han contribuido al conocimiento y divulgación de la labor de innumerables artistas de las Américas; en particular, de músicos, intérpretes y compositores de nuestros países.

  Así como el ejecutante realiza una obra fundamental al convertir la creación artística en realidad sonora, el crítico contribuye no sólo a la comprensión de la creación, sino también a su mayor gozo, al ofrecer elementos que permiten identificar los valores perdurables que existen en toda obra artística.

  Por lo tanto, al entregar esta distinción, estamos honrando la honestidad intelectual y la seriedad profesional de un crítico, quien ha sabido a través del tiempo, facilitar la difusión de la belleza, la comprensión de la realidar musical de nuestro tiempo y posibilitar la toma de conciencia de los valores contemporáneos del quehacer artístico, donde creadores, ejecutantes, investigadores, educadores y críticos constituyen un grupo humano que permite dar identidad a los pueblos y las épocas. (Alejandro Orfila, Secretario General de la Organización de Estados Americanos O.E.A.- Abril, 1982).


 

En abril de 1998, Luis Felipe Marsáns recibió un Diploma de la “Universidad Autónoma del Caribe”, en Barranquilla, Colombia, por haber participado en su “Seminario Internacional de Periodismo-Imagen de los Países en la Noticia", en el que él dictó la conferencia "Cuba en la Prensa Internacional". El evento fue patrocinado, además de por la citada Alma Mater, por la Fundación Konrad Adenauer por la Democracia, y por la Organización de Asociaciones de Periodistas Iberoamericanos (OAPI).

Tras ser reelecto como Decano del C.N.P (e) para el segundo período (1999) –entre los cinco que  desempeñó--, Marsáns fue premiado con una placa de la Junta de Gobierno de esa organización periodística por toda su labor hasta ese momento, que incluyó la fabricación del Panteón del Colegio Nacional de Periodistas de Cuba en el Exilio, en Miami, con capacidad para 18 fallecidos y una lápida monumental en la que, además de la enseña cristiana y el emblema de la institución, reza el pensamiento martiano, "No hay monarca como un periodista honrado". Ese mismo año, Marsáns organiza una cuestación entre los miembros de la Junta, que hace posible que el emblema del Colegio (C.N.P.)  aparezca, en forma de vitral, en el nuevo templo de la iglesia parroquial de San Juan Bosco, conducida por el sacerdote-párroco, Reverendo  Emilio Vallina.

En años recientes, Marsáns ha sido objeto de la entrega de placas que reconocen su labor en el campo de las artes visuales, como informador y crítico. Una, de la "Fundación Ecuatoriana de Arte y Cultura" (1999), y la otra, de la "Power International Art Gallery", de Coral Gables.

Pero además, ha recibido proclamaciones por su labor comunitaria y ejecutiva al frente del Colegio de Periodistas, de los alcaldes, Raúl Martínez, de Hialeah; Joe Carollo, de Miami y Alex Penelas, del Condado Miami Dade; y de los Comisionados Willy Gort, y Jimmy Morales, de Miami.

  Más aún, Marsáns fue honrado en el año 2003 por el pleno de la Comisión Municipal de Miami, a propuesta de su entonces Chairman --Comisionado y también periodista de largo historial, Tomás Regalado--, con un prestigioso diploma de "Commendation" en la "Semana de la Hispanidad", por su labor representativa, no sólo como Decano del Colegio Nacional de Periodistas de Cuba en el Exilio, sino, particularmente, como Crítico de Música Clásica y periodista de larga ejecutoria. El documento en cuestión venía firmado por el alcalde Manuel  A.  Díaz, el Presidente de la Comisión, Thomas Regalado, y los Comisionados, Johnny Winston, Angel González, Joe Sánchez y Arthur E. Teele Jr., ya fallecido

  Actualmente, Marsáns es Editor y escritor de este sitio de Internet (Arte, Música y Cultura, y Otros Temas), que consta de 34 páginas, a las que se tiene acceso por la dirección cibernética www.luisfelipemarsans.com Aquí puede encontrar  secciones dedicadas a la crítica, la opera, el ballet y las grabaciones en discos compactos y de DVD con música clásica y operística; además de otros temas de interés general y noticioso. También aparecen sus discursos y conferencias como Decano del Colegio del Periodistas,  tras haber dirigido “Papel Periódico”, el boletín oficial del Colegio Nacional de Periodistas de Cuba en el Exilio; que fue sustituído temporalmente por la Página Web de la misma entidad, una de las más serias, constructivas, profesionales y de información política nacional e internacional entre todas las existentes.

  Luis Felipe Marsáns nació en La Habana, Cuba, de madre cubana y padre barcelonés --motivo por el cual fue condecorado (por el Capítulo miamense, dirigido por Fina Escayola) con la Orden Internacional de la Barretina, de Cataluña, España--; y reside junto a su esposa, Concepción Juan de Marsáns, desde junio de 1962 en Miami-Dade County, Florida, Estados Unidos de América, país del que es ciudadano por naturalización, desde 1973.

(Una versión en inglés, traducida por computadora, aparece en la página 27)