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Antes
de comenzar, debo advertirles que, tras un cambio de impresiones con mis colegas
de la Junta de Gobierno, llegué a la conclusión de que los discursos de esta
fecha no son tan bien venidos por cuenta de la consunción del tiempo; de manera
que he suprimido el de clausura, dejando ésta como
la única pieza oratoria del programa.
Pero
me he propuesto también ser lo más escueto posible, pues si escuchar un
discurso de cualquier índole produce un poco de ansiedad, al no saber cuando éste
va a terminar, escribirlo, como hago yo, y luego emitirlo, tampoco es una
panacea.
Después de todo, lo importante de esta obra del Colegio, que aún presido, está
contenido en una decena de discursos de mis nueve años anteriores de gobierno,
y en una conferencia que dicté en la Universidad del Caribe, de
Barranquilla, Colombia; reproducidos todos
en ediciones de “Papel Periódico”, y permanentemente expuestos en nuestra Página
Web, www.cnpexilio.org, del sistema de
Internet.
Sin embargo, hay cosas que siempre deben
revisarse públicamente al final de un año fiscal dentro de la administración
del Colegio –como ocurre en todos los cuerpos de gobierno--; y otras que vale
la pena anticipar para mantener la comunicación institucional con el público,
especialmente con aquéllos que, como ustedes, nos demuestran su
lealtad, al venir a reunirse siempre con nosotros en esta fecha del Día
del Periodista.
Por ejemplo, ¿cómo habríamos de pasar por alto la consolidación que han
tenido en el último año las actividades y operaciones de este Colegio
de Periodistas de Cuba en el Exilio –que a mí a veces se me antoja decir, de
Periodistas Cubano -Americanos?.
Creado originalmente en 1962 para agrupar a los profesionales de la prensa que
venían exiliados de Cuba por cuenta de la revolución comunista de Castro, y su
censura de prensa, el Colegio no sólo cumple
sus 43 años de vida continua, sino que tiene que estar satisfecho de
que, siendo una de las primeras instituciones del exilio cubano en Miami –si
no la primera--, ha cumplido cabalmente su misión
--que extiende cada vez más por Internet--, llevando el mensaje
doctrinal de la libertad a todos los países del mundo, a través de las
publicaciones fomentadas por periodistas exiliados, y de conferencias dictadas
en países de la América, por los distintos Decanos que me antecedieron, y hasta en Europa, como cuando Roberto Pérez-Fernández
lo hizo en una Asamblea Mundial de la OAPI, celebrada en Madrid.
Esa labor inicial de transmitirle a los lectores de todas partes lo que ocurría
en Cuba --que muchos gobiernos y pueblos foráneos se negaban a creer, sin
aceptar la trascendencia que conllevaba la introducción del marxismo en la América
continental usando nuestra Isla antillana como puente--, fue siendo recogida y
aceptada gracias a los periodistas cubanos, agrupados bajo el Colegio Nacional
de Periodistas de la República de Cuba en el Exilio, y esparcidos muchos de
ellos por el mundo, mientras que cumplían paralelamente con su
labor noticiosa y objetiva, como
corresponde a esta profesión.
Adicionalmente, el Colegio ha sido
un faro, guía y protección para
los profesionales cubanos de la prensa que salieron al exilio, dentro de las
grandes limitaciones que establece un ordenamiento jurídico en éste –nuestro
país de adopción--, donde no existen normas de colegiación
para regular el ejercicio profesional, como aquellas que regulan a los
abogados y a los médicos; pero más aún, teniendo que romper la barrera del
idioma, que en un principio limitó al máximo sus
funciones, por haber sido
formados en el idioma español.
Pero pese a todos los inconvenientes, yo siempre recalco que hemos logrado nuestro objetivo histórico,
porque si hacemos un examen de consciencia, tenemos que aceptar que no somos una
organización de activistas,
destinada organizar manifestaciones
o desarrollar estrategias; sino una entidad de profesionales de la letra de molde,
de intelectuales y comunicadores,
que llevamos por delante la doctrina democrática y el anticomunismo.
Elevando esos conceptos, precisamente, hoy reconocemos a dos dignos
representativos de las letras, en atención a sus fecundas trayectorias; y
aunque en su momento se hablará más acerca de ellos, les adelanto que el
“Premio Nacional de Periodismo 2005” se les ha adjudicado a Enrique Ros,
literato dedicado a analizar y divulgar la realidad histórica de Cuba, en unos
10 libros; y a Vicente Pedro Rodríguez, quien editando el periódico “La Voz
de la Calle”, desde hace 25 años, ha contribuido a crear una comunidad mejor
informada y orientada.
“Vicentico”, como le llamamos cariñosamente en el Colegio, es también el
Presidente de la Cámara de Comercio Latina de Hialeah, y, fundamentalmente,
Primer Vicedecano de la actual
Junta de Gobierno de esta organización, en la que ha realizado una labor
sobresaliente a lo largo de varias décadas.
No quiero
adentrarme mucho en el historial de Enrique Ros, porque para ello he podido
lograr el privilegio de que Remedios Díaz Oliver esté aquí para presentar la
obra de este caballero.
Deseo a toda costa mantener mi promesa en el sentido
de la brevedad, y voy a hacerlo; pero no sin antes darles
la bienvenida oficial a los nuevos miembros que han ingresado
en el último año en nuestras filas, y que con su amor a
la profesión y a este organismo en particular,
ayudan nuestro constante
engrandecimiento, especialmente la señora Paulina Fátima Aly --productora de
programas de televisión y de noticieros en canales neoyorquinos--,
quien proyecta ya la realización de un documental sobre los orígenes,
ideales y programas de trabajo del Colegio
Nacional de Periodistas Cubanos en Miami, y en sus delegaciones de otros Estados de la Unión
Americana; para que sean exhibidos luego por la televisión local y la de fuera.
Valga
decir también, que Paulina escribió la novela "El Castillo de los
Ultrajes", que trata sobre la vida de los presos políticos que el régimen
de Castro tiene encerrados en Mazorra; y que fue impresa por el Editorial
Betania, de España, en el año 2000.
Antes de terminar, quiero agradecerles
a todos ustedes la comparecencia a este solemne acto del Día del Periodista
Cubano, recordando la primera edición de “Papel Periódico de La Habana”,
en 1790; y conmemorando los 43 años de existencia de esta institución,
creada gracias a la iniciativa visionaria del ya fallecido colega Mario
Barrera, junto a un grupo de notables compañeros, que tampoco viven.
Vaya, pues, este micrófono de regreso a los dos formidables Maestros de
Ceremonias y animadores de nuestra tarde –Aleida Leal y Armando Rodríguez
Alemán--, quienes yo estoy seguro que les proporcionarán durante el resto de
esta celebración, una estancia muy agradable, junto a las interpretaciones de nuestro artista invitado.
Y en estas últimas palabras mías,
cómo no pedirle también a Dios, la paz eterna de aquellos periodistas que
yacen a su diestra en espíritu,
mientras que sus restos descansan en el panteón del Colegio, en Miami, o en
otros lugares de Cuba y el Universo entero.
Muchas gracias.
Luis
Felipe Marsáns, DECANO
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