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(Miami, Octubre 26, 2002)
Cada año, desde que fui electo como Decano de esta institución, en 1997, el Colegio Nacional de Periodistas de Cuba en el Exilio ha venido haciendo entrega de diferentes pergaminos, placas de reconocimiento y medallas de Premio Nacional a aquellos de sus miembros que se destacaron por muchos años de labor profesional, particularmente los que, editorialmente, mostraron siempre al mundo la peligrosidad del comunismo internacional, como régimen totalitario, y la realidad de la tragedia cubana, tergiversada por la propaganda de Castro.
Asimismo, el Colegio y su Junta de Gobierno han reconocido a personalidades e instituciones que, no teniendo precisamente caracteres periodísticos, han ayudado y apoyado la causa de la libertad de Cuba, y el reconocimiento al sacerdocio que representa tener una prensa libre, en la que se es capaz de confiar, informativamente y orientadoramente, mediante su aporte moral, acompañándonos en una ocasión como esta de hoy en que celebramos el Día del Periodista Cubano en el Exilio.
Esta vez, sin embargo, hacemos un alto en el capítulo de estas concesiones, porque creemos que hoy, en que celebramos el cuadragésimo aniversario de la fundación de esta entidad, es, precisamente, el Colegio quien debe recibir el premio de todos nosotros.
Premio que se materializa con la presencia de un vasto número de instituciones que están aquí presentes, como son Bacardi U.S.A., los Productos Goya, el Diario Las Américas, El Nuevo Herald, Remedios Díaz Oliver y su "All American Containers", las escuelas Lincoln Martí, la Junta Patriótica Cubana, el Hospital Mercy, la BellSouth, el Museo Cubano, el Ocean Bank, El Dorado Furniture, y la guía hispana de teléfonos "Miami en sus Manos", que hasta nos ha donado los servicios de una orquesta.
Y, en todo caso, en este recuento de los 40 años, dediquemos un pensamiento a la memoria de quienes fundaron el 11 de octubre de 1962, según reza en el acta de Tallahassee; este "Colegio Nacional de Periodistas de la República de Cuba en el Exilio", que ha cumplido cabalmente los postulados para los que fue creado.
Ellos, Mario Barrera (el priemer Decano), Salvador Díaz-Verson, Vicente M. Martínez, Manuel A. Piña, Alberto Rodríguez y Carlos Tamayo, podrían ser los premiados de hoy, pero la muerte se los ha llevado, con la excepción de Armando García Sifredo, que está fuera de la ciudad.
Por eso es prudente que tengamos un pensamiento a su memoria, extensivo a quienes han caído desde mi primera administración, como ocurrió con de Luis Fernández Caubí, Máximo Sorondo, OlimpiaRosado, Willy del Pino, José Beamud, José Elías Bello, Luis Osvaldo Escobar, Giraldo Casanova, y, más recientemente, Mauricio Hernández, José Marín Collazo, y Pompilio Ramos.
En un día como hoy, también recordamos a otros que, habiendo pertenecido a generaciones anteriores, prestaron al Colegio sus servicios desde distintos cargos, como los Exdecanos Carlos Romero (fallecido recientemente), Fausto Lavilla, Decano por 12años; Laurentino Rodríguez, Roberto Pérez-Fernández, y Ramiro Boza, los tres Decanos por más de un término; y los que ocuparon otros cargos, o fueron prominentes soldados de fila, como Juan Morenza, Antonio Perdice, José Antonio Fernández Porta, Isa Caraballo --Senadora de la República--, Guillermo Martínez Márquez, Evaristo Savón, Silvio Fontanillas, Joaquín de Posada, Fernando Carrandi, Euripides Riera y Manuel Mariña, entre otros que puedan escapar a mi memoria.
Y al hablar de periodistas muertos, debemos mencionar a uno que, aunque no militaba en las filas del Colegio en el Exilio, fue merecedor el año pasado del Premio Nacional de Periodismo que otorga nuestra institución a los profesionales más notables, y que él, Carlos Castañeda, lo recibió aquí mismo, de mis manos, como tributo a su fecunda labor de varias décadas, en el Nuevo Herald y en muchas otras instituciones de prensa, particularmente la Revista Bohemia, de La Habana, en tiempos de Miguel Ángel Quevedo.
Aprovecho igualmente esta oportunidad para señalar la gran crisis por la que está pasando el Colegio con todas estas muertes; porque mientras que los años pasan, son menos los periodistas que iniciaron esta noble gestión de mantener a la clase unida en el destierro, con profesionalismo y cubanía; y van siendo menos los que se sacrifican para hacer realidad esos ideales.
Una labor de proselitismo ha dado buenos frutos en el último año, pero ésta debe incrementarse aún más, para que el Colegio pueda continuar sus derroteros, con sangre nueva incorporada a sus filas, y el aporte financiero por concepto de cuotas, que cada vez se minimiza más, mientras que los gastos de alquiler y de edición de nuestro "Papel Periódico" y de franqueo postal, aumentan.
Pero es bueno que, en este, mi sexto año de gobierno --que pudiera ser el último--, hagamos también un recuento de algunos logros importantes que hemos alcanzado durante estos tres períodos de elecciones continuas.
Con mi mejor iniciativa y deseos de trabajar por la clase, fui al Seminario internacional "Imagen de los países en la Noticia", de la Universidad de Barranquilla, Colombia, invitado por la OAPI (Organización de Asociaciones Periodísticas Iberoamericanas) a dictar una conferencia sobre el caso Cuba, que allí ni se mienta, sumido el país en sus propios problemas.
Asistí también a cuantas comparecencias de televisión se me invitó, como cuando denunciamos el atropello a los restos de compañeros enterrados en el panteón de la Asociación de Reporters, en la Habana, según un juego de fotos que nos entregaron.
Nos solidarizamos en una declaración de principios (publicada en DIARIO LAS AMÉRICAS), con los autores del histórico documento "La Patria es de Todo", así como con hechos similares; y, en lo que constituye el más grande de nuestros logros en toda la historia del exilio, hicimos construir con fondos extraordinarios del Colegio --y el apoyo de los miembros de la Junta de Gobierno--, el panteón del Colegio Nacional de Periodistas de Cuba en el Exilio, en el Cementerio Miami Memoria, donde hoy hay ya tres bóvedas, de las 18 existentes, ocupadas por los colegas, Fernando Carrandi, Adela Jaume y Pompilio Ramos.
Al agradecerles vuestra presencia aquí, sólo quiero recordarle a los miembros activos del Colegio, y, particularmente, a aquellos que conmigo conforman su Junta de Gobierno, que el destino de esta institución está en sus manos. Que mantenerla viva y a flor es una cuestión moral, para que nunca desaparezca del panorama de la vida americana, sino que siga siendo el símbolo de la libertad de prensa y del periodismo cubano, que un día segó en la Isla el régimen de Fidel Castro.
Pero también para que nuestros sucesores puedan ir un día a la Cuba republicana, que inevitablemente llegará otra vez, para amparar el ejercicio de esta noble profesión, con la colegiación masiva de todos los profesionales, y el mantenimiento de la libertad de prensa.
La Democracia es el sistema del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, y su primera conquista radica en la libertad individual de expresión, que se plasma en la libertad de prensa para los medios impresos y de difusión radial y televisiva.
Pero la libertad de prensa, por importante y formadora de estados de opinión, debe ser algo sacrosanto, en manos de profesionales que sepan manejarla con responsabilidad y decoro, porque su abuso, la convierte en libelo, que más que orientar, corrompe la noble misión para la que fue creada.
Cuidando a nuestro Colegio de Periodistas y a nuestras instituciones de prensa, y dejando a un lado los intereses privados, estaremos contribuyendo a tener un periodismo mejor, orientado y bien informado; por lo que veo que esa es la misión más importante del Colegio del mañana, en una Cuba Libre y soberana, para todos y por el bien de todos. Gracias.
Luis
Felipe Marsáns, DECANO
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