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Dr. Antonio Cacua Prada, Presidente de la Organización de Asociaciones de Periodistas Iberoamericanos (OAPI).
Dr. Mario Ceballos Araujo, Rector de la Universidad Autónoma del Caribe.
Dr. Frank Priess, Director de Programa, Medios de Comunicación y Democracia, de la Fundación Konrad Adenauer, Alemania
Dr. Hubert Seegers, Representante de la Fundación Konrad Adenauer en Colombia.
Distinguidos directores de periódicos y colegas participantes, señoras y señores.
Mi nombre es Luis Felipe Marsáns, y soy el Decano del "Colegio Nacional de Periodistas de Cuba en el Exilio", radicado desde 1962 en la ciudad de Miami, Florida, en los Estados Unidos de Norteamérica.
Antes de entrar en materia, deseo agradecer esta cordial invitación de la Presidencia Mundial de la OAPI (Organización de Asociaciones de Periodistas Iberoamericanos), la Universidad del Caribe, en Barranquilla, y la Fundación Konrad Adenahuer, para compartir con ustedes un "Seminario" tan importante y significativo como es éste, convocado para estudiar la "Imagen de los Países en la Noticia ".
Como "Decano" escogido en elecciones libres, para presidir la Junta de Gobierno del C.N.P. en el exilio, y como profesional que lleva 40 años de ejercicio en las diferentes ramas de la prensa, vengo a exponerles mis puntos de vista sobre el tema que me han confiado en esta agenda, con el mayor respeto y reconocimiento hacia cada uno de ustedes, que son seres humanos y hombres libres del Continente como yo, hablando bajo el principio común de la libertad de expresión, dentro de esta maravillosa realidad que se llama Democracia.
Para un individuo como yo, no es fácil adentrarse en el complejo tema de "La percepción de Cuba y su régimen en Estados Unidos" --particularmente en la prensa--, sin tener que entrar en aclaraciones pertinentes al caso, en la medida que "tan cubano soy", por mi condición de nativo de la Isla caribeña, "como norteamericano me siento", naturalizado como estoy en la gran nación estadounidense que me abrió sus puertas, generosamente, cuando sólo contaba 23 de mis 60 años, para que pudiera escapar del comunismo; y luego me aceptó, jurídicamente hablando, como uno más de sus ciudadanos, con todos los deberes y derechos que me conciernen.
Sin embargo, no es menos cierto que existe un vago concepto de lo que realmente ha representado la tiranía totalitaria que todavía domina mi país de origen desde hace 40 años, no sólo en la prensa de mi país de adopción, sino también en la de muchas otras naciones de éste y otros continentes, que han cantado a coro con el fidelismo, manteniéndose por mucho tiempo ajenos al drama que vive el cubano.
Los periodistas exiliados, empero, desde el inicio de este proceso político, hemos realizado una función doctrinal, orientada hacia todos los países del mundo --particularmente los de habla hispana, que es nuestra lengua materna--, no sin que hayamos tenido que afrontar vituperios y negaciones, porque lo cierto es que, lo que teníamos que decir era tan inconcebible, que los que nos escuchaban o leían, en muchos casos se negaban a aceptarlo. Pero el tiempo ha demostrado que teníamos la razón.
Hoy, en las postrimerías del siglo XX, cuando todavía no se vislumbra con precisión el día en que Cuba pueda volver a la familia de naciones libres y democráticas, todavía hay quien afirma que el régimen de Castro, con el segundo ejercito del continente americano, y grandes provisiones estratégicas de carácter bélico, no constituye un peligro para la seguridad hemisférica --como alegró recientemente, en una visita a Miami, el Ex Canciller de Estados Unidos, Alexander Haig--; mientras que, por otra parte, los llamados "intereses especiales", alientan la reanudación de las relaciones comerciales con La Habana , tal vez como medio de lograr una apertura a nuevos mercados, al igual que ocurrió en China comunista, país que hoy se aprovecha de Occidente para edificar una próspera economía, sin abandonar su filosofía comunista, con el consecuente desconocimiento de los Derechos Humanos para sus opositores.
Por lo menos, y valga aclararlo, en el caso específico de Alexander Haig --quien, como todos saben, fue el Ministro de Estado del presidente Ronald Reagan--, a pesar de que él recomienda un diálogo entre Estados Unidos y Cuba, también advierte que "no debe tomarse una decisión sin contar con la comunidad cubana del exilio", lo cual establece condiciones saludables y, más que nada, lógicas.
Pero el tema de las relaciones, el diálogo y la llamada ayuda humanitaria a Cuba es muy complejo y desconcertante, por lo que a veces es tratado con inexactitudes por periódicos de todas partes.
Recientemente, la Casa Blanca de Washington ha dado un viraje significativo, al autorizar un número mayor de envíos financieros y de provisiones alimenticias y medicinas a Cuba; y yo, particularmente, tuve la oportunidad de reportar una conferencia de prensa del Subsecretario de Estado para asuntos Centroamericanos, del Caribe y de Cuba --Honorable John R. Hamilton--, donde él decía que, de esa manera, "Estados Unidos estaría en mejor posición de mantener su embargo económico" a la Isla , y de crear un clima favorable a la transición democrática, acercándose al pueblo, "sacrificado y sin recursos".
Para los sectores de línea más dura del exilio cubano --y ahora hablo objetivamente como periodista--, la medida se percibió como una distensión de la única arma existente para derrocar a Castro mediante el ahogo económico; mientras que los que piensan de otra manera, recibieron la orden ejecutiva como un gesto humanitario, sin excesivo valor para el dictador, desde el punto de vista estratégico.
"Lo cierto es --dijo una mujer de mediana edad, dentro de una encuesta-- que con Castro todo ha fallado, y que nunca se sabe cómo podrá influir una medida cualquiera en el futuro de Cuba, porque él se las ha valido para mantenerse en el poder, a costa de todo".
Tomándolo así, simplemente, parece una ecuación muy fácil de resolver, pero la problemática que plantea el régimen cubano durante sus cuatro décadas de permanencia, va mucho más lejos, desde que, en sus inicios, un gran aparato propagandístico pintaba su cruzada como la reivindicación del hombre que vivía en condiciones de pobreza... Como si ésto no ocurriera en el mundo entero, porque la riqueza nunca toca a todos equitativamente.
Y para justificar su alianza marxista-leninista a la entonces Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, el régimen de Castro arremetía contra el que había sido hasta entonces el poderoso amigo del Norte, y fusilaba y encarcelaba a todos los que se oponían a su jugarreta; mientras que, de otro lado, se desataba el éxodo irremediable de quienes veían expropiadas sus pertenencias y cercenados sus derechos individuales, con la consecuente pérdida de la libre expresión del pensamiento, que cayó inmediatamente ante la confiscación de los periódicos.
Ahora, cuando se habla de una política suave y conciliadora, ese contingente de hombres y mujeres que sufrieron en carne propia semejante oprobio, no pueden ver con simpatías el propuesto suavizamiento de las sanciones económicas, porque piensan que, aunque el pueblo sufra, ¡Fidel Castro y su régimen se ahogarían sin la ayuda...! ¿ Y cómo conciliar una cosa con la otra, ni mucho menos, olvidarse de todos los horrores pasados, de la noche al día?
Es más, hace alrededor de dos años, a raíz de que Estados Unidos pactara con representantes del régimen de Fidel Castro una serie de acuerdos sobre la llamada emigración, "bajo la premisa de evitar más muertes de balseros por hundimiento en el Estrecho de la Florida ", y para establecer lo que se dio en llamar "una entrada ordenada y segura a Estados Unidos mediante visas humanitarias", la fuerza aérea del régimen cubano, en el colmo de la falta total de piedad y respeto por la vida humana, derribó con dos cohetes de aire a aire, lanzados desde aviones Mig de combate, a dos pequeñas y frágiles avionetas Cessna que volaban en aguas internacionales, propiedad de una organización humanitaria llamada "Hermanos al Rescate", con base en una municipalidad cercana a Miami.
Y yo les pregunto a ustedes --dignos representativos de la prensa internacional que me escuchan--, ¿saben quien estaba en una de esas avionetas ... Estaba Armando Alejandre Jr., hijo de quien me antecediera en el cargo de Decano del Colegio Nacional de Periodistas de Cuba en el Exilio, junto a otros tres jóvenes --ciudadanos americanos por naturalización--, quienes perecieron pulverizados ante los ojos despavoridos de los vacacionistas de un Crucero de placer, que pasaban cerca de la escena.
¿Como se puede olvidar una cosa tan horrenda, y levantar la única medida de desquite moral, alegando cuestiones humanas para un régimen así, que no ha sido capaz de ser consecuente y humano con sus opositores originales, y hoy con sus disidentes?
Señores, el derribo de dos avionetas civiles, de bandera americana, que volaban en aguas internacionales, buscando a balseros perdidos en el mar para salvarlos de una muerte segura, es un hecho muy serio para perdonarlo tan fácilmente, mucho más, para olvidarlo.
O como cuando el remolcador "13 de marzo" fue hundido por unidades navales del régimen castrista, hace algunos años, porque sus tripulantes se escapaban de Cuba en busca de libertad en tierras floridanas, con la consecuente pérdida de vidas: hombres, mujeres y niños, muchos de cuyos cuerpos sin vida, nunca fueron rescatados.
Tenemos que aceptar que vivimos en momentos de turbulencias mundiales tan disímiles, que el desconcierto cunde cuando estos problemas se tratan en un congreso como es éste; y comprender la realidad de que los hechos se distorsionan de acuerdo a intereses individuales o nacionales, o, incluso, a la cándida ignorancia de la mayoría.
Y mientras que la visita del Papa Juan Pablo Segundo a la Isla , a principios del año en curso, sirvió de gran aliento para quienes esperamos el día de ver a Cuba liberada del totalitarismo comunista, no ha habido una manifestación del régimen de La Habana , que haga suponer su virtual regreso a la democracia, a través de elecciones libres.
Sin embargo, el Sumo Pontífice, a quien me refiero con el respeto y la veneración de un católico practicante y de un cristiano devoto, está promoviendo una campaña en favor del levantamiento del embargo contra Cuba, sin que hasta el momento, Cuba haya hecho promesa alguna sobre un posible cambio, como no sea la de que, ninguna acción que la favorezca, comprometerá la filosofía marxista de su régimen, y mucho menos un cambio organizado de poderes, por la vía del sufragio universal.
Es la razón de la sin razón y la soberbia absoluta personificada, pese al derrumbamiento de la Unión Soviética como nación líder de la filosofía marxista; y, todavía más, su posterior establecimiento de relaciones amistosas con Occidente, admitiendo el fracaso de un régimen nefasto, que duró casi 90 años, sin que todavía hoy, el pueblo se haya recuperado.
La visita a Cuba del Papa, Juan Pablo Segundo, no obstante, constituyó una especie de redención para el pueblo cubano, que hasta ese momento no había mirado a ningún otro dirigente que fuera capaz de ofrecerle amor, comprensión y salvación eterna para su alma.
Los conglomerados que siguieron su itinerario, no escondieron su oposición al régimen y sus ansias de redención, que llegaron a suscitar incidentes de protestas expresas, que no trascendieron lo suficiente, fuera del grito de "libertad", que se escuchaba claramente en muchos de estos actos, en las transmisiones televisadas.
No muchos periódicos se hicieron eco tampoco de uno de los documentos más singulares de la historia cubana pos castrista, cuando un grupo de disidentes --que viven dentro de la Isla-- , se jugaron su seguridad personal en la emisión de la llamada declaración " La Patria es de todos", a mediados de 1997.
En ella, la disidencia cubana, en las figuras de cinco personas, le daba una respuesta cabal a todas las interrogantes del momento, y se anticipaba a la declaración del "V Congreso del Partido Comunista", en La Habana , donde se trazaron los derroteros a seguir de la cúpula gubernamental, en los años venideros.
El "Colegio Nacional de Periodistas de Cuba en el Exilio", sin embargo, se apuró a solidarizarse con ese documento, en otra declaración de apoyo, que sólo difundió íntegramente el "Diario Las Américas", de Miami --donde yo trabajo profesionalmente--, periódico que ha sido a través de todo el proceso castrista, el bastión indiscutible del exilio y de la clase periodística cubana en el exterior--, manteniendo orientada a la opinión pública, y desmintiendo cuanta patraña surgiera para subvertir el orden en la América , e imponerle un régimen esclavista, contrario a los ideales de Bolívar, Martí, San Martín y Sucre, entre otros libertadores.
Decía entonces en su pliego el "Colegio Nacional de Periodista de Cuba en el Exilio", que el valiente y audaz documento, redactado con gran madurez política, demostraba hasta donde los cubanos disidentes que viven en la Isla estaban procurando un cambio radical de las instituciones, en franca transición hacia los principios de la democracia y el pluralismo político, con particular énfasis en la libertad individual y el respecto a los derechos humanos.
" La Patria es de todos", como reza el manifiesto --agregábamos--, "no solamente condena las atrocidades del régimen comunista encabezado por Fidel Castro y sus seguidores más cercanos, sino que denuncia certeramente los fracasos de casi cuarenta años de tiranía; la destrucción de la economía nacional, la entrega incondicional a lo que fuera la Unión Soviética , y las maniobras más recientes de un "gobierno de facto" para continuar engañando al pueblo y a cuantos países del Orbe tienen todavía la ingenuidad --o la conveniencia-- de creerlo.
" La Patria es de todos" surgió, pues, al calor de intentos de La Habana por confundir una vez más a la opinión pública del mundo, por cuenta del "V Congreso del Partido Comunista de Cuba", desfigurando la historia --a través de los patrones dialécticos que ha empleado desde el principio--, y ofreciendo recomendaciones mal intencionadas que sólo arrojaban beneficios unilaterales para la cúpula del Partido Comunista.
Obra intelectual y de carácter histórico, que no ha tenido precedentes durante la existencia del castrismo, el documento en sí denotaba a las claras que el pueblo cubano pensante ha llegado al máximo de la tolerancia, y ha perdido el miedo, impelido por la urgente necesidad del cambio hacia una verdadera democracia representativa, que procure la reestructuración económica y el ordenamiento político.
El "Colegio Nacional de Periodistas de la República de Cuba en el Exilio" , fundado en Miami en 1962, como organismo dedicado a agrupar a quienes tuvimos que salir de la isla ante la persecución y la imposibilidad de expresar libremente nuestros puntos de vista e ideales para el país, y, más dramáticamente, por nuestro desacuerdo y condenación de los desafueros y el engaño personal de Fidel Castro --quien subió al poder por las armas amparándose en la promesa de justicia social para todos, para declararse en la primera oportunidad como marxista-leninista y miembro de la internacional comunista--, no pudo menos que solidarizarse entonces con estos cubanos que, en medio del terror, y a costa de perder sus libertades y sus vidas, discreparon públicamente, en defensa del regreso a un régimen de derechos, con libertad de expresión y movimiento para todos los nacidos en la Isla , que viven en ella, o están radicados en el exterior.
Los periodistas cubanos que fuimos formados bajo la filosofía democrática, que concede la libre expresión del pensamiento --lo mismo ayer que hoy--, hemos visto siempre en la censura de Castro y en su millonaria propaganda internacional --en libros y manifiestos publicados en el exterior para desinformar a la América Latina y Europa--, el pecado capital más trascendente, tal como imperó en los regímenes totalitarios de la Unión Soviética , de Hitler y de Mussolini.
En su derogación, pues, iría implícito el desmoronamiento de su tiranía, ni siquiera por acciones bélicas, sino por la fuerza fenomenal que tienen las ideas y las palabras, cuando éstas fluyen sin censura.
Expresábamos igualmente en aquella declaración, que el "Colegio Nacional de Periodistas de la República de Cuba en el Exilio", ha apelado siempre a la opinión pública mundial para que reflexione sobre las verdades incontrovertibles que refleja el documento " La Patria es de Todos", y presione, a nivel de gobierno, de manera de conseguir la libertad de todos los presos políticos cubanos, y el establecimiento de la infraestructura para una transición democrática, a la luz de la entrada de un nuevo milenio, que debe ser para Cuba tan luminoso y próspero como merece, sin seguir excluida de la familia interamericana de naciones.
Los signatarios de "La patria es de todos" dejaron una huella importante en la historia del triste proceso cubano, porque su documento revela el reconocimiento cabal de los logros que gozaba en la época republicana un pueblo que hoy vive cautivo, desarraigado por un sistema nefasto, en contraposición a cuando formaba parte del conglomerado de las naciones iberoamericanas más prósperas.
Hablando en un cónclave periodístico de la magnitud de éste, y, particularmente, rodeado por colegas que, por sus largos años de vida, puedan recordar la mejor época de la Isla caribeña en lo que respecta a su prensa, es ineludible citar que, mientras que el régimen ha gastado fortunas imprimiendo propaganda sobre la llamada Revolución, en todos los idiomas y para todos los países, el único diario que circula hoy en La Haba para información popular es el "Granma", órgano oficial del Partido Comunista; pequeño tabloide de una sola idea, impreso en ocho páginas, con menos material informativo que el más humilde periódico del exilio.
La profesión periodística tenía en la Cuba de ayer una profunda tradición, que comienza con la instauración de la República misma, en 1902, creándose entonces la "Asociación de Reporters", a cuyos esfuerzos los primeros periodistas cubanos lograron sus conquistas y reconocimientos oficiales como una clase pujante, que impulsaba los destinos del país.
Pero la constitución del "Colegio Nacional de Periodistas de Cuba" (CNP), ocurrida el 23 de noviembre de 1943, la subsecuente creación de la "Escuela Profesional de Periodismo Manuel Márquez Sterling" --tanto como el "Instituto de Estudios Superiores de Periodismo, de la Escuela de Ciencias, Sociales", de la Universidad de La Habana , vinieron a consagrar todavía más la pujanza de esta profesión, calificada muy bien como un sacerdocio.
Y, repito, para aquellos que tengan suficiente edad, y vínculos estrechos con la anterior República cubana --a manera de tributo en un día como éste--, algunos nombres que dicen mucho en el panorama periodístico de Hispanoamérica, como fueron los profesores, Lisandro Otero Masdeu, David Aizcorbe --quien era director de la Escuela de Periodismo cuando yo estudiaba--, Isidro A. Medero, Alberto E. Riera Gómez, Ángel Gutiérrez Cordoví, Ramón Cotta Benítez, Guillermo Pérez Lavielle, César Rodríguez Espósito, Santiago Villazón, Joaquín de la Cruz , Eduardo Héctor Alonso --mi admirado profesor de Español, Literatura y Crítica Teatral--, y Miguel Ángel Tamayo, a quien todos en la escuela identificábamos como "el genio de la tipografía y la estética".
Junto a ellos, los consagrados y directores de periódicos, Pepín Rivero Alonso, Sergio Carbó, Julio González Rebull, Luis Botifoll, Ramón Vasconcelos, Guillermo Martínez Márquez y Osvaldo Valdés de la Paz , agregaron gloria a la clase, antes del castrismo.
Cuba, en su corta vida de nación democrática, fue un ejemplo del periodismo continental. En La Habana solamente, inclusive, antes de que se constituyera la República , se fundó el DIARIO DE LA MARINA , y con la entrada del Siglo y la llegada de la independencia, fueron aflorando, uno tras otros, diarios como El Heraldo de Cuba, El Crisol, Avance, Alerta, Información, El Mundo, el binomio "El País" y "Excélsior", y, más recientemente, el Diario Nacional. Paralelamente, el país se llenó de revistas de primera calidad y emisoras de radio de distintos caracteres, con las dos cadenas nacionales C.M.Q. y R.H.C. Cadena Azul.
Y cuando la televisión llegó, por los años de 1950, Cuba estuvo entre los primeros países en poseerla, también con dos cadenas nacionales que ofrecían noticieros muy informativos y completos para los niveles de su época, que venían a complementar los documentales cinematográficos de Manolo Alonso.
Hoy, sin embargo, de eso no queda nada, y las fuentes de información de que cuenta el pueblo cubano, han quedado reducidas al pequeño diario gubernamental a que me refería anteriormente, o a las que --consideradas allí como clandestinas--, entran por "Radio Martí" o por las emisoras de honda corta de Miami. ¿Es triste, verdad...?
Por eso, el "Colegio Nacional de Periodistas de Cuba en el Exilio" tiene que seguir martillando el tema, ante la necesidad de que nuestros colegas libres de este continente comprendan esta situación, y se hagan eco de ella, porque en esta gestión va en juego la posible liberación cubana, y su regreso a la familia de naciones democráticas.
Yo no quiero terminar hoy, sin embargo, sin hablarles un poco de lo que esencialmente nos reúne en este Seminario, que es el intercambio maravillosos entre periodistas profesionales, siempre tan provechoso y reconfortante; y de lo que, a mi manera de ver, debe ser la misión de la prensa moderna, y, mucho más, la preparación de los periodistas jóvenes respecto al futuro.
El periodismo nos plantea grandes retos a todos y cada uno de nosotros. Retos que trascienden ante el auge de la tecnología, lo mismo para el que escribe en inglés, español u otro idioma cualquiera, que para el que reporta mediante una cámara de televisión, o lo hace por un teléfono celular para la radio, que sigue siendo el medio insustituible para quienes manejan largamente un automóvil, o para las amas de casa, mientras que realizan sus menesteres hogareños.
Retos, digo, que cada vez van siendo más significativos y exigentes para los que vivimos en el ejercicio de esta noble profesión; y que demandan para los jóvenes una preparación adicional y más intensiva, para hacerle frente a los cambios que habrán de producirse, como tuvimos que encarar el fenómeno de la computadora.
La televisión, de otro lado --que se ha convertido en un medio fascinante que nos trae la imagen y el sonido, en colores y al momento de producirse, en cualquier parte del mundo, vía satélite--, abre posibilidades insospechadas a corresponsales, redactores, reporteros, columnistas y comentaristas, que en manera alguna deberán menguar el rol social de la prensa escrita. Por el contrario, su interrelación y cooperación mutuas, debe incrementarse sin celo alguno.
Fue la televisión, precisamente, la que abrió una ventana formidable a Cuba --escondida tras una llamada cortina de bagazo durante décadas--, mostrándonos primeramente lo que ocurría allí consuetudinariamente; y luego dejando constancia, como un gran testimonio histórico, de la visita del Papa Juan Pablo Segundo, a principios de este año.
Pero el periodista que narra el quehacer diario debe estar mejor preparado e informado que nunca para enfrentar esta larga carrera a iniciarse con el milenio, que estará sobre nosotros en menos de dos años, no sólo por una cuestión de competencia profesional, sino también de seguridad, en la ineludible precisión de los hechos que se describen, sobre los que cualquier malentendido pudiera encender una hoguera, en un mundo tan complejo.
Eminentemente vocacional, nuestra profesión --y esto deben tenerlo muy presente los que sean víctimas de la desilusion ocasional-- seguirá siendo la mejor manera de vida para el que haya nacido con esa inclinación, en un mundo nuevo, donde las comunicaciones lo deciden todo; mucho más aún para quienes lo hemos estudiado y ejercido durante muchos años.
Pero por más que sean la vocación y los estudios, hay factores que deben prevalecer en el ejercicio del trabajo: la cultura general y la ética, y el más estricto apego a la veracidad, sin que medien intereses espurios ni mucho menos, el sensacionalismo de la prensa amarilla, que en el ámbito de lo gráfico, pudo haber sido la causa del accidente que costó la vida a la Princesa Diana , de Inglaterra, acosada por los llamados "Papparazi", o fotógrafos "free lance", como se alega.
Y por supuesto, teniendo en cuenta que la falibilidad es un fenómeno natural que debemos admitir sin deshumanizarnos ante la noticia, sea política, artística o, sexual,que es algo que se ha puesto muy de moda, como si los seres humanos no tuvieran derecho a la privacidad, independientemente de la posición que ocupen.
En esto de lo falible y lo infalible, recuerdo la anécdota de uno de mis profesores de periodismo, en el sentido de que, en una universidad del norte, se explicaba una clase de historia, cuando, súbitamente, se desarrolló una riña.
Una vez que el incidente pasó, el disertante en cuestión llamó a los que tomaron parte en el altercado y a varios testigos presenciales ... Y cada uno de ellos, hablando en privado con su maestro, ofreció una versión individualmente distinta de cómo habían ocurrido los hechos... ¿Qué mayor prueba de que nadie es infalible?...
El periodismo, pues, sigue siendo la profesión capaz de ofrecernos en nuestro trabajo diario recompensas insospechadas --como cuando un Jefe de Redacción me llamó un día temprano para decirme que me preparara para encontrarme, en una rueda de prensa, con el Presidente de Estados Unidos--, o cuando me ha tocado entrevistar a personalidades de todos los órdenes, incluyendo el ámbito artístico de la música clásica, que ha sido y es la pasión de toda mi vida.
El periodismo, repito, es una profesión capaz de hacernos sentir como en ningún otro lugar de la sociedad, como jueces o como partes, y a veces, como ambas cosas a la vez...¡ No en balde se le ha llamado a través de la historia el Cuarto Poder!... Un poder al que pertenecemos todos, gracias a Dios".
En nombre de los miembros de la Junta de Gobierno del "Colegio Nacional de Periodistas de Cuba en el Exilio", especialmente, de nuestro Secretario Ejecutivo, Arturo "Willy" del Pino --un hombre que a los 92 años de edad, sigue totalmente dedicado a sus funciones--, y en el mío propio, como Decano, le doy las más expresivas gracias a todos ustedes.
A la OAPI y a su Presidente mundial, Dr. Antonio Cacua Prada; a la Universidad Autónoma del Caribe, en Barranquilla y las otras organizaciones filiares, por invitarme a este magnífico acontecimiento. Pero muy particularmente, le agradezco a todos ustedes el haberme escuchado. Buenas tardes.
Luis
Felipe Marsáns, DECANO
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