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Señoras y señores:
Mi nombre es Luis Felipe Marsáns, y quiero darles a todos la más cordial bienvenida en nombre de la Junta de Gobierno del Colegio Nacional de Periodistas de la República de Cuba en el Exilio, de la cual tengo el honor de ser su Decano.
Nos reunimos esta tarde bajo el cielo brillante de Miami para conmemorar una vez más --como hemos venido haciéndolo durante treinta y cinco años-- el día del Periodista Cubano del Exilio, siendo este sábado 25, el más cercano a la fecha real de esa efemérides, establecida el 24 de octubre.
¿Por qué el 24 de octubre?, se preguntarán la mayoría. La respuesta es tan simple como ésto: fue un 24 de octubre, de 1790, cuando se publicó en la Cuba colonial, el primer boletín informativo, bajo el nombre de "Papel Periódico", tal como se llama nuestro medio informativo.
Así, llena de simbolismos, es la historia de nuestra profesión --que más de una vez ha sido calificada de sacerdotal--, como cuando en 1902, coincidente con la instauración de la República de Cuba, se creó la Asociación de Reporters, a cuyos esfuerzos de entonces debieron los periodistas cubanos sus primeros reconocimientos oficiales como una clase pujante, que impulsaba los destinos del país, convirtiéndose en modelo para muchas naciones hispanas del hemisferio.
Pero la constitución del Colegio Nacional de Periodistas de Cuba (CNP), ocurrida el 23 de noviembre de 1943, ante el Ministro del Trabajo, José Suarez Rivas; y la subsecuente creación de la Escuela Profesional de Periodismo Manuel Márquez Sterling, vinieron a consagrar todavía más la profesión como tal, a la par de otros colegios profesionales, como el de los Médicos y el de los Abogados.
Por tanto, para continuar con nuestros simbolismos, creo que debemos mencionar en esta celebración histórica, los nombres de quienes integraban la primera Junta de Gobierno electa del CNP, que trazaron los derroteros a seguir: Lisandro Otero Masdeu, como Decano; David Aizcorbe --quien era director de la Escuela de Periodismo cuando yo estudiaba--, Vicedecano; Isidro A. Medero, Secretario; Alberto E. Riera Gómez, Vicesecretario; Ángel Gutiérrez Cordoví, Tesorero; y Ramón Cotta Benítez, Vicetesorero.
Junto a ellos, estaban los Diputados Guillermo Pérez Lavielle, César Rodríguez Espósito, Santiago Villazón, Joaquín de la Cruz, Eduardo Héctor Alonso --mi admirado profesor de Español, Literatura Española y Crítica Teatral--; Celso Tejeiro Montenegro, y Osvaldo Valdés de la Paz, Exministro de Agricultura y padre de Osvaldo Valdés Fernández, un gran compañero mío en el periodismo radial, pionero y veterano de los noticieros en las principales emisoras hispanas de Miami.
Como salta claramente a la vista, el colegio Nacional de Periodistas de Cuba tiene una larga tradición profesional en la República que perdimos cuando el comunismo nos invadió arteramente conculcando la libertad de prensa y persiguiendo a todos aquellos que siguieron clamando por el derecho a decir la verdad democráticamente.
Por eso, en 1962, surge en Miami el Colegio Nacional de Periodistas de Cuba en el Exilio, fundado por Mario Barrera y un grupo de colegas, para recoger el legado de una noble clase, que escribe la historia de cada día del mundo moderno, en periódicos, o la transmite a través de las ondas radiales y las imágenes televisadas.
El Colegio de Periodistas Cubanos del Exilio ha empuñado la antorcha de sus antepasados, y ha seguido desarrollando su programa de actividades en el exilio, sobre todo, divulgando ante los pueblos hispanos de América la verdad acerca de la dictadura castrista, y el peligro de que sus pueblos cayeran bajo ese yugo, como estuvo a punto de ocurrir en varios países, que lograron librase del peligro --como Nicaragua--, gracias al ejemplo de Cuba y a la labor doctrinal de los periodistas que divulgaran la realidad, escribiendo magníficas columnas y reportajes, como fue el caso --por citar aunque sea uno entre muchos-- del consagrado Guillermo Martínez Marquez.
En el día de hoy, queremos renovar, pues, nuestro compromiso con la libertad de Cuba --patria que vive en nuestros corazones, con sus hermosas palmeras, sus preciosas mujeres y sus fenomenales playas--, y rendirle un tributo de recordación a aquellos que han quedado en el camino, como ocurrió, repentinamente, hace sólo unas semanas, con nuestro Primer Vicedecano, Luis Fernández Caubí, cuyo mensaje en las páginas de opiniones de DIARIO LAS AMÉRICAS era siempre fuente de reflexión lógica y aprendizaje.
Y recordando a los que ocuparon antes que yo este puesto de Decano --lo mismo en la etapa republicana que, particularmente, en la del exilio--, renovemos nuestros votos por que el Colegio Nacional de Periodistas de la República de Cuba siga llenando el rol para el que fue creado, como representativo de una clase de trabajadores intelectuales, que recoge la noticia del día --que será un capítulo de la historia del mañana--, marcando la dinámica del progreso.
Con el orgullo de clase que debe haber en cada uno de nosotros, y el respeto individual entre todos... ¡Gloria a la clase y al Colegio de Periodistas cubanos!, para que cuando nosotros pasemos, como ha de ocurrir cualquier día, la institución se mantenga como tal, símbolo de una Cuba Libre, a la que volverá a pertenecer, cuando su territorio sea realmente libre.
Señoras y señores, volveré a hablarles, más brevemente, en el curso de la entrega de diplomas, pero ahora quiero terminar este mensaje de apertura, pidiéndoles que todos nos pongamos de pie para ofrecerles un minuto de silencio, en homenaje de recordación, a quienes han ocupado este cargo anteriormente, y hoy no pertenecen ya a este mundo, porque están muertos: Fausto Lavilla, Ramiro Boza, Roberto Pérez Fernández y Laurentino Rodríguez... Que descansen en paz...
En nombre de todos los miembros de la Junta de Gobierno, especialmente, de nuestro Secretario Ejecutivo, Willy del Pino --un hombre que a los 90 años sigue totalmente dedicado al Colegio de Periodistas--, y en el mío propio, gracias a todos por venir a compartir con nosotros este día tan especial.
Luis Felipe Marsáns, DECANO
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